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Falleció José Miguel ‘El Chato’ Rey

A la edad de 95 años en la ciudad de Zipaquirá falleció José Miguel Rey García, conocido entre sus familiares y amigos como ‘El Chato Rey’.

Se hizo músico desde que era un niño con la ayuda de artistas de su pueblo de origen: Chocontá. Desde pequeño estuvo atraído por la música, que junto a sus amigos (también músicos) no gozaban de formación académica, pero se esforzaban estudiando entre ellos de manera empírica con el que más sabía. Aprendió viendo, escuchando y tocando de oído.

Fotografía Jorge Talero, Maestro José Miguel, segundo de derecha a izquierda con la trompeta en la mano

Rey García, a quien le decían cariñosamente “El Chato”, empieza a estudiar junto a Pedro Castro quien murió siendo musico de la Sinfónica Nacional y a su vez director de la Sinfónica de Anapoima; y de Guillermo Escobedo (quien aún vive). El primer instrumento que toco con la Banda de Chocontá fue el bombo para posteriormente interpretar la trompeta.

Más adelante, toma clases con sus compañeros que habían sido alumnos de un nuevo profesor que había llegado al pueblo; ellos le enseñaron algunas escalas y aprendió a leer, interpretar e inclusive a hacer arreglos musicales, oyendo e imitando.

Fotografía Jorge Talero, Maestro José Miguel, segundo de derecha a izquierda con la trompeta en la mano

Debido a la violencia entre liberales y conservadores en 1949, emigra a Zipaquirá, cuando tenía 22 años, mientras que sus amigos Pedro Castro y Escobedo se trasladaron a Bogotá, quienes al encontrarse con él y al ver su difícil situación le ofrecieron una vacante para trabajar como musico.

Banda sinfónica de Zipaquirá, dirigida por el maestro Guillermo Quevedo Zornoza.

Posteriormente y gracias a sus destrezas musicales, el director la Banda Sinfónica De Zipaquirá, Guillermo Quevedo Zornoza, (musico, escritor, pintor y también liberal), quien conoció la difícil situación e historia de su copartidario José Miguel Rey, le generó una especial amistad y le brindó la oportunidad de estudiar. Chato rigurosamente ensayaba a diario, aprendiéndose escalas de manera extraordinaria. Pasó algo más de un mes practicando hasta que tuvo un nuevo encuentro con el maestro; fue hasta su casa y se presentó allí, él se sorprendió por la forma tan rápida que había aprendido, entonces le pidió sus datos y lo envió a la alcaldía para contratarlo y para que hiciera parte de la Sinfónica de este municipio.

La Sinfónica de Zipaquirá se acabó el 31 de diciembre de 1976, es decir Chato trabajó por 27 años en la banda, pasaron muchos años, y al morir el maestro Quevedo llegó otro director, luego otro y por último nombrando director de la banda Hernando Castañeda donde José Miguel quedó como músico mayor (subdirector).

Luego de que se acabó la banda empezó a trabajar amenizando matrimonios, bautizos, primeras comuniones, cumpleaños, entierros, brindando su talento y de algunos de sus compañeros músicos. Perteneció a una Orquesta de Cámara en Zipaquirá conformada por Néstor Talero en el Violín, Hernando Cuellar en la flauta, Abrahán Clavijo en la guitarra, Armando Espinel en el saxofón, y el “Chato Rey” con la trompeta, quienes trabajaban juntos día, tarde y noche. Tiempo después Rey se dedicó a organizar su propia orquesta tropical a la que la llamó: “La Flor del Ritmo”. En ella incluyó a su hijo Arturo quien dio sus primeros pasos en la música tocando las congas y haciendo los coros.

Fotografía Sigifredo Tinjacá, una de las retretas del antiguo Parque Municipal de Zipaquirá

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El Chato Rey fue un excelente musico, muy leal a su maestro Quevedo Zornoza y a su música clásica. Cuando fue clausurada la Banda Sinfónica de Zipaquirá, le ofrecieron trabajar en la Sinfónica de la Policía Nacional, a lo cual no aceptó. Tenía un carácter muy fuerte, su hijo Arturo lo acompañó en la Sinfónica de Zipaquirá siendo el primer zipaquireño de nacimiento en pertenecer a ella.

