Chía corre por Yeseida Carrillo: la historia que está tocando miles de corazones y moviliza a toda una región

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Yeseida Carrillo. Foto/Comité Olímpico Colombiano.
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Hay historias que no llegan a un podio, pero terminan moviendo el corazón de todo un pueblo y de quienes sienten la solidaridad que sale del alma, de lo más profundo y que conmueve.

No tienen medallas ni cámaras esperando en la meta. No hay cronómetros ni jueces que certifiquen el esfuerzo. Lo que hay es otra forma de resistencia: la que se sostiene en silencio, la que se escribe con memoria, la que convoca a una comunidad a no mirar hacia otro lado.

En Chía y en toda esta región cundinamarquesa, ese impulso tiene nombre propio. No aparece en un listado de resultados ni en una tabla de posiciones. Aparece en las conversaciones, en los gestos solidarios, en la urgencia de acompañar. Es Yeseida Carrillo, la marchista que durante años encarnó disciplina y carácter, y que hoy enfrenta una condición médica que le cambió el ritmo a la vida, pero no la determinación de quienes han decidido caminar a su lado.

El día en que todo cambió

El 8 de abril de 2024 no fue un día cualquiera.

Fue el instante en que el cuerpo de una atleta entrenada para resistir dejó de responder como siempre lo había hecho. Fue el momento en que el ritmo se rompió.

Yeseida, nacida el 22 de octubre de 1993, había construido su vida sobre la disciplina. Sobre el paso constante. Sobre la repetición silenciosa de kilómetros que no se ven, pero que forman campeonas.

Campeona suramericana. Récord nacional Sub-23. Olímpica en Río 2016 y más… mucho más.

Su historia estaba escrita en el esfuerzo.

Hasta que el cuerpo dijo basta.

Una encefalopatía hipóxico-isquémica, derivada de un evento de muerte súbita, la dejó en estado de mínima conciencia. Un término clínico que intenta explicar lo que la familia vive de otra manera: la presencia sin respuesta, la cercanía sin diálogo, la espera sin certezas.

El lenguaje de los mínimos

Desde entonces, la vida se mide distinto.

Ya no hay marcas personales. Hay parpadeos que no llegan.

No hay podios. Hay noches en las que dormir mejor se convierte en noticia.

No hay entrenamientos. Hay terapias, máquinas, medicamentos.

“Durante el día se muestra más atenta”, dice su hermano, Álvaro.

Y en esa frase cabe todo.

Cabe la esperanza. Cabe la interpretación. Cabe la necesidad de creer que, de alguna manera, Yeseida sigue caminando.

Porque en estos estados, explican, el cuerpo no obedece. El movimiento deja de ser voluntad. Lo que antes era automático —parpadear, reaccionar, mirar— se convierte en una frontera lejana.

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Pero, aun así, sus allegados insisten.

No en negar la realidad, sino en sostenerla.

La ciencia y la fe, caminando juntas

En la búsqueda de respuestas, su familia tocó puertas y tocó corazones. Y encontró un camino posible en un tratamiento liderado por el doctor Carlos Canencio, desde Biomédica Group.

No hay promesas.

Hay intentos.

Hay un plan dividido en fases: medicación, estimulación eléctrica, terapias físicas, acompañamiento constante.

“Ya iniciamos el tratamiento y la idea es sostenerlo hasta donde sea posible”, dice Esneyder Parra, su pareja.

Sostener.

Esa es la palabra.

Sostener el proceso. Sostener la vida. Sostener la esperanza.

La primera fase busca algo que suena casi poético dentro de la medicina: propiciar una reconexión neuronal.

Como si el cerebro, en algún momento, pudiera reencontrar el camino.

Como si el cuerpo recordara.

Como cuando la marchista, paso a paso, con esfuerzo, dedicación y fe avanzaba a la meta para lograr la mejor medalla.

Una ciudad y una región que decide no quedarse quieta

Pero esta historia no se queda en una habitación.

Sale a la calle.

Se convierte en convocatoria.

El próximo 10 de mayo, Chía no será solo un municipio: será una pista abierta para la solidaridad.

Una carrera. Sí.

Pero también un gesto colectivo.

Una forma de decir: aquí estamos.

Tres kilómetros para caminar, trotar, acompañar.

Seis kilómetros para quienes aún corren con el cuerpo.

Miles de personas que, sin conocerla de cerca, reconocen algo en su historia.

Porque todos entienden lo que significa luchar cuando no hay garantías.

Porque todos, en algún momento, han necesitado que alguien más no se rinda.

Correr por alguien que no puede hacerlo

El costo del tratamiento supera los 2.300.000 pesos mensuales, sin contar medicamentos.

Pero reducir esta historia a cifras sería quedarse corto.

Aquí lo que se mueve no es solo dinero.

Es voluntad.

Es memoria.

Es gratitud.

Es comunidad.

Cada inscripción, cada paso, cada publicación compartida es una forma de sostener a Yeseida en una carrera donde ella no puede avanzar sola.

El eco de una frase

Durante años, Yeseida repitió una idea que guiaba su disciplina:

“Un paso a la vez, un kilómetro a la vez”.

Era una forma de resistir.

De avanzar sin mirar la distancia completa.

Hoy, esa frase regresa.

Pero ya no es solo suya.

Ahora les pertenece a todos.

A quienes correrán.

A quienes donarán.

A quienes oran en silencio.

A quienes esperan.

Porque hay carreras que no se ganan cruzando una meta.

Se sostienen.

Se acompañan.

Se resisten.

Y en esa resistencia, Yeseida no está sola.

¡Un paso a la vez!

Un kilómetro de esperanza.

Cómo inscribirse

La inscripción cuesta 60.000 pesos, incluye medalla conmemorativa inspirada en el espíritu de Yeseida y está disponible a través de la Liga de Atletismo de Cundinamarca.

En el siguiente link encuentre más información y cómo inscribirse: https://www.liatlecun.com/corremosporti

Aun sin correr, todos pueden hacer parte de esta causa: asistir, compartir la iniciativa o aportar desde sus empresas y emprendimientos.

La historia de la marchista está generando un mensaje que trasciende el deporte y conecta con miles de personas.