Opinión

¿Qué es ganar mucho?

Por. Octavio Quintero

Periodista “El Satélite”.


“Cuando peyoramos una actividad, todo lo que le circunde nos parece que sobra. Así, en este escenario, para los que detestan per se la política, cualquier cosa que gane un parlamentario le parece un desperdicio”.

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Todo es relativo, la eterna disyuntiva de Einstein puede ayudarnos a comprender el inmenso rechazo social que provocó la noticia del incremento en el sueldo de los parlamentarios. 

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Lo primero que debemos poner en consideración de la consecuencia es la pésima imagen que al cabo de los últimos años hemos ido acumulando en torno a la política y su fruto más preciado: la carrera parlamentaria. Cuando peyoramos una actividad, todo lo que le circunde nos parece que sobra. Así, en este escenario, para los que detestan per se la política, cualquier cosa que gane un parlamentario le parece un desperdicio.

Otro parámetro para relativizar lo que se paga por algo es lo que recibe como contraprestación. Concomitante con el primer punto (la aversión a la política), los mismos parlamentarios, en general todos porque los que no, son la excepción, se han encargado de encarecer su salario en relación con lo poco que hacen. Y lo poco que hacen generalmente también está contaminado de desidia y corrupción.

Un tercer punto es la inmensa brecha de ingresos que separan al 1% del 99 por ciento de los colombianos. Claro que resulta mucho un salario de 28 millones de pesos para un montón de gente que apenas gana un salario mínimo… Eso es como 60 veces más, para no maltratarnos la cabeza con cuentas exactas. 

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Y un cuarto punto, muy odioso por cierto, es que siempre el gobierno escatime, hasta más no poder, el ingreso de los asalariados, peleando junto a los empresarios el más bajo salario mínimo posible, en tanto que procura para los de arriba los mejores sueldos, las mejores prestaciones, las más amplias gabelas posibles; al fin y al cabo, son de su misma calaña.

Los correctivos a esta distorsión parecen fáciles, al menos en la teoría: 

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1) Hay que reivindicar la política como el arte de gobernar a los pueblos, caída en estos aciagos años de neoliberalismo en escandalosa explotación laboral.

2) Los parlamentarios tienen un código laboral que no se les aplica. Se les puede descontar de la nómica el valor pertinente a las sesiones a las que deja de asistir sin justa causa; y pueden hasta perder la curul por ausentismo. Levante la mano quien sepa de un proceso de perdida de curul, siquiera uno, emprendido contra algún parlamentario por ausentismo…

3) Es perentorio cerrar la brecha de ingresos en Colombia, una de las más pronunciadas del mundo según el Índice Gini. No debiera existir, al menos en el sector público, una diferencia mayor de 1 a 20, por ejemplo, en el ingreso de los trabajadores. Si el salario mínimo en Colombia es de 700.000 pesos, el mayor salario en el sector público no debiera sobrepasar los 14 millones de pesos.

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4) Y esto nos trae aquí: ¿Qué es necesario pagar buenos salarios en el sector público para poder tener buenos parlamentarios; buenos funcionarios? Entonces paguemos más también a los trabajadores, para poder tener buena mano de obra. 

Ni siquiera hay que expedir una sola ley, y menos reformar la constitución, para aplicar estos correctivos… Tal vez con un poco de reglamentación a base de resoluciones y decretos, porque la ley y la constitución ya contemplan estas materias… Lo que pasa es que, como he venido diciendo, Colombia es un país de una excelente Constitución y muchas leyes, pero de poca autoridad.

 

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¿Qué es necesario pagar buenos salarios en el sector público para poder tener buenos parlamentarios; buenos funcionarios? Entonces paguemos más también a los trabajadores, para poder tener buena mano de obra.

 


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