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Luis Jaime Orduz Castillo (Bartolo) el Nazareno Mayor, de fe, corazón, fortaleza y especial amor a Dios


ZIPAQUIRÁ.


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Por estas épocas afloran las remembranzas y los sentimientos de muchas personas que han integrado al grupo de Nazarenos (hoy Asociación), que desde hace varios años esperan con mucha fe y ansiedad la Semana Santa para nuevamente, como una promesa, llevar en andas la imagen histórica de su devoción que recuerda una escena importante y trascendental de la pasión de Cristo.

Este es el ejemplo de Luis Jaime Orduz Castillo, (Bartolo), un zipaquireño con gran expresión de fe, tímido, que se emociona como un niño contando las innumerables semanas santas que ha vivido como nazareno en esta Tierra de la Sal, de la cuajada con melao y del caramelito rojo.

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Hoy “Bartolomé”, porque así le pusieron de apodo sus amigos de infancia cuando interpretó una canción titulada bartola en el Teatro Mac Duall, tema musical ranchero que estaba de moda en ese entonces, es el Nazareno mayor, con más experiencia, quien con lágrimas en los ojos mira al pasado y evoca los primeros pasos que tuvieron los nazarenos de Zipaquirá y donde él, muy niño, acompañaba a su padre a las reuniones para organizar y participar de las más vistosas procesiones en la Semana Santa.

En el año de 1955 Luis Jaime junto a otros niños se distraían con las primeras procesiones y de los imponentes desfiles de personas elegantes, de vestido negro, corbata, sombrero en la mano y camisa bien almidonada que llevaban en andas los primeros pasos, muy pesados y que les recordaban el sufrimiento de Jesús en el Calvario. “No se utilizaba todavía el capuchón por parte de los nazarenos”, dice Orduz.

Los niños de entonces con banderitas en la mano acompañaban a sus papás en las procesiones, eso sí con respeto profundo, donde no se podía gritar, correr, silbar o cualquier clase de ruido, porque todo era meditación de la vida, pasión, muerte y resurrección del Señor Jesús. “Escasamente cuando se podía, nos compraban una matraca para alejar al diablo. Eso sí, la hacíamos sonar muy duro para dejarlo bien lejos,” manifiesta el nazareno. Agrega: “hoy, aunque aún hay mucha fe, todo ha cambiado y muchos ya no asisten con la devoción de entonces, pero sin embargo se reviven varios de esos momentos tan lindos y maravillosos que sentíamos en los diferentes momentos religiosos que calaban profundamente en el alma”.

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Recuerda con especial afecto al obispo, Monseñor Tulio Botero Salazar y al párroco de la Catedral Diocesana, Francisco Cortés Ayala, porque es cuando empezaron los Nazarenos por allá en el año 53, y ellos les dieron el apoyo necesario además de incentivar a  los fieles para que participaran y se hicieran padrinos de los pasos.

 

“Luis Jaime junto a otros niños se distraían con las primeras procesiones y de los imponentes desfiles de personas elegantes, de vestido negro, corbata, sombrero en la mano y camisa bien almidonada que llevaban en andas los primeros pasos, muy pesados y que les recordaban el sufrimiento de Jesús en el Calvario”.

 

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“El primer presidente del grupo de nazarenos fue Fidel Cañón, quien falleció en el año 62 ó 63, le sucedió hasta 1.970 Marcos Rojas, y en ese año asumió Jacinto García hasta que falleció. Ahora la presidencia también está en muy buenas manos, las del joven Diego Wagner, quien ha hecho una excelente labor”, asegura ‘Bartolo’.

Fue a partir de los 17 años cumplidos cuando a Orduz Castillo le dieron la misión de cargar uno de los pasos, escogiendo al Santo Cristo Caído, hasta que sus fuerzas se menguaron hace cuatro años y que con mucha nostalgia asumió el papel de acompañante, pero eso sí siempre nazareno, colaborando en todo lo necesario hasta que Dios se lo permita.

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“Recuerdo también que los primeros pasos fueron el Cristo Caído, la dolorosa, el Santo Sepulcro y el Resucitado, yo cargué los pasos siempre sobre mi hombro izquierdo, por tal motivo tengo un musculo muy pronunciado en esta parte; nunca he faltado en Semana Santa a estar aquí, Dios me ha permitido participar de todas las Semanas Santas desde que se crearon los nazarenos. Cuando me tocó estar lejos de Zipaquirá, porque Condisa la empresa eléctrica en que yo trabajaba me trasladaba lejos, para los días santos siempre me permitió regresar a Zipaquirá”, cuenta el Nazareno Mayor y agrega que cuando ingresó oficialmente como nazareno era el afiliado 43: “ha habido muchos nazarenos, pero hoy con satisfacción veo que ingresan 30 más y que ayudarán a llevar tres pasos nuevos, para un total de veinte y además superar también el número de nazarenos que están sobre los 275.

“Hoy con satisfacción siento mucho orgullo y le doy gracias a Dios el haberme dado tanto honor de ser Nazareno y llevar sobre mi hombro izquierdo uno de los pasos, pero aunque ahora no me permiten por salud ser más carguero, ahí siempre estaré acompañando, hasta que mi Dios me lleve a su santa casa”, expresó Bartolo visiblemente emocionado y lleno de satisfacción.

 

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“Escasamente cuando se podía, nos compraban una matraca para alejar al diablo; eso sí, la hacíamos sonar muy duro para dejarlo bien lejos,” manifiesta el nazareno.

 

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