Las alarmas y otros demonios
Opinión

Las alarmas y otros demonios

David Ricardo Baracaldo Vélez

Abogado

 

“En suma, todo es alarma que desestabiliza hasta el más cuerdo y casi que por reacción, no sobran las ganas de meterse como cuando niños, debajo de la cama y de allí no salir hasta que el miedo y peligro hayan pasado”.

 

Al escribir estas líneas no hay pretensión distinta que en dialogo con mi propia conciencia en momentos de la dura e inimaginada realidad que impuso en todo el orbe el covid 19.

 

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El momento es el propicio porque desde el aislamiento voluntario y luego en el obligatorio (a mitad de camino) hay el suficiente tiempo para el análisis de la realidad que es alimentada por la información de todos los medios. Aquí la primera alarma, si nos atenemos a las noticias de la televisión, otras de la radio, las muchas de las redes sociales e incluso, los medios escritos como periódicos y revistas, se acaba la poca tranquilidad que se puede tener en el pequeño especio vital que atañe el confinamiento.

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Se escucha de todo, por ejemplo, que la epidemia es una estrategia política y económica de la tercera guerra mundial, que ha ganado china sin el disparo de un tiro. No, lo que sucede es el cumplimiento de las profecías de Nostradamus o la del profeta Malaquías. No, que es la profecía del Papa Juan XXIII; otros más afirman, que esta pandemia corresponde al tercer secreto de la revelación de los pastores de Fátima. Otros sin reato alguno culpan de lo divino y humano al presidente de la República, para otros, la culpa y gran responsabilidad es de Álvaro Uribe y la Ley Cien, por lo que hay que derogarla; para otros tantos, consecuencia de lo anterior, consideran culpable a Iván Cepeda, las FARC disidente y la del Partido Político y tampoco sale bien librado el expresidente Santos.

 

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Además, se escuchan y ven los médicos y psicólogos con sus apreciaciones y conceptos respetables obviamente y también contradictorios, verbigracia, el uso de tapabocas y guantes. Tampoco faltan los remedios caseros, la formula y vacuna (en menos de un mes) contra el virus y tantas y otras muchas fórmulas adicionales distintas a lo único probado hasta ahora, que es el aislamiento o debido encierro y si no es cierto, basta observar como prueba lo acontecido y dramáticamente observado en España, Italia, Brasil y Norteamérica. En suma, todo es alarma que desestabiliza hasta el más cuerdo y casi que por reacción, no sobran las ganas de meterse como cuando niños, debajo de la cama y de allí no salir hasta que el miedo y peligro hayan pasado.

 

La grave situación y los medios han hecho también evidente en los niveles nacionales y regionales, antes que la prevención y atención urgente y seria que la pandemia requiere, la oportunidad para algunos dirigentes y líderes políticos ( funcionarios, parlamentarios, diputados, gobernadores, alcaldes y hasta concejales) el magno momento para satisfacer su ego y vanidad personal, como si servir al prójimo, los más necesitados en momentos de desgracia y penuria como es el  actual se constituya en el escalón o “trampolín” en la carrera vertiginosa por hacerse notar y/o  proseguir en la afanosa búsqueda del poder a costa de una sociedad, hoy más que nunca adolorida y polarizada.

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La Sociedad Civil justamente presa de su propio desequilibrio,  con prioridad en el consumo donde predomina la iniquidad e injusticia social y donde cada día, predomina la subcultura mafiosa, sí porque es mafioso el ganar dinero fácil sin trabajar y más grave aún, cuando los ciudadanos con tal mentalidad pasan por las páginas del Código Penal en los delitos contra el patrimonio económico de las otras personas y otros, peor aún, en calidad de servidores públicos campean por el patrimonio público y lo peor, con absoluta impunidad y ahí sí, nadie dice nada. Por ejemplo, me pregunto, cuándo los partidos políticos todos, los grupos llamémoslos insurgentes, para no decir FARC, ELN, etc. han hablado de la redistribución del ingreso o los límites para la concentración de la riqueza, nunca y ahí está el fondo del asunto.

 

Nadie puede vanagloriarse por cumplir con sus deberes constitucionales y legales,   ante una sociedad asustada ante los hechos, cuya disyuntiva es la vida o la muerte, menos aún, mostrar en los puestos de dirección del Estado, falta de coherencia y coordinación; no hay lugar ni tiempo para ello, cada uno en un estado social de derecho del cual nuestra dirigencia de derecha, izquierda o centro se ufanan como sus autores en la constitución de 1991, tienen sus competencias regladas y por lo mismo, los ciudadanos como quien escribe en la soledad y tranquilidad de la reflexión y del pensamiento,  tenemos el derecho a exigirles a nuestros gobernantes el debido y correcto cumplimiento de sus funciones, sin usurpar las competencias de otros, igual o mayor jerarquía, antes que ese otro demonio que es la vanidad.

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La pandemia deja muchas otras consideraciones y reflexiones, pero por respeto al amable lector, quiero concluir que no es el Apocalipsis; ha quedado absolutamente demostrado que lo esencial es el ser humano, el ser social, con el orden del universo y, por tanto, absoluto respeto y cuidado al medio ambiente.

 

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La urgencia de una Reforma de Política para que vuelva y coloque al ciudadano con sus derechos, deberes y obligaciones en el centro y eje de su actuar y desde luego, la revisión en el país y el mundo, los sistemas de salud para que estén sin premuras al servicio de toda la sociedad sin distingos. Esos son los otros demonios que debemos combatir o extirpar con la fuerza de la propia conciencia social. Entre tanto, por todos quedemos en casa. 

                                  

“Ha quedado absolutamente demostrado que lo esencial es el ser humano, el ser social, con el orden del universo y, por tanto, absoluto respeto y cuidado al medio ambiente”.

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