Eran cerca de las cuatro de la mañana del domingo 5 de diciembre y a pesar de la baja temperatura de la madrugada decembrina, los colaboradores más cercanos de la parroquia Juan Pablo II del sector Verganzo en el municipio de Tocancipá, se daban cita frente a su templo, para iniciar con las labores propias de una jornada que prometía ser exitosa y que fue convocada por su párroco el padre Tobías Herrera Babativa. Con leña, una hornilla y otros utensilios, dispusieron un fogón y de inmediato el fuego amainó un poco el frío, cuenta Luis Antonio Ramírez, ministro de la eucaristía de esta parroquia y colaborador desde hace unos 7 años. Grandes ollas aparecieron en el escenario y desde luego un gran optimismo que ni el helado clima pudo vencer.  Antes de las 11 de la mañana empezaron a llegar los invitados, que no eran otros que los fieles de esta porción del pueblo de Dios, que acudían a participar en la “primera integración campesina” como la denominó el padre Tobías. Fue una actividad que reunió a la comunidad del sector, pero también a vecinos de otros municipios, con el ánimo de recolectar algunos recursos que permitan continuar con la obra de construcción del templo.

Antes que nada, tuvo lugar la celebración de la misa en el interior de la estructura del templo, que a pesar de faltarle puertas, ventanas y el piso, le sobra alegría, afecto y calor humano. Cientos de fieles participaron de la liturgia y pusieron en manos de su santo patrono, el sueño de ver terminada su iglesia parroquial.

Terminada la eucaristía, los asistentes disfrutaron de exquisitos platos típicos, bebidas, música en vivo, rifas y ante todo una tarde de integración, en la que hasta el astro rey quiso participar, regalando a todos una alegre y soleada jornada.

La presencia de esta parroquia en el sector, ha sido vital para todas las familias que lo habitan y que en muy pocos meses, han sido testigos del acelerado crecimiento de lo que antes era una tranquila zona rural y hoy se ha convertido en una gran urbe.

Por fortuna, a esta comunidad parroquial no le han faltado bienhechores, muchos de ellos presentes desde el momento que fue creada hace unos diez años. Es el caso de Fabiola Díaz, quien recuerda con cariño el momento en que empezó la construcción del templo.  Dice que “la gente está muy animada y que en las actividades es donde se ven los resultados”. “La gente busca a Dios y un lugar para alabarlo”, afirmó esta incansable integrante de la pastoral familiar de la parroquia. “Vale la pena luchar por estas obras ya que gracias a la pandemia, las familias han buscado más a Dios y cuando uno se acerca a las cosas de Dios, quiere buscar un lugar apropiado para ese encuentro con Él” aseguró.

Pero no sólo laicos contribuyen a la causa. Daniel Garzón vive hace unos 35 años en ese sector y en búsqueda de unas mejores condiciones de vida, se dedicó a la música y organizó su propia agrupación musical. En cada evento programado por el párroco, Daniel ha estado presente colaborando con sus melodías, tan propias de la región. “Cuando llegamos a vivir acá, todo estaba rodeado de potreros”, dice este músico, que trae a la memoria la manera como hace unos 15 años, empezó a poblarse el sector y surgió la necesidad de contar con un templo propio, construcción que inició el párroco anterior, padre Antonio Rivera. Daniel sueña con ver la iglesia terminada para que sus nietos vengan a rezar.

Luis Antonio Rivera recuerda que todo inició con la donación del lote y ahí empezó a formarse la comunidad, que poco a poco ha ido creciendo en número y en gracia. Son muchos los sacramentos que se celebran allí, especialmente matrimonios, cuenta Luis Antonio.

Construir un templo no es tarea nada fácil, más cuando no se cuenta con grandes recursos, pero es gratificante cuando aparece el apoyo de constructores y particulares que han contribuido en los estudios y diseños, afirma la arquitecta Giovanna Páez Cortés, feligrés comprometida con esta parroquia y quien además en la secretaria de planeación de Tocancipá. Ella cuenta cómo los diseños que eran del año 2011, debieron ser ajustados a las exigencias urbanísticas actuales, dando espacio a un complejo religioso muy bello, que además cuente con locales y salones de uso parroquial, destinados a la catequesis, librerías, salas de velación, entre otras.

“Vale la pena luchar por estas obras ya que gracias a la pandemia, las familias han buscado más a Dios y cuando uno se acerca a las cosas de Dios, quiere buscar un lugar apropiado para ese encuentro con Él”

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Cuando ya caía la noche, la actividad llegó a su fin. El artífice de la jornada y por supuesto de la obra tanto material como espiritual, padre Tobías Herrera, un joven y emprendedor sacerdote, le contó a Extrategia Medios, que aspira a ejecutar la obra de los pisos del templo con los frutos de esta integración. Asegura el sacerdote, que es urgente tener un espacio para reunirse, para formar en la fe a una comunidad variada pero hermosa, en su mayoría conformada por población flotante que se acerca a los 20.000 habitantes. Sueña ver el templo terminado en unos dos años y medio aproximadamente. El padre Tobías cree que la mayor bendición de esta comunidad es su espiritualidad pero ante todo su motivación, hecho que lo mueve cada día, cada instante y con absoluto convencimiento, a acompañar su fe y caminar junto a ellos.

“Daniel sueña con ver la iglesia terminada para que sus nietos vengan a rezar”.

Andersson Rodríguez
Lic. en filosofía y ciencias religiosas - Periodista.

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