Colombia tiene apenas 14 profesionales de enfermería por cada 10.000 habitantes, una cifra que no alcanza la mitad de los 23 recomendados por organismos internacionales de salud. Esta brecha se traduce en retrasos en procedimientos, agotamiento del personal activo, mayor riesgo de errores clínicos y una capacidad de respuesta limitada frente al envejecimiento de la población y las crisis sanitarias. Así lo advierten investigadores y docentes de la Facultad de Enfermería de la Universidad Nacional de Colombia (UNAL), en el marco de la conmemoración del Día Internacional de la Enfermería.
La situación es visible incluso en Bogotá, la ciudad con mayor concentración de infraestructura hospitalaria del país. Según cifras de la Alcaldía Mayor, la capital cuenta con más de 14.000 profesionales de enfermería vinculados a instituciones públicas y privadas, pero la demanda continúa superando la oferta disponible en un sistema presionado por enfermedades crónicas, atención especializada y necesidades de cuidado permanente.
¿Qué consecuencias tiene el déficit de enfermeras en el sistema de salud colombiano?
La escasez de personal de enfermería no se limita a tener menos manos en los pasillos de un hospital. Sus efectos se extienden al conjunto del sistema: los profesionales disponibles absorben cargas de trabajo que superan los límites recomendados, lo que incrementa el agotamiento físico y emocional, eleva el riesgo de errores clínicos y debilita la capacidad institucional para atender emergencias o responder al crecimiento sostenido de la demanda por enfermedades crónicas.
A esto se suma el envejecimiento progresivo de la población colombiana, que exige cada vez más servicios de cuidado permanente y atención especializada, precisamente las áreas donde la escasez de personal es más sensible.
¿Qué está haciendo la Universidad Nacional para enfrentar esta crisis?
Ante ese panorama, la UNAL gradúa entre 60 y 100 enfermeros por año en sus dos semestres académicos, y entre 2019 y 2025 formó a 225 personas en posgrados de Enfermería, entre maestrías de profundización, maestrías de investigación y doctorado. Esos trabajos se han enfocado en cuidado de poblaciones vulnerables, salud materna, infancia, adolescencia, discapacidad y enfermedades crónicas.
«La Facultad de Enfermería realiza un aporte fundamental al país mediante programas de alta calidad, que no solo potencian las competencias para el cuidado y la práctica profesional, sino que también promueven la formación de investigadores, líderes y decisores capaces de incidir en el desarrollo científico, académico y sanitario nacional e internacional», señala Luisa Fernanda Moscoso, coordinadora de posgrados de la Facultad.
¿Qué tan avanzada es la investigación en enfermería en Colombia?
La Facultad de Enfermería de la UNAL cuenta con 16 grupos de investigación activos, de los cuales 7 están clasificados en categoría A, el nivel más alto otorgado por el Ministerio de Ciencias, Tecnología e Innovación. Estos grupos desarrollan investigaciones en salud mental, cuidado materno perinatal y salud cardiorrespiratoria, entre otras áreas.
En materia de formación doctoral, entre 2007 y 2026 la UNAL graduó a 73 personas del Doctorado en Enfermería, uno de los tres únicos programas de ese nivel que existen en el país. La Universidad de Antioquia y la Universidad de La Sabana son las otras dos instituciones que lo ofrecen.
«No solo es importante el número de egresados, sino también el conocimiento que producen desde los grupos de investigación», precisa la profesora Virginia Inés Soto.
¿Cuál ha sido el reconocimiento histórico de la enfermería como profesión en Colombia?
La Facultad de Enfermería de la UNAL tiene sus raíces en 1920, cuando se creó la Escuela de Comadronas y Enfermeras, en una época en que las mujeres no tenían derecho al voto. Su formalización en la década de 1950 abrió espacios de formación y liderazgo femenino en el ámbito científico y sanitario del país, en un contexto donde el rol de la mujer se circunscribía al hogar.
En 2013, el Congreso de la República otorgó a la Facultad la Orden Civil en reconocimiento a su trayectoria y al impacto de sus egresados en el sistema de salud. No obstante, el reto del reconocimiento profesional persiste. «Debe existir un mayor reconocimiento de nuestra autonomía, porque nosotras, como profesionales, tenemos claridad sobre los procedimientos que requieren algunos pacientes para que haya una mayor efectividad en los tratamientos», señala Yanira Astrid Rodríguez, docente encargada del Área de Enfermería en el Hospital Universitario Nacional de Colombia.
Esta brecha se traduce en retrasos en procedimientos, agotamiento del personal activo, mayor riesgo de errores clínicos y una capacidad de respuesta limitada frente al envejecimiento de la población y las crisis sanitarias.













