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Siete años del fallecimiento del líder social y exconcejal de Zipaquirá Eduardo Peralta López

Hoy sábado 27 de agosto, se cumplen siete años del fallecimiento del líder comunitario y exconcejal de Zipaquirá, Eduardo Peralta López, quien fue reconocido en la Capital Salinera de Colombia y en la región desde hace más de treinta y cinco años por liderar varias acciones en defensa de los derechos de los ciudadanos, logrando importantes beneficios para los habitantes de la ciudad, particularmente en temas relacionados con servicios de salud, telefonía fija, acueducto, alcantarillado, aseo, gas y televisión, entre otros.

Su esposa Lucy Rodríguez de Peralta, sus hijas: Jakeline, Andrea y Natalia, y demás familiares, invitan a una Eucaristía por su alma y en su memoria, que se oficiará mañana domingo 28 de agosto a las 9:00 de la mañana en la Iglesia del Barrio San Carlos de Zipaquirá.

Un gran servidor

Peralta López sin cobrar ninguna retribución, hizo férrea defensa como vocal de control de servicios públicos a miles de usuarios que vieron vulnerados sus derechos, logrando para ellos soluciones, no permitiendo injustos cobros en las facturas de servicios públicos y terciar para que se atendieran a ciudadanos, en la mayoría de escasos recursos, en los diferentes sistemas de salud.

Gracias a su reconocida vocación, por petición de varios ciudadanos y usuarios de diferentes servicios públicos y gente del común, le pidieron en el año 2003, que presentara su nombre al Concejo Municipal de Zipaquirá, a lo cual después de consultarlo con su familia y algunas personas muy allegadas aceptó, siendo elegido con 878 votos para el periodo constitucional 2004-2007 desde donde hizo un verdadero control político, de profundos y aterrizados debates que causaron grandes polémicas, pero encontrando grandes soluciones ciudadanas.

Además de haber sido concejal, representante de los usuarios en su calidad de vocal de control de servicios públicos, líder sindical, y miembro de la junta directiva de instituciones comunales como el Sistema Comunitario de Televisión de Zipaquirá APRECUZ, gestionó el diseño e implementación del ‘Proyecto Talentos’, que descubrió niños y jóvenes deportistas, a quienes les brindó respaldo y patrocinio para su afianzamiento competitivo.

El exconcejal Peralta también se apersonó de infinidad de causas sociales para mejorar las condiciones de vida de zipaquireños que padecían enfermedades o vivían en condiciones de vulnerabilidad, movilizando a la ciudadanía donde encontró solidaridad que fue aportada a la solución de las problemáticas y lograr el restablecimiento de las condiciones de la dignidad humana.

Exequias de Eduardo

El día de las exequias de Eduardo Peralta cientos de personas llenaron la Catedral Diocesana para su despedida, hubo sendos y dolorosos discursos y otros muy sentidos y anecdóticos como el que pronunció el director de la entonces emisora Kokoriko Stereo 96.3 FM., Guillermo Romero Salamanca, uno de los periodistas que fue muy reconocido y allegado a Eduardo y a su familia, el cual tituló: “El adiós a Eduardo Peralta López, el Líder de la solidaridad, el cual publicamos a continuación:

El adiós a Eduardo Peralta López.
El Líder de la Solidaridad

Por: Guillermo Romero Salamanca.

Guillermo Romero Salamanca.

–¿Usted ha comido pirarucú?, preguntó un día Eduardo Peralta López.
–Es el mismo paiche, le contesté. Es un pez de un metro con 80 centímetros de largo que crece en el río Amazonas y en Perú lo adornan con calamares de agua fría.
–Es que eso sí es un pescado. Una vez en Leticia nos dio pelea pescar un animal de esos. Nos tumbó y eso que éramos como cuatro. Pero al fin lo logramos.

Esa era una de las pasiones de él: pescar. Hablar de sus madrugadas a los Llanos Orientales en búsqueda de bagres rayados, cachamas o coporos. Otras veces viajó al río Magdalena en persecución de zapateros, bagres, carpas, truchas y mojarras. Tenía su grupo de amigos con los cuales se divertía y como él mismo decía, “es para distraer la mente”.

Nació en Ibagué el 5 de febrero de 1950 y a los siete años llegó con don Noé Peralta y doña María López a Zipaquirá. Laboró en el Banco Agrario de Leticia y fue allí donde aprendió muchas técnicas de pesca. Regresó a su segunda ciudad y allí se casó con la mujer que le transformó su vida: doña Lucía Rodríguez. Pronto llegaron Jackeline y después, ‘Milky Way’, es decir Andrea.

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A su regreso de Leticia, Eduardo recurrió a su inventiva para sobrevivir. Un día vendía cometas, otros más, almuerzos acá y allá, salía a la calle con helados, caminaba buscando el sustento diario. Fueron años de lucha y a pesar del esfuerzo del trote, su pie nunca aumentó de talla: siempre fue el 36. Pero así aprendió a andar con un paso rapidito, de 50 centímetros pero que avanzaba.

