Varados en el placer
Opinión

Varados en el placer

 

Mauricio Riveros Barbosa

Docente Tics, conferencista motivacional.

 

Al trabajar metas a largo plazo y olvidar las recompensas inmediatas estará trabajando directamente en su futuro y el nuestro, porque cuando salgamos de esta cuarentena usted será alguien aún más valioso para todos.

 

En las últimas semanas de caos de pandemia pudimos ver varios cruceros varados en el mar o en algún puerto donde no permitieron descender ni siquiera a la tripulación por miedo al contagio. Y razón no les faltaba – algunas de esas gigantescas naves transportaban ¡hasta tres mil personas! – lo que en términos prácticos equivale a todo un barrio o conjunto residencial, en este caso ciudades flotantes de la diversión y el entretenimiento.

 

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Fue poco lo que pudimos ver del interior de estos barcos, de su vida en aislamiento, pero los testimonios que surgieron nos permitieron proyectar la realidad: soledad, abandono, estrés, aburrimiento, desespero, incertidumbre, miedo y quejas – muchas quejas.

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La paradoja del divertimento

 

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Los cruceros son verdaderos emporios de la diversión. Cinco, ocho o más pisos. Piscinas con olas, golfito, billar, petanca, salones pletóricos de actividad: dance, zumba, aeróbicos, spinning, video juegos, televisión internacional, wifi, cocina internacional, habitaciones lujosas, sauna, jacuzzi, barra libre y la lista continúa…

 

Pero cuando se hizo presente el enemigo invisible, la muerte en forma de virus, todo dejó de ser diversión. Los humanos resultamos ser frágiles en momentos así. ¿Será por naturaleza? Hasta hace unas semanas nuestra vida era la definición de lo cotidiano. Ahora, encerrados en cuarentena añoramos la visita a un restaurante o un café, tal vez encontrarnos con unos amigos o incluso con la odiosa vecina. Por supuesto que el encierro nos afecta, pero ¿hasta dónde es algo normal y cuál es el límite de ese «normal»?

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Somos más de tres mil millones de personas ¿todos nos sentimos igual? ¿Lo resolvemos de igual forma? Definitivamente no. De hecho, los latinos somos dados al desorden, la falta de disciplina y de credibilidad en la autoridad. Y eso complica las cosas.

 

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Nuestro crucero personal

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Así como nos venden un lujoso (y costoso) crucero – «disfrute ahora y pague después», así ha sido nuestra vida hasta ahora, y no me refiero solo a las deudas, de hecho, quiero orientar su mirada hacia el placer.

 

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Esas personas nunca se imaginaron que su costoso viaje de placer terminaría en muerte, desolación y miedo, mucho miedo. Usted tampoco se imaginaba ahí encerrado, tal vez enfermo – y con miedo, mucho miedo. Le mintieron, porque a usted le dijeron que ese teléfono celular le solucionaría muchas cosas, pero basta con que haya un corte de luz y usted – todo un homo sapiens – entra en pánico cuando la batería se agota y no puede salir a buscar un enchufe. Le mintieron cuando le dijeron que esa comida rápida era suficiente para calmar su hambre y ahora está ahí echado ganando más kilos – si no lo mata el virus, lo va a matar el sobrepeso. Le mintieron con cada cosa que le iba a dar placer, pero ahora pasa horas aburrido con consolas de vídeo juegos, televisores, cientos de canales, el computador, internet y la cuarentena se hace eterna. Ahí va, tras haber pagado una fortuna por diversión, aburrido, desesperado, deprimido, ansioso ¡y amenazado de muerte! ¿Por qué nos sentimos así de agobiados si hace unos días no éramos así?

 

No es el encierro, realmente. Es la recompensa inmediata. ¿Ha visto a los perros en entrenamiento? Hacen un truco, les dan una pepita de concentrado, otro truco, otra pepita, lo vuelve a hacer – dos pepitas, y así lo van llevando poco a poco a un circo, o a un campo minado, engañado con «pedacitos de felicidad», y aquí estamos – rodeados del enemigo invisible que nos va a matar. Un bebé cuando tiene hambre llora y llora, no hace más, grita si es necesario, pero no se va a detener hasta saciar su hambre. Ni el niño, ni el perro piensan en el futuro. Solo quieren saciar una necesidad inmediata. El niño por inmaduro, el perro por instinto. ¿Y usted?

 

Si estamos varados con un crucero, es porque algo salió mal. Nuestra sociedad es hedonista y si no tenemos una gratificación inmediata nos enojamos y con arrogancia desechamos todo. No sabemos estar aburridos – ni lo disfrutamos, aunque suene raro. ¿Cuánto tiempo puede pasar sin revisar el celular? ¿Va a un cumpleaños o un concierto y se la pasa tomando fotos en lugar de disfrutar simplemente estar ahí? ¿Pone la televisión y al tiempo revisa el celular? ¿No cocina porque prefiere lo rápido? En este encierro tendrá que trabajar todo eso, porque se trata de las pepitas de concentrado – «pedacitos de felicidad» – que no le alimentan, solo le entretienen, le distraen de la realidad. Un virus le amenaza de muerte a usted y a su familia, usted se acaba de dar cuenta en la cuarentena, como si el perro lograra conciencia de dónde está cuando se encuentra en medio de un campo minado. Lo peor sería salir corriendo – en ambos casos.

