El planeta podría entrar en los próximos meses en uno de los episodios de El Niño más intensos de las últimas décadas, un fenómeno climático que ya mantiene bajo alerta a organismos meteorológicos internacionales debido a sus posibles efectos sobre temperaturas extremas, sequías, huracanes, lluvias irregulares y crisis ambientales en distintos continentes.
Las más recientes proyecciones del Centro de Predicción Climática (CPC) muestran un aumento acelerado de las probabilidades de consolidación del fenómeno, luego de detectarse un importante incremento de temperaturas en el océano Pacífico ecuatorial. Según el reporte, la temperatura media oceánica se encuentra apenas por debajo del umbral de 0,5 grados Celsius, límite que define oficialmente el inicio de un episodio de El Niño.
La actualización representa un cambio sustancial frente a los pronósticos anteriores, que hasta hace pocas semanas mantenían un escenario de neutralidad climática, sin presencia de El Niño ni de La Niña, al menos hasta junio. Ahora, los científicos consideran altamente probable que el fenómeno continúe fortaleciéndose durante el verano y el otoño boreal, con una probabilidad cercana al 96 % de mantenerse activo incluso durante el invierno.
El enorme reservorio de agua cálida preocupa a la comunidad científica
Uno de los factores que más inquieta a los especialistas es la gigantesca masa de agua cálida acumulada bajo la superficie del Pacífico ecuatorial central y oriental. Los expertos advierten que ese reservorio térmico comenzará a emerger gradualmente, alimentando y reforzando el fenómeno climático durante los próximos meses.
Aunque el CPC aclara que todavía existe incertidumbre sobre la intensidad máxima que alcanzará El Niño, las probabilidades de que se configure un “Súper El Niño” aumentaron de forma considerable. Las estimaciones más recientes elevan ese escenario de aproximadamente un 25 % a cerca de un 33 % entre noviembre y enero.
Michelle L’Heureux, científica encargada del monitoreo de El Niño y La Niña en el CPC, explicó que la evolución del fenómeno dependerá del comportamiento simultáneo de la atmósfera y el océano. Entre las señales que podrían potenciar el evento aparecen el debilitamiento de los vientos cerca del ecuador y el aumento sostenido de las temperaturas oceánicas.
Modelos climáticos advierten sobre uno de los eventos más intensos registrados
Diversos modelos meteorológicos considerados entre los más confiables del mundo proyectan que el episodio de este año podría ubicarse entre los más fuertes desde mediados del siglo XX. De confirmarse, sería el primer Súper El Niño desde el evento de 2015-2016, catalogado entre los más severos desde que la Administración Nacional Oceánica y Atmosférica de Estados Unidos (NOAA) comenzó sus registros en 1950.
Otros episodios comparables ocurrieron en 1997-1998, 1982-1983 y 1972-1973, períodos asociados con alteraciones climáticas extremas, pérdidas agrícolas, sequías prolongadas, inundaciones y emergencias ambientales en distintas regiones del planeta.
Los especialistas coinciden en que incluso si el fenómeno no alcanza la categoría de “súper”, sus efectos podrían sentirse con fuerza en numerosos países debido a la alteración de los patrones atmosféricos globales.
El Niño podría impulsar nuevos récords de calor en la Tierra
Uno de los escenarios que genera mayor preocupación es el posible aumento de las temperaturas globales. Científicos advierten que la combinación entre el calentamiento global y un episodio intenso de El Niño podría llevar a que 2026 o 2027 se conviertan en los años más cálidos registrados desde que existen mediciones modernas.
La NOAA ya considera altamente probable que el año actual termine ubicado entre los cinco más calurosos jamás registrados, incluso antes de incorporar completamente el impacto adicional asociado al fenómeno climático.
El antecedente más reciente, el evento de 2015-2016, dejó severas sequías en el Caribe y múltiples alteraciones atmosféricas a nivel global, aunque algunos efectos previstos por los modelos climáticos no terminaron desarrollándose exactamente como se esperaba.
Huracanes, sequías y lluvias extremas: los posibles impactos de El Niño
Entre los efectos más relevantes aparece la alteración de la temporada de huracanes. Los episodios intensos de El Niño suelen reducir la formación de tormentas tropicales y ciclones en el Caribe y el Atlántico tropical debido a condiciones atmosféricas menos favorables para su desarrollo. Sin embargo, el comportamiento cambia en el Pacífico central y oriental, donde normalmente aumenta la actividad ciclónica y crecen los riesgos para zonas como Hawái y el suroeste de Estados Unidos.
Durante el invierno boreal, El Niño suele favorecer temperaturas más altas de lo normal en el norte de Estados Unidos, Canadá occidental y Alaska. Mientras tanto, el sur estadounidense tiende a experimentar condiciones más húmedas y frescas debido al fortalecimiento de la corriente en chorro, responsable del desplazamiento de tormentas hacia esa región.
Asia, África y el Caribe también podrían sufrir fuertes alteraciones climáticas
Los efectos del fenómeno también podrían sentirse con intensidad en Asia, África y el Caribe. En verano boreal, las lluvias monzónicas suelen debilitarse en India y el sudeste asiático, mientras que las condiciones de sequía aumentan en varias regiones caribeñas.
En distintos sectores del sur y el este de Asia son frecuentes los inviernos más cálidos y secos durante eventos intensos de El Niño. Además, científicos advierten que el sureste de África podría enfrentar un agravamiento de las sequías durante el verano austral, especialmente entre diciembre y febrero.
La evolución del fenómeno mantiene en máxima atención a organismos climáticos, gobiernos y agencias ambientales de numerosos países ante posibles impactos sobre la agricultura, el abastecimiento de agua, la producción energética, la seguridad alimentaria y la ocurrencia de fenómenos meteorológicos extremos en amplias regiones del planeta.
El Niño amenaza con disparar el calor global y alterar el clima extremo en varias regiones del planeta
El fenómeno podría alterar temporadas de huracanes, intensificar sequías y modificar patrones de lluvia en distintos continentes.











