Investigación de la UNAL revela que la hipertensión y la diabetes tienen raíces en la infancia y la gestación

Una tesis de maestría en Enfermería de la Universidad Nacional de Colombia analizó las historias de vida de nueve pacientes cardiometabólicos y encontró que factores como el estrés crónico, la violencia temprana, la desigualdad económica y los hábitos alimentarios forjados desde la niñez inciden en el desarrollo de estas enfermedades décadas después.

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Más de seis millones de colombianos viven con hipertensión arterial y cerca de tres millones con diabetes tipo 2, según cifras de la Cuenta de Alto Costo con corte a diciembre de 2024. Detrás de esas cifras hay historias personales que, según una investigación adelantada en la Universidad Nacional de Colombia (UNAL), comienzan a escribirse mucho antes del primer diagnóstico médico: en la infancia, en el vientre materno y en las condiciones sociales y económicas en que cada persona creció.

La investigación fue desarrollada por Mariluz Romero, magíster en Enfermería de la UNAL, quien tomó como punto de partida su experiencia directa con pacientes en unidades de cuidado intensivo. Su trabajo de tesis se centró en nueve personas —seis mujeres y tres hombres, de entre 36 y 75 años— vinculadas a la ruta cardiovascular de Unisalud, la IPS de esa universidad. Los participantes provenían de regiones como Santander, Huila, Boyacá, el Eje Cafetero y Bogotá, y convivían con hipertensión, diabetes tipo 2 o ambas condiciones simultáneamente.

¿Qué encontró la investigación sobre los hábitos alimentarios y la enfermedad?

Uno de los hallazgos centrales del estudio apuntó a la alimentación. Varios participantes crecieron en hogares con acceso limitado a alimentos nutritivos, donde predominaban las dietas ricas en carbohidratos, almidones, embutidos y productos ultraprocesados. Según Romero, esos patrones no respondieron a elecciones individuales, sino a las posibilidades económicas de cada familia y a las costumbres culturales de cada región. La investigadora subraya que las desigualdades sociales también moldean la salud cardiovascular, dado que la alimentación se construyó, en muchos casos, con base en lo disponible y en lo que el presupuesto familiar permitía.

En materia de actividad física, la mayoría de los participantes se mantuvieron activos durante la infancia y la juventud a través del juego y las labores cotidianas. Sin embargo, ese dinamismo se redujo en la adultez por factores como jornadas laborales extensas, falta de tiempo, cansancio acumulado y problemas de salud. Mientras algunos intentaban sostener rutinas con caminatas o ejercicios desde el celular, otros enfrentaban barreras físicas y emocionales que dificultaban mantener esos hábitos de forma constante.

¿Cómo influye el estrés vivido en la infancia en el desarrollo de enfermedades crónicas?

El estrés resultó ser uno de los ejes más reveladores del estudio. Romero identificó en los relatos de los participantes experiencias de violencia física, abandono familiar, intentos de abuso sexual y trabajo infantil desde edades tempranas. De acuerdo con la investigadora, este tipo de situaciones pueden mantener activo el sistema de alarma del organismo durante años, favoreciendo procesos inflamatorios que se asocian con el desarrollo de enfermedades crónicas. En los casos analizados, esas vivencias dejaron sentimientos duraderos de tristeza, rabia y frustración que permanecieron en el tiempo.

Algunos participantes relataron haber tenido que trabajar desde niños para contribuir al sustento familiar, mientras otros describieron secuelas emocionales derivadas del abandono parental o de conflictos al interior del hogar. Estas circunstancias, acumuladas a lo largo de la vida, habrían incidido de manera silenciosa en la salud cardiometabólica de estas personas.

¿Qué papel juega el embarazo en el riesgo futuro de hipertensión y diabetes?

La investigación también identificó la gestación como una etapa de especial vulnerabilidad. Dos de las participantes recibieron diagnósticos relacionados con hipertensión o diabetes durante el embarazo, y en sus relatos aparecieron episodios de ansiedad, cambios emocionales significativos y depresión posparto. Según Romero, las condiciones presentes en esa etapa no solo afectan a la madre: también influirían en el riesgo del hijo de desarrollar hipertensión, diabetes u otras alteraciones metabólicas en etapas posteriores de su vida.

Uno de los datos que más llamó la atención de la investigadora fue que ninguno de los nueve participantes presentaba obesidad, lo que desmiente la asociación automática entre exceso de peso y estas enfermedades. «Una persona delgada también puede desarrollar hipertensión o diabetes», enfatizó Romero, evidenciando que los factores de riesgo van mucho más allá del peso corporal.

¿Qué propone esta investigación para prevenir estas enfermedades en Colombia?

El principal aporte del trabajo, según su autora, es trasladar el foco desde el tratamiento hacia la prevención. Romero propone que conocer la historia de vida de cada paciente permite diseñar intervenciones más específicas según la etapa vital en que se encuentre. En su criterio, abordar estas enfermedades requiere acompañamiento en nutrición, actividad física y salud mental desde etapas tempranas, incluso antes de que aparezcan los primeros síntomas. Las recomendaciones, aclara, aplican tanto para quienes ya tienen un diagnóstico como para quienes están en riesgo o aún no presentan señales de alerta.

Detrás de esas cifras hay historias personales que, según una investigación adelantada en la UNAL, comienzan a escribirse mucho antes del primer diagnóstico médico