 

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Venciendo la tentación

 

Proyectarse

 

El perro no ve el tema de las pepitas a largo plazo – he ahí el truco de domesticar. Usted se ha venido domesticando con las pepitas del consumismo – compra aún sin necesitar, porque quiere felicidad. La mala noticia es que la felicidad no es un bien que se compre a cuotas, en pepitas. La felicidad ni siquiera es una meta, sino un camino – casualmente el que ha venido recorriendo hasta que lo encerraron por un virus. ¿Y entonces por qué ahora no es feliz? ¿Porque lo encerraron? No. Porque ha estado distraído en su caminar – que es la misma felicidad.

 

Importante: sin esfuerzo, sin pagar un precio, no va a conseguir nada, va a seguir en la anestesia de la vida.

 

Deje de perder tiempo en las metas de felicidad que le imponen los comerciantes – todos le «garantizan» resultados a corto plazo. Todo el mundo quiere las cosas para ya, resultados inmediatos y fáciles. Y los vendedores se aseguran de satisfacerlo. Olvídese de todo eso.

 

Empiece a proyectarse a largo plazo. Absténgase de recompensas inmediatas hasta en lo más simple. No se pare una vez más a comerse una galleta del paquete. Retrase esa recompensa: párese a limpiar el piso, establezca un límite, y cuando termine cómase esa deliciosa galleta. No piense en «bajar de peso», ponga una cantidad y use la pesa una vez por semana. No se desanime si sube una semana, persevere y siga adelante – las galletas, el pan y el azúcar empezarán a salir de su dieta de cuarentena poco a poco, gramo a gramo. ¿Por qué funciona? porque está cumpliendo metas a mediano y largo plazo. Nada hay más satisfactorio para los humanos, que lograr metas. ¿Cuántos libros quiere leer en un año? Simplemente ponga un horario, dedique media o una hora al día, registre las páginas diarias y cuando se dé cuenta ya estará un libro más cerca de su meta. No piense en «madrugar más» porque en cuarentena eso no funciona (ni fuera de ella). Ponga una meta con la lectura de libros, cocinar ciertas recetas, divertirse haciendo unos ejercicios, y verá que madrugar deja de ser el problema – no compre un despertador (pepita), póngase metas para el encierro.

  

 

Inteligencia emocional

 

Ese término da para escribir cinco volúmenes, así que no me extenderé sino lo necesario. Así como podemos resolver problemas a través de lo que sabemos (que hemos aprendido), también p{module PublicidadInterior}odemos resolver problemas – como el encierro por culpa de un chino – a través de lo que sentimos, o mejor dicho a través de la forma en que expresamos (o callamos) lo que sentimos.

 

  • El aburrimiento, el miedo, el enojo son emociones a las que debemos poner atención para que no nos controlen.
  • El enojo – por ejemplo, no es malo. Es una emoción humana. Lo malo es lo que hacemos mientras estamos bajo su influencia.
  • El miedo, todos lo sentimos – no es malo. Lo malo es que nos controle al punto de paralizarnos. La norma dice que si tiene miedo ¡hágalo con miedo, pero hágalo!
  • Si le cuesta trabajo, o se si tiene que esforzar mucho, entonces probablemente sea algo que a largo plazo le dé muy buenas satisfacciones.

 

El bebé que llora desconsolado hasta que le dan comida es un ejemplo de una mente inmadura. Está actuando por instinto de supervivencia porque se encuentra limitado para hablar e incluso para comprender lo que le ocurre. ¿Cuántas veces usted actúa como si no se pudiera expresar? Cuando se daña el tv, no hay señal de internet, se agotó la batería del celular, no tiene la comida que le gusta, o le hacen mala cara. ¿Pataleta?

  

La recompensa

 

Con pequeños bocaditos de felicidad no se es feliz, solo se distrae. Con el esfuerzo persistente para lograr metas a mediano y largo plazo, se vive la felicidad. Se es feliz mientras se persevera en un camino, y se es feliz al completar metas o sueños.

 

Al trabajar metas a largo plazo y olvidar las recompensas inmediatas estará trabajando directamente en su futuro y el nuestro, porque cuando salgamos de esta cuarentena usted será alguien aún más valioso para todos.

 

Importante: sin esfuerzo, sin pagar un precio, no va a conseguir nada, va a seguir en la anestesia de la vida.

Extrategia Medios
Equipo de redacción de Extrategia Medios

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