Sergio Garcia
Opinión

El retoque ministerial “Del ahoga’o el sobrero”

Octavio Quintero

Periodista-El Satélite.

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El exsenador (Camilo Sánchez), muy activo dirigente cundinamarqués, podría representarle al departamento su cuarto de hora en este último tramo del gobierno Santos, intercediendo en las buenas relaciones que debieran tener Cundinamarca-Bogotá, frecuentemente agarrados de las mechas como Caín y Abel, sin que uno pudiera establecer con precisión cuál es el bueno y cuál el malo”.

 

El presidente Santos acaba de hacer un retoque ministerial sin sustancia. Es como para terminar, sin pena ni gloria, un gobierno en dos tiempos que termina con más pena que gloria. Pero como dice el docto vulgo, del ahogado el sombrero, al menos en lo que toca con nuestros intereses de ciudadanos de Cundinamarca y vecinos de Bogotá, la flamante capital colombiana.

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El veterano dirigente liberal, Camilo Sánchez, vuelve a la palestra pública como nuevo alto consejero presidencial para las regiones.

El exsenador, muy activo dirigente cundinamarqués, podría representarle al departamento su cuarto de hora en este último tramo del gobierno Santos, intercediendo en las buenas relaciones que debieran tener Cundinamarca-Bogotá, frecuentemente agarrados de las mechas como Caín y Abel, sin que uno pudiera establecer con precisión cuál es el bueno y cuál el malo.

Ahí se especula, por ejemplo, que buena parte de los problemas que ahora enfrenta el gobernador Rey con la Fiscalía, se debe a supuestas intrigas de senadores de Cambio Radical que no le perdonan haberse quedado con un cargo que ellos trabajaron para Nancy Patricia Gutiérrez.

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Pero, bueno, volviendo a Sánchez, se le escuchó decirle a los medios de comunicación que uno de sus propósitos será tender puentes entre las dos administraciones a ver si, por fin, se sacan adelante obras tan importantes en común a Bogotá y Cundinamarca como la tantas veces mencionada y nunca concluida ALO (Avenida Longitudinal de Occidente) o el desembotellamiento cotidiano de Soacha que hace detestar y renunciar a salir o entrar a Bogotá, sin contar los múltiples accidentes de tránsito que a diario se presentan en ese infernal trayecto.

Es lo que sufrimos quienes nos movilizamos regularmente hacia poblaciones como Fusagasugá, Melgar, Girardot e intermedias, como dicen los transportadores intermunicipales… Pero, en general, salir o entrar a Bogotá por cualquiera de los puntos cardinales, es una pesadilla: hacia el norte, los tapones que se forman después de Cota, Chía o Sopó, son de locura; hacia el occidente, superar el paso por Mosquera, Madrid, Facatativá, es una proeza y hacia el oriente, a la salida al Llano, cuando se llega al túnel del Boquerón, le parece a uno tocar el cielo después de superar los pasos de la Boyacá, Doña Juana y Usme.

Ni le metamos a este comentario el asunto de las malas vías, como por ejemplo esa doble calzada a Girardot con que nos tumbaron los Nule, porque no acabamos. Y ojalá que no se vaya a terminar el nuevo cuarto de hora que se le ofrece a Sánchez, y seguir en las mismas…

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Por lo demás, el reajuste del gabinete del presidente Santos y de algunos de sus más cercanos colaboradores no ofrece esperanzas de cambios sustanciales en un gobierno que termina sin mayor imagen pública y capeando una polarización política que, crudo será decirlo, pero se asemeja a la de Venezuela, de la que tanto se ocupan nuestros medios de comunicación, ocultando quizás, nuestra propia biga en el ojo.

A la Cartera de Obras vuelve el exministro Germán Cardona que ya pasó por ahí sin fu ni fa; al Ministerio de Vivienda, llega otro barranquillero de la cuerda de los Char y Cambio Radical y sale, otra barranquillera de la cuerda de los Char y Cambio Radical que además tuvo la osadía de casarse a lo narco con un sindicado de narco y seguir en el puesto: ésta es Colombia, decía el poeta Fernando González en su Viaje a Pie.

Del ministerio de Industria y turismo sale una muy buena amiga de Santos y llega María Lorena, otra muy buena amiga de Santos, y pare de contar.

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Queda la intriga del Ministerio de Agricultura del que sale Iragorri, de la U, y es pretendido por el Partido Conservador, y ese es el dilema: si se lo quita a la U, se enojará su propio partido que, además, ahora lo puso a empujar candidato presidencial de otro partido; y si no se lo da a los conservadores, se le desbarata la coalición que piensa armar para enfrentar las elecciones del 2018 con posibilidades de triunfo sobre el uribismo.

Esa carta es fundamental, y tal vez por eso, lo que ha hecho ahora es un retoque epidérmico sin mayor trascendencia.

“Ahí se especula, por ejemplo, que buena parte de los problemas que ahora enfrenta el gobernador Rey con la Fiscalía, se debe a supuestas intrigas de senadores de Cambio Radical que no le perdonan haberse quedado con un cargo que ellos trabajaron para Nancy Patricia Gutiérrez”.

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