Expansión urbana en Bogotá y Cundinamarca podría sumar 37 mil hectáreas: Chía y Zipaquirá, en el foco del crecimiento

Un estudio de la Región Metropolitana advierte que el crecimiento urbano en Bogotá y 35 municipios podría extenderse sobre suelo rural y ambientalmente protegido, con Zipaquirá y Chía dentro de los corredores clave.

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La expansión urbana en Bogotá y su entorno inmediato no da tregua. Un estudio de la Región Metropolitana Bogotá – Cundinamarca advierte que, de mantenerse las tendencias actuales, la huella urbana podría crecer en más de 37 mil hectáreas hacia 2050, una cifra que pone en tensión el equilibrio entre desarrollo, sostenibilidad y ordenamiento territorial.

El análisis, que revisa el comportamiento entre 1997 y 2024, evidencia un crecimiento sostenido, en su mayoría destinado a uso residencial. Sin embargo, no se trata solo de cantidad: la forma en que se ha expandido la ciudad (dispersa, de baja densidad y con presencia en zonas de riesgo) abre interrogantes sobre la capacidad institucional para contener y planificar ese avance.

El informe identifica varios frentes críticos. Uno de ellos es la ocupación de suelo no planificado, que alcanza cerca del 17,6 % en zonas como Bogotá y Soacha, incluyendo áreas con riesgo de deslizamiento o condiciones inadecuadas para vivienda.

A esto se suma que un 12 % del crecimiento se ha dado en territorios con restricciones ambientales, lo que ha impactado ecosistemas estratégicos y reducido la disponibilidad de zonas verdes. Hoy, por cada 100 mil habitantes, apenas hay 18 hectáreas destinadas a este fin, un indicador que evidencia rezago frente a estándares urbanos.

¿Qué municipios lideran la expansión urbana en la Sabana Norte de Bogotá?

El crecimiento no ocurre de manera aislada. El estudio identifica corredores o “vectores” de expansión que articulan a Bogotá con municipios cercanos. En ese mapa, Zipaquirá y Chía aparecen como parte de los nodos relevantes en la dinámica regional.

Zipaquirá, por ejemplo, se ubica dentro del corredor Bogotá–Zipaquirá, con un crecimiento impulsado principalmente por vivienda dirigida a sectores medios y bajos. Las proyecciones indican que continuará ampliando su huella urbana en los próximos años; que concentra el 18,8 % del crecimiento total. Allí predomina el uso residencial (74 %), con fuerte presencia de vivienda unifamiliar rural y desarrollos dirigidos a estratos medios y bajos.

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Chía, por su parte, se consolida como un municipio estratégico dentro de los corredores del norte, con alta presión sobre suelo suburbano y rural, y una creciente actividad productiva y de servicios. Su cercanía con la capital la mantiene como punto de atracción para nuevos desarrollos, aunque dentro de una lógica compartida con otros municipios de la Sabana Centro.

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¿Cómo influye la infraestructura en este crecimiento?

Las grandes obras de movilidad, como el Metro de Bogotá y el Regiotram, aparecen como factores determinantes en la reorganización del territorio. El informe recomienda concentrar el desarrollo urbano alrededor de estos proyectos para evitar una expansión desordenada.

Municipios como Facatativá, Madrid, Funza, Mosquera, Soacha, Fusagasugá, además de Zipaquirá y Chía, están llamados a absorber parte de ese crecimiento, siempre que exista una adecuada oferta de servicios y conectividad.

¿Qué riesgos enfrenta la región si no se controla la expansión?

El documento advierte que, sin una planificación más estricta, la expansión urbana podría ocupar áreas rurales clave, comprometiendo no solo la producción agrícola, sino también la sostenibilidad ambiental.

Uno de los puntos más sensibles es el acceso al agua. Tras las dificultades recientes del sistema Chingaza, se insiste en la necesidad de proteger zonas de recarga hídrica y avanzar en proyectos como la Planta de Tratamiento de Aguas Residuales (PTAR) Canoas.

También se plantea la urgencia de relocalizar viviendas en zonas de alto riesgo y mejorar las condiciones de habitabilidad en sectores ya consolidados.

La huella urbana podría crecer en más de 37 mil hectáreas hacia 2050, una cifra que pone en tensión el equilibrio entre desarrollo, sostenibilidad y ordenamiento territorial.