Felipe Duran
Opinión

Colombia es más que Santos, Uribe y las FARC

Felipe Durán

Politólogo


 

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No decidí nacer en este país, es apenas lógico que no es una decisión posible, pero agradezco haberlo hecho, porque con el pasar de los años lo descubro y redescubro y me gusta cada vez más.

 

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Una sierra nevada en el corazón de una playa, un pulmón amazónico que oxigena a un planeta que se muere de contaminación, un ecosistema, una comida y una cultura diferente cada 50 kilómetros que recorres, una riqueza benevolente y diversa, eso es Colombia

Duele ver toda esta riqueza de país malgastada por décadas de gobernantes que no han hecho bien su tarea y han permitido que este gran territorio que compartimos no sea un espacio de vida y desarrollo sino un escenario de violencia permanente. Sufrimos 9 guerras civiles en el siglo XIX, la mitad del siglo XX en conflicto armado: entre liberales y conservadores, contra las guerrillas, con los paramilitares, sumado a lo que llevamos de guerra en estos primeros años del siglo XXI. Y al mirar para atrás, al vernos hoy, nos damos cuenta de cómo hemos perdido tanto tiempo y no hemos resuelto los problemas de fondo que nos han llevado a ser un país de violencias recurrentes. ¿A qué nos ha llevado la guerra? seguimos siendo un país de débil desarrollo, la perpetuación de la violencia no ha logrado nada, sorprende como hemos malgastado a Colombia.

Cada vez que se quiere superar la violencia aparecen entre las sombras personajes que claman por un recrudecimiento de la misma, por nuevas patrias bobas, como si un incendio se pudiera apagar con gasolina. Al contrario, lo que debemos preguntarnos es que mantiene vivas esas llamas, de que se alimentan, no solo ahora, sino desde siempre, porque no se han apagado, y cuando se revisa nuestra historia no es difícil llegar a la conclusión que la exclusión de ciertos sectores sociales y la incapacidad de ciertos sectores políticos de vivir con quienes piensan y se expresan diferente han sido el combustible de nuestra violencia

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“Nuestra generación no es culpable de esta historia de violencia, no queremos heredar el círculo vicioso de la guerra, tampoco ser los culpables que continúe, debemos tener la valentía de superar ese pasado”.

 

Planearon la nación excluyendo a los afros, indígenas y campesinos, y hoy evidenciamos la pobreza del Pacífico, el deterioro ambiental nunca visto en civilizaciones indígenas y el campo colombiano en un atraso tal que se volvió el escenario perfecto para la guerra, donde se posibilitan las economías ilegales y se reclutan las nuevas generaciones que no ven futuro más allá de las armas. En nuestro ciclo de violencia, los conservadores mataron liberales, los liberales mataron conservadores, después los liberales y conservadores hicieron la paz y se empezó a matar comunistas o todo el que estuviera por fuera de esos partidos, luego llegó el narcotráfico e hizo de todas las debilidades y precariedades del Estado su principal fuerza.

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Es hora de hacer un alto y una reflexión sensata. Apoyar la negociación para el fin del conflicto con las FARC no es apoyar a Santos, él es un político más de una de las pocas familias que siempre han gobernado a Colombia y que como sus antecesores pocos cambios de fondo ha logrado. La Paz no es un regalo para él que seguramente al terminar su mandato seguirá disfrutando de su apellido en una nación donde pesa el abolengo, sino para los del común que queremos seguir viviendo acá. Tampoco comer cuento a Uribe que jugando con nuestros miedos y odios quiere que corramos hacia él como un gran salvador y que por supuesto no lo olvidemos en las elecciones. “Impunidad” grita el expresidente con su coro de discípulos sin contar que en su gobierno amnistió a 18.000 paramilitares, no se inmutó con el asesinato de 5.000 inocentes (falsos positivos) que disfrazaron de guerrilleros, ni que utilizaron los organismos de inteligencia del Estado (DAS) para perseguir periodistas, políticos de oposición y defensores de derechos humanos.

Nuestra generación no es culpable de esta historia de violencia, no queremos heredar el círculo vicioso de la guerra, tampoco ser los culpables que continúe, debemos tener la valentía de superar ese pasado. Queremos poder disfrutar este bello país con todas sus posibilidades y potencialidades, deseamos aportar para fortalecer sus debilidades, poder crecer respetando a los que piensan y sienten diferente, resolver las diferencias pacíficamente, orgullosos además del suelo que pisamos. Un SI a la PAZ no es la solución mágica a todos los problemas, pero es la posibilidad de buscar nuevos rumbos, nuevos retos y sepultar viejas violencias.

 

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