claudia rodriguez
Opinión

Tres años de los acuerdos de paz, transitando entre el miedo, las mentiras y la esperanza.

 

El pasado 29 de agosto Iván Márquez anunció a través de un video el rearme de algunos integrantes de las FARC, exactamente dijo: «Una nueva modalidad operativa conocerá el Estado. Solo responderemos a la ofensiva. No vamos a seguir matándonos entre hermanos de clase para que una oligarquía descarada continúe manipulando nuestro destino». Pero en términos de Paz, responder a la ofensiva es matar, es dañar y es volver a la guerra.

 

La trascendencia de estas declaraciones fractura nuevamente al país, en realidad solo intensifica las grietas que ya tenía los Acuerdos de Paz con la llegada del nuevo Gobierno. Es que no podemos pensar que Colombia asumiría también el proceso de reincorporar de lo exintegrantes de las FARC- EP en la vida civil, con la sencillez con que como ciudadanos asumimos los acuerdos. No solo se trata de los que están en la “Derecha” y los que están en la “Izquierda”, va más allá de una postura política, esto era una tarea de todos los colombianos, pero nos hicimos los de la vista gorda, como siempre, los de memoria selectiva.

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A lo largo de la construcción y ejecución del Acuerdo de Paz, la negativa de algunos partidos ha sido clara, como la del Centro Democrático, y talvez ellos sientan el aliento de esa voz que dice: “se los dije”, a una patria que no necesita reproches sino soluciones. Para nuestro apreciado senador Álvaro Uribe Vélez, los Acuerdos de Paz eran acuerdos de impunidad; y al parecer la hipocresía tiene “rabo de paja”, puesto que, aunque por momentos los colombianos suframos de amnesia selectiva, según un reporte de la Dirección Nacional de la Fiscalía sobre Derechos humanos del 2010, entre 2004 al 2007 (periodo de presidencia de Álvaro Uribe Vélez) nuestro país vivió un total de 3.830 asesinatos llamados “falsos positivos” atribuidos a militares, la Fiscalía General de la Nación aún investiga actualmente más de 3.000 presuntos casos y a más de 800 miembros del Ejército. Eso no podría hablarnos de un mandato lleno de acuerdos de impunidad. Como dirían las mamás, “somos muy caras duras” para seguir creyendo y aguantando tanto.

 

 Antanas Mockus siendo senador electo, dijo una frase muy acertada: “Esta es la Paz que se construye sobre lo deconstruido” y es que no se trata de culpar ni a los mandatarios que dejaron sus cargos, ni al de turno. Merecemos una reflexión con algo más de introspección: ¿Por qué fracasamos en ese camino a la Paz? No solo nos ha destruido los más de 50 años de conflicto, también una cultura facilista, individualista, sin posturas políticas, ni sociales y muy pero muy adoctrinadas. Estamos a la espera constante de que los Gobiernos solucionen nuestras vidas, pero vivimos al margen de la corrupción y la destrucción en nuestro día a día; no queremos más muertes, pero si un vecino nos hace un reclamo no dudamos en atacarlo, si nos multan por exceso de velocidad, una platica por soborno a nadie le cae mal. Es un juego de doble moral donde se nos están quedando lideres sociales asesinados, niñas y niños violados, torturados y muertos, entre otros tantos desconsuelos.

 

Pero en este lamentable panorama de desdicha, algo me consuela y me da esperanza: las declaraciones de Rodrigo Londoño, Alias Timochenko donde afirma que, «es una noticia desafortunada, pero se acaba esa ambigüedad de no saber ellos en qué estaban. A los compañeros se les acabó la voluntad de seguirle apostando a la paz, pero nosotros seguimos en el proceso. Los caminos ya están definidos». Pensar que como el líder del partido Farc, Alias “Timochenko”, dice, en esas personas que aunque tan solo  sean uno, dos, tres, o como reportó la Agencia para la Reincorporación y la Normalización (ARN),  hay al menos 3.220 personas viviendo en los Espacios Territoriales de Capacitación y Reincorporación, dispuestos tras los acuerdos de  la Habana; valió toda la pena esos acuerdos de “impunidad”, porque muchos de ellos encontraron la mejor salida de una vida de la que talvez nunca quisieron ser parte, muchos de ellos hoy se rencuentran con sus familias y lo que es más importante con sus sueños.

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Luego de tres años de la firma de los Acuerdo de Paz, no se puede pensar en los disidentes que hoy  disfrazan su actos vandálicos bajo el discurso de la rebelión y resistencia, o en  ese sector de derecha que se pasa los días infundiendo miedo a través de  esos sermones de odio, que solo intentan tapar esa olla podrida de corrupción en la que están inmersos y que solo la guerra la encumbre; que todas esas mujeres y hombres que ahora son libres no merecían la oportunidad, porque aunque sean pocos “o” muchos, sus vidas deberían ser la principal estadística de éxito de nuestros Acuerdos de Paz

 

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No solo nos ha destruido los más de 50 años de conflicto, también una cultura facilista, individualista, sin posturas políticas, ni sociales y muy pero muy adoctrinadas.

Extrategia Medios
Equipo de redacción de Extrategia Medios

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