Tigrillo lanudo reaparece en los Cerros Orientales de Bogotá en medio de la expansión urbana sobre áreas protegidas

Cámaras trampa de la Secretaría Distrital de Ambiente registraron al felino andino en dos sectores de los Cerros Orientales, evidenciando la permanencia de corredores ecológicos en una zona amenazada por la expansión urbana y la fragmentación ambiental.

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Equipo de redacción de Extrategia Medios
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Las imágenes obtenidas por las cámaras trampa permitieron establecer que el Leopardus pardinoides continúa utilizando sectores boscosos de los Cerros Orientales. Foto/Secretaría Distrital de Ambiente.
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Mientras Bogotá continúa expandiéndose hacia sectores de alta presión ambiental, una imagen captada silenciosamente por cámaras trampa en los Cerros Orientales abrió una nueva alerta sobre la importancia de proteger los corredores ecológicos que aún sobreviven en la capital. La Secretaría Distrital de Ambiente (SDA) confirmó la presencia de un tigrillo lanudo (Leopardus pardinoides) en dos puntos estratégicos de la Reserva Forestal Protectora Bosque Oriental de Bogotá, un registro que expertos consideran de enorme relevancia para comprender el estado actual de los ecosistemas altoandinos.

El felino fue detectado en el Parque Distrital Ecológico de Montaña Serranía El Zuque y en el sendero Guadalupe–Aguanoso, ubicados en las localidades de Santa Fe y San Cristóbal. La aparición del animal en dos sectores diferentes del mismo sistema montañoso no solo demuestra que la especie continúa habitando los Cerros Orientales, sino que además revela que todavía existen conexiones ecológicas funcionales dentro de una zona sometida a presiones constantes por urbanización, fragmentación de hábitats y actividades humanas.

Un felino esquivo que aún resiste en Bogotá

El tigrillo lanudo es uno de los felinos andinos menos visibles de Colombia. Su comportamiento reservado, sumado a las complejas condiciones geográficas de los bosques de niebla donde habita, hace que sus registros sean poco frecuentes incluso en áreas protegidas.

Esta especie, reconocida por su pelaje con manchas irregulares y tonalidades adaptadas al entorno montañoso, suele desplazarse entre bosques húmedos ubicados entre los 1.500 y los 3.200 metros sobre el nivel del mar. Allí encuentra refugio, alimento y condiciones necesarias para su reproducción.

Las imágenes obtenidas por las cámaras trampa permitieron establecer que el Leopardus pardinoides continúa utilizando sectores boscosos de los Cerros Orientales como rutas de tránsito natural, un comportamiento que para especialistas resulta determinante en términos de conservación.

La Secretaría Distrital de Ambiente explicó que estos corredores ecológicos permiten la movilidad de diferentes especies silvestres y reducen los efectos de aislamiento causados por la fragmentación de los ecosistemas.

Cerros Orientales: una barrera natural bajo presión

El hallazgo ocurre en momentos en que ambientalistas, científicos y autoridades mantienen preocupación por las afectaciones que enfrentan los Cerros Orientales de Bogotá debido al crecimiento urbano y a las intervenciones humanas sobre áreas de conservación.

Los Cerros Orientales cumplen funciones esenciales para la regulación hídrica, la captura de carbono y la estabilidad ecológica de la capital. Además, constituyen refugio para cientos de especies de flora y fauna que dependen de la continuidad de estos bosques para sobrevivir.

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Especialistas advierten que cuando los corredores naturales se fragmentan, muchas especies pierden la posibilidad de desplazarse, reproducirse o acceder a alimento, aumentando así el riesgo de reducción poblacional y desaparición local.

En ese contexto, la presencia del tigrillo lanudo adquiere especial relevancia, debido a que este felino funciona como un indicador biológico del estado de conservación del ecosistema.

El papel ecológico del tigrillo lanudo

El Leopardus pardinoides desempeña una función importante dentro de las cadenas tróficas de los bosques andinos. Como mesodepredador, participa en el control natural de poblaciones de roedores, marsupiales y aves pequeñas, ayudando a mantener el equilibrio ecológico.

La permanencia de este tipo de depredadores suele estar asociada a ecosistemas relativamente conservados, donde todavía existe disponibilidad de presas, cobertura vegetal y condiciones adecuadas para el desarrollo de la fauna silvestre.

Para investigadores y autoridades ambientales, el hecho de que el tigrillo haya sido detectado en distintos sectores de los Cerros Orientales también sugiere que el flujo ecológico entre fragmentos de bosque continúa activo, algo considerado fundamental para garantizar diversidad genética y sostenibilidad poblacional.

Cámaras trampa revelan otras especies en Bogotá

La Secretaría de Ambiente indicó que estos registros forman parte de los procesos de monitoreo y restauración ecológica que se adelantan en áreas protegidas del Distrito.

Durante 2026, las cámaras trampa también han documentado la presencia de especies como el curí sabanero, la comadreja cola larga y el zorro perruno en el humedal Torca-Guaymaral, ubicado entre las localidades de Suba y Usaquén.

Adicionalmente, el sistema de monitoreo logró captar una escena poco común en Bogotá: el apareamiento de dos búhos rayados, un registro considerado de gran relevancia para el seguimiento científico de aves rapaces en ecosistemas urbanos y periurbanos.

Estos hallazgos han permitido ampliar la información sobre las dinámicas de fauna silvestre que aún persisten dentro de la capital colombiana, incluso en territorios cercanos a corredores viales, urbanizaciones y zonas de alta densidad poblacional.

Restauración ecológica y desafíos ambientales

La SDA aseguró que los resultados obtenidos reflejan avances en procesos de restauración ecológica, recuperación de cobertura vegetal y reducción de afectaciones humanas dentro de áreas protegidas del Distrito.

Sin embargo, expertos ambientales sostienen que la permanencia de especies como el tigrillo lanudo dependerá de la capacidad institucional y ciudadana para fortalecer la conservación de los Cerros Orientales y limitar nuevas presiones sobre estos ecosistemas.

La expansión urbana, los cambios de uso del suelo, las invasiones, la contaminación y la pérdida de conectividad ecológica continúan siendo algunas de las principales amenazas para la biodiversidad de Bogotá.

En medio de ese panorama, las imágenes del tigrillo lanudo recorriendo silenciosamente los bosques orientales de la capital se convierten en una evidencia de que aún sobreviven ecosistemas capaces de albergar fauna silvestre de alto valor ambiental, pero también en un recordatorio de la fragilidad de estos territorios frente al avance urbano.

Ambientalistas advierten que la expansión urbana y la pérdida de conectividad ecológica siguen amenazando la biodiversidad de los Cerros Orientales.

Equipo de redacción de Extrategia Medios