Investigadores estudian pulgas de perros en Cundinamarca y hallan bacterias poco documentadas

El 83 % de las pulgas recolectadas en perros de municipios como Villeta, Anolaima y La Mesa portan bacterias de interés sanitario. Además, una de las muestras reveló un posible linaje bacteriano aún no descrito por la ciencia y cuyo impacto en la salud animal y humana todavía se desconoce.

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Un grupo de investigadores de la Universidad Nacional de Colombia (UNAL), en conjunto con las universidades Javeriana, de La Salle y El Bosque, y el Centro Médico de la Universidad de Texas, realizó entre 2019 y 2020 un muestreo en 24 municipios del occidente de Cundinamarca para analizar la presencia de pulgas en perros domésticos y determinar qué microorganismos transportan. El trabajo de campo se concentró en zonas rurales del valle del Magdalena, en municipios como Villeta, Anolaima, La Mesa, Tocaima y Guaduas.

Los resultados, dados a conocer este 2026, muestran que 46 de los 116 perros examinados (en su mayoría de raza criolla) tenían pulgas, de los cuales se recolectaron 138 ejemplares. El análisis molecular de estas muestras encontró bacterias del género Rickettsia en el 83 % de los grupos analizados y del género Bartonella en el 28 %, dos hallazgos que, según los investigadores, encienden alertas epidemiológicas que hasta ahora habían sido poco exploradas en el país.

¿Qué encontraron los investigadores en las pulgas de los perros?

La especie predominante en los animales muestreados fue Ctenocephalides felis, conocida como la pulga común del gato, que pese a su nombre es también la más frecuente en perros. El hallazgo relevante, sin embargo, no estuvo en el cuerpo del insecto, sino en su composición interna: mediante pruebas moleculares de laboratorio, el equipo detectó ADN de bacterias del género Rickettsia (principalmente Rickettsia asembonensis) en 38 de los 46 grupos de pulgas analizados.

También se identificó Rickettsia felis, una bacteria que en los últimos años ha atraído atención científica por su posible vínculo con la rickettsiosis, enfermedad cuyos síntomas incluyen fiebre, dolor muscular intenso, dolor de cabeza y erupciones cutáneas. El médico veterinario Jerson Andrés Cuéllar Sáenz, investigador de la UNAL y líder del estudio, explicó que de las cerca de 2.000 especies de pulgas registradas en el mundo, solo un grupo reducido logró adaptarse a ambientes cercanos a los humanos y a los animales domésticos, y que ese grupo es el que concentra el interés de la investigación.

¿Por qué es relevante encontrar bacterias como Rickettsia y Bartonella en pulgas?

Cuéllar Sáenz fue enfático en que la detección de estas bacterias en las pulgas no equivale, por ahora, a una confirmación de que estén generando enfermedades en humanos. Ese vínculo, explicó, es uno de los principales interrogantes que aún deben resolverse mediante investigación adicional. Lo que sí queda establecido es que estos microorganismos circulan activamente en el ambiente estudiado, un dato que los investigadores consideran una señal epidemiológica que no debe pasarse por alto.

Si se confirma en estudios posteriores que estas bacterias tienen capacidad de generar enfermedad, las pulgas funcionarían como un puente de transmisión entre animales y humanos. El caso de Bartonella resulta particularmente sensible porque este género bacteriano se ha asociado en otras regiones del mundo con infecciones que afectan la sangre, los vasos sanguíneos y el corazón, con cuadros clínicos que pueden llegar a ser graves (como endocarditis o bacteriemias prolongadas), especialmente en personas con el sistema inmunológico comprometido.

¿Se identificó una nueva especie de bacteria?

Al secuenciar una de las muestras positivas para Bartonella, los investigadores encontraron que su composición genética no coincidía por completo con ninguna especie ya descrita, lo que abre la posibilidad de que se trate de un linaje bacteriano todavía no caracterizado por la ciencia. Cuéllar Sáenz señaló que este género bacteriano sigue siendo poco estudiado y que la investigación apenas comienza a dimensionar su posible impacto en animales y en humanos.

El propio equipo de investigación pidió cautela frente a estos resultados, al tratarse de un primer acercamiento a la presencia de este tipo de pulgas y de las bacterias que podrían transportar en el territorio colombiano. Por esa razón, insistieron en que se requieren más estudios antes de establecer conclusiones definitivas sobre el riesgo real para la salud pública.

Papel jugaron los cuidadores de los perros en la investigación:

El trabajo de campo se desarrolló en carreteras destapadas, veredas dispersas y viviendas rurales donde los perros suelen circular libremente entre patios y cultivos. Según relató Cuéllar Sáenz, el equipo visitó las casas para explicar a los propietarios el objetivo del estudio, y en varios casos fueron los mismos dueños quienes ayudaron a revisar a sus mascotas en busca de pulgas.

Los investigadores también destacaron que 70 de los 116 perros evaluados no presentaban pulgas al momento del muestreo, un dato que atribuyeron al uso cada vez más frecuente de baños y tratamientos antiparasitarios preventivos por parte de los propietarios. Aunque esto redujo el número de muestras disponibles para el estudio, los autores lo interpretaron como un indicador positivo desde el punto de vista de la salud animal.

¿Qué enfoque plantea el estudio hacia el futuro?

El equipo de investigación enmarcó sus hallazgos dentro del enfoque conocido como One Health, que entiende la salud humana, animal y ambiental como sistemas interconectados y no como compartimentos aislados. Bajo esta perspectiva, el análisis de una pulga, de la bacteria que porta y del animal que la hospeda debe abordarse de manera conjunta, dado que los tres elementos comparten el mismo entorno y establecen interacciones constantes.

Lo que sí queda establecido es que estos microorganismos circulan activamente en el ambiente estudiado, un dato que los investigadores consideran una señal epidemiológica que no debe pasarse por alto.