Años después Rey García se dedicó a hacer arreglos de bandas babaras, él tomaba un sonido, le ponía armonía, los bajos, la percusión y la orquestaba solo. También se dedicó al mariachi con el cual hacia sus propios arreglos como de costumbre. Chato tenía un dicho que fue su eslogan de presentación: “La música no me deja a mí, yo no la dejo a ella”. Trabajó hasta sus 85 años; su historia como musico es incomparable así como su talento ya que nadie se asemejaba a su sonido particular en la trompeta, donde críticos la consideraban la mejor de Colombia. Pudo haber llegado más lejos, pero no era una persona muy ambiciosa, solo amaba lo que hacía.

Realizaba arreglos musicales de oído completamente, escuchaba una nota y podía diferenciar perfectamente cual era, nunca le puso un valor económico merecido a las cosas que hacía, por encima de intereses económicos estaba su afición y amor por la música.

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Le daban una melodía y podía convertirla en lo que quisiera, hasta un silbido en un pop, o en balada, ranchera, en vals, o en lo que le pidieran y ahí es donde nace el verdadero musico. Transcribía y creaba todo lo que quisiera con gran habilidad.

En varias ocasiones le hicieron homenajes a los cuales nunca fue, no le gustaba el reconocimiento. De hecho, en el museo hay una foto de la Sinfónica de Zipaquirá donde está él, lo invitaron y no asistió, era muy firme con sus creencias y no le gustaban los políticos ya que consideraba que por ellos fue acabada la banda.

Asistía todos los domingos a la retreta, que era un pequeño concierto que daba la Sinfónica a la salida de misa los domingos sobre las 12:30 en el atrio de la plaza o parque de Los Comuneros como hoy es conocida. También hacían las interpretaciones musicales alrededor de una escultura al Libertador Simón Bolívar y en una media luna se hacia la sinfónica y daba el concierto, de aproximadamente hora y media.

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El salón de ensayo estaba ubicado en la carrera 10 entre calles 4 y 5. El Chato Rey también tenía una bandita ‘chiquita’ para tocar bambucos pasillos, porros, pasodobles con especiales arreglos que él hacía. Junto con otros músicos y con algunos de sus hijos organizaba la utilería y armaba una banda de 12 o 15 integrantes para interpretar especialmente pasodobles.

Fotografía de Maestro Talero, En la foto el Maestro José Miguel Jugando tejo

Dado su éxito en esta faceta musical, llego a tocar en las corridas de toros, no podía faltar ya que en el toreo él hacía los solos (tercios) y era todo un éxito, estuvo en casi todas las corridas (de 1.000 aproximadamente, estuvo tocando en 900).

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El Chato tuvo siete hijos: Consuelo, Arturo, Aura, José Miguel, Fernando, Miguel Ángel e Iván, y vivía con su esposa Luz Amparo Peña Villamizar.

Es indudable el talento que tenía, pero lamentablemente el día de ayer 2 de junio falleció a la edad de 95 años dejando un gran legado artístico impecable; fue un gran hombre que dio toda su vida por la música, fue humilde, leal a sí mismo y a quienes lo ayudaron. Mucha gente no conoce su historia, la cual es de gran impacto y aunque en Zipaquirá ya no existe la Banda, si existen aún jóvenes que aman la música, Miguel Rey es un gran ejemplo para seguir, ya que logró aprender solo viendo, oyendo, repitiendo y poco a poco convertirse en lo que fue, un musico excepcional. Paz en la tumba de este gran artista: El Chato Rey.

Las exequias son mañana sábado 4 de junio a la 1:00 de la tarde en Iglesia de la Catedral Diocesana de Zipaquirá. Es velado en el Complejo Funerario Parque Cementerio Zipaquirá.

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El Chato Rey también tenía una bandita ‘chiquita’ para tocar bambucos pasillos, porros, pasodobles con especiales arreglos que él hacía.

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