Francisco Leon
Opinión

Pandemia: la paradoja de un planeta recuperándose, en una crisis civilizatoria

 

fjleonq@unal.edu.co

 

Este momento tan complejo para la humanidad, paradójicamente, es un momento de respiro para la naturaleza que reclama su hegemonía y deja al descubierto la fragilidad e incluso lo prescindible de nuestra existencia.

 

Algún cantautor declamó: “… todo es tan perfecto, porque perfecto es Dios, que se muere alguna estrella, cuando arranco una flor¨; lo cual para algunos, además de romántico, puede parecer ridículo. Pero lo que nos está sucediendo por estos días, es evidencia suficiente, de que el planeta no conoce de fronteras geográficas, ni diferencias económicas, políticas o raciales; es solo uno, es la casa común, como se ha definido incluso desde lo religioso; pero más allá de eso, ecológicamente, lo que ocurre en un lugar, repercute en otro.

 

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Desde hace unos días, los medios de comunicación de todo el mundo nos han mostrado escenas impactantes de lugares turísticos icónicos que parecen como nuevos: las playas mediterráneas y las aguas de los canales de Venecia, sin duda lucen mejor sin la presencia de los turistas. Así mismo, curiosas escenas en las que se dejan ver animales silvestres que tímidamente asoman en las urbes, los maravillosos conciertos que constituyen el cantar de las aves acompañan los amaneceres, e incluso reportes de la Agencia Espacial Europea en las que las imágenes satelitales muestran el descenso de la concentración de gases de efecto de invernadero, anuncian que algo ha cambiado.

 

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Colombia no es ajeno a esta situación: durante las últimas semanas, luego de rígidas medidas que buscaban la mejora en la calidad del aire, y que incluyeron restricciones a la movilidad vehicular en ciudades como Bogotá y Medellín, ayudada por condiciones meteorológicas y fenómenos climáticos como la lluvia y el cambio en la dirección del viento, se reportó una disminución de la contaminación sin precedentes. Las concentraciones de dióxidos de carbono, azufre y nitrógeno, otros gases de efecto de invernadero y material particulado (PM), derivadas de las actividades antrópicas, mostraron un descenso significativo.

 

Las condiciones atmosféricas que predominaban antes del confinamiento al que nos obligó la pandemia estaban condicionadas, además, por las actividades industriales y el arrastre del viento sobre el humo proveniente de incendios forestales de otras regiones distantes del país, entre otros.

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Las redes de monitoreo de calidad del aire en estas ciudades empezaron a reportar condiciones alentadoras, no solo respecto al material particulado, sino también respecto a los decibeles: unidad de medida del ruido. El impacto positivo de la cuarentena sobre las condiciones ambientales es innegable, así como lo es el daño del ser humano y su manera de proceder sobre el planeta, pues no solo ha mejorado la calidad del aire, sino la calidad del agua y el paisaje, que también es un bien natural.

 

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Sin duda alguna, las condiciones que hoy por hoy nos ofrece la naturaleza, son el escenario propicio para un momento de reflexión, que procure un cambio en los hábitos de consumo, y en el concepto mismo de desarrollo basado en el extractivismo, que nos permita la posibilidad de subsistir más tiempo en esta tierra como civilización; partiendo precisamente de esta crisis civilizatoria que no es nueva, pero que por las condiciones por todos conocidas, ha logrado ponerse en discusión o por lo menos a la vista de muchos.

 

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También lo es para reconocer la necesidad del funcionamiento articulado entre países: de manera cercana, ya se ha visto el caso de Cúcuta, donde los olores generados por las quemas de basura desde Venezuela han hecho insoportable y nauseabundo el día a día para la comunidad, y es un claro ejemplo de la urgencia de dirimir incluso diferencias políticas para solucionar problemas ambientales. Poco de pensar global y actuar local; tanto en la solidaridad transnacional como en la ejecución de políticas de atención a los más vulnerables, nos hemos quedado cortos. Localmente, también estamos lejos de ser exitosos.

 

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Este momento tan complejo para la humanidad, paradójicamente, es un momento de respiro para la naturaleza, que reclama su hegemonía y deja al descubierto la fragilidad e incluso lo prescindible de nuestra existencia: la falacia antropocentrista de creer que somos los dominadores del mundo y no entender que el ser humano es solo una habitante de la tierra, que comparte territorio con innumerables, complejas y más fuertes formas de vida. En el mejor de los casos, podría decirse que es un administrador, aunque se haya comportado como un saqueador.

 

Esta pandemia parece una rebelión que emana de la tierra, que no tiene ni siquiera que hacer ruido para exigir su espacio: se defiende de manera silenciosa; aunque en nuestro país se haya manifestado de manera extra, incluso con temblores. La capacidad de resiliencia de la naturaleza deja ver el poderío de un sistema complejo con eones de existencia, que contrasta con el pequeño temporal geológico que significa nuestro paso por el planeta.

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Lo inconcebible es que existan aún hoy, después de todo esto, líderes políticos en todas las escalas, que se niegan a ceder ante al aviso de la naturaleza, con autoritarismo y ego incontenible; pero más grave que eso, es sin duda la manera insensible en que permanece la peor de nuestras enfermedades: la corrupción. En nuestro país en particular, no es plausible que en medio de una de las mayores etapas de hambre y angustia de la historia, lejos de acciones que propendan por el bienestar colectivo, afloren con gallardía los más despreciables actos de individualismo y desprecio por el necesitado. La crisis civilizatoria también es ética.

 

“Si alguna forma de vida inteligente exógena ha podido ver desde afuera de este mundo, antes y después de la cuarentena a la que nos ha obligado la pandemia, podría creer que el Homo sapiens sapiens, es un patógeno, un causante de enfermedad, del cual el planeta trata de recuperarse”.

 

Esta pandemia parece una rebelión que emana de la tierra, que no tiene ni siquiera que hacer ruido para exigir su espacio.

Extrategia Medios
Equipo de redacción de Extrategia Medios

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