En un movimiento que redefine la forma de abordar la seguridad escolar, el municipio de Chía certificó a cerca de 400 estudiantes como gestores de seguridad y convivencia ciudadana, apostándole a una transformación que comienza desde las aulas y se proyecta hacia toda la comunidad.
La iniciativa posiciona a los jóvenes no como observadores, sino como protagonistas en la resolución de conflictos, en un contexto donde los entornos educativos enfrentan retos crecientes en convivencia y manejo de tensiones.
De estudiantes a mediadores: el giro que apuesta por el diálogo
El programa, impulsado por la Secretaría de Gobierno en articulación con la Secretaría de Educación, parte de una premisa contundente: la prevención es más efectiva cuando nace desde la formación.
Durante el proceso, los estudiantes fueron preparados en competencias esenciales para la mediación, a través de cuatro componentes: negociación, resolución de conflictos, inteligencia emocional y conocimiento de la Ley 1801 de Seguridad y Convivencia Ciudadana.
Este enfoque les permite intervenir en situaciones reales, tanto dentro como fuera del entorno escolar, con herramientas que priorizan el diálogo, la escucha activa y la construcción de acuerdos.
Un proceso formativo que conecta instituciones y autoridades
La certificación se desarrolló en un acto que reunió a representantes del gobierno estudiantil, alumnos de instituciones educativas oficiales y la Policía Cívica Infantil, consolidando una articulación institucional que refuerza el alcance del programa.
Más que un evento protocolario, la entrega de diplomas simboliza la transición de estos jóvenes hacia un rol activo en la convivencia escolar, respaldados por una formación estructurada en habilidades socioemocionales y liderazgo.

Uno de los componentes más relevantes del programa es la creación de una red de mediadores escolares con capacidad de detectar situaciones que requieren intervención o acompañamiento.
Los estudiantes no solo median conflictos, sino que también generan alertas tempranas que alimentan el trabajo de los equipos psicosociales de las instituciones educativas, facilitando respuestas más rápidas y focalizadas.
Este modelo permite anticiparse a escenarios de riesgo y reducir la escalada de conflictos, fortaleciendo la convivencia desde una perspectiva preventiva.
Una apuesta que trasciende las aulas
El impacto de esta estrategia no se limita a los colegios. La participación de niños, niñas y adolescentes en la construcción de entornos seguros extiende sus efectos hacia las familias y la comunidad.
Con esta apuesta, Chía refuerza su enfoque de seguridad basado en la corresponsabilidad, donde la convivencia no depende únicamente de las instituciones, sino del compromiso colectivo. La formación de estos 400 gestores abre una nueva ruta: jóvenes que no solo aprenden a convivir, sino que lideran procesos de transformación social desde su entorno más cercano.

El programa incluye formación en negociación, inteligencia emocional y Ley 1801