Su continuo conversar con las personas, le originó una manera sencilla de ayuda. Hace diligencias, lleva papeles de un lado a otro, conversa en las distintas dependencias y claro, pronto encontró grandes dificultades y tropiezos en las empresas de servicios públicos. Codensa con sus arbitrariedades, Telecom con sus irracionales cobros de en las facturas, la empresa de Acueducto y Alcantarillado con las dudas de las administraciones por venderla al mejor postor, el servicio de cable y la nueva empresa de gas.

Así comenzó a leer las leyes, a comprender que la Constitución les daba un poder para la defensa a los usuarios y eran los derechos de petición. Comenzó a redactar para acá y para allá documentos de reclamos. Unos funcionarios no le veían con buena cara por la tramitología que debían esclarecer, unos más le mandaban directamente a la policía para que lo reprimiera y le llevaran a la comisaría y otros, los corruptos, hasta le pegaban y lo insultaban cuando lo veían venir.

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Pero a Peralta esto último no le importaba.

Y el banco del parque se convirtió entonces en su oficina de recolección de documentos. Recibos, cartas, memoriales, contestaciones, apelaciones, las llevaba en una carpeta y en su casa les daba un orden cronológico. Les ponía citas a los damnificados para que firmaran y él mismo los acompañaba a las radicaciones.

Pero además de este agotador oficio. Peralta comenzó a ayudar a muchas personas que requerían de su solidaridad. El deportista que no tenía bicicleta, el otro que no contaba con el pasaje del bus, la señora que se le había incendiado la casa, uno más que estaba enfermo, los niños de Bolívar 83 que deseaban hacer su Primera Comunión y hasta las niñas que deseaban ir a un desfile en Bogotá y no contaban con recursos.

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Peralta escuchaba las quejas y de inmediato compraba un talonario y organizaba una rifa, una recolecta, iba a donde un amigo, visitaba a un empresario, hacía la diligencia para cumplir con la meta.

Un día doña Blanca comentó que tenía su hija de tres meses y que debía trabajar, pero no tenía con quien dejar a la niña. Peralta miró a doña Luci, su esposa, se les anegaron sus ojos de lágrimas y le respondieron: “pues si quiere, nosotros se la cuidamos”. Doña Blanca no sabía cómo agradecer aquel gesto y de inmediato Nathalia, o la Nathis, como él le decía, se convirtió en un miembro más de los Peralta.

El propio Peralta la bañaba, la sacaba al sol, le dijo cómo era el asunto para caminar y le enseñó las vocales. La Nathis le decía “papá” y los ojos verdes del defensor del usuario, le brillaban más de la emoción.

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Este año, cuando a Peralta los médicos le anunciaron que le quedaba poco tiempo de vida, le comentó a Nathalia que la quería mucho. Ella, entonces, adelantó sus quince años de vida seis meses, organizó una fiesta porque quería bailar el vals con él. Con un gran esfuerzo, Eduardo asistió a la ceremonia, bailaron dos minutos el tema de Straus. No resistió más y regresó a su lecho.

Un sábado a las 8 de la mañana comenzó a hablar en el programa “Líderes” que se emitía en Kokoriko Estéreo, 96.3 del F.M. y allí siguieron las denuncias, los comentarios sobre los servicios públicos y Peralta adquirió el peso difícil del periodismo investigador, el que no quiere nadie, el que es odiado por políticos.

Después de varios años de denuncias, pero también de campañas, Eduardo pensó que llegando al Concejo Municipal podría ayudar a más personas. Con una inversión en seis camisetas y con voz a voz y el saludo persona a persona, logró 898 votos –la máxima votación alcanzada en ese momento por un concejal—y así ocupó por unos días su curul.

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Fueron pocos días, porque siempre respondió desde las barras al ver que sus compañeros no prestaban atención a las ponencias y se salían a cada rato. Esta indisciplina no le gustó y comenzaron entonces los alegatos.

Peralta llegaba a la emisora, apesadumbrado, dolido. Eso fue mucho esfuerzo y comprendió que eso no era lo suyo, que lo suyo era de verdad servir a los demás, sin importar el agradecimiento. Y que lo que llaman política, estaba por fuera de sus ruedos.

“Las personas cuando están necesitadas de uno, lo buscan, lo llaman, lo invitan a una cosa a la otra, no saben dónde ponerlo a uno, pero cuando ya obtienen su beneficio, muy pocos agradecen”, comentaba.

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Después de su lucha en el concejo, regresó a su mundo. Siguió encontrándose con muchos mánceres en la vida, pero su lucha por servir no paró hasta el último momento de su vida.

El 28 de agosto, Beto, el del carro, el de los tres perros, el amigo de Chaparro, tocó una corneta de plástico, una diana, que hizo llorar a más de uno. Se iba Peralta al cielo, llevaba en su mano el Cristo que le acompañó los últimos meses, se cargaba la mirada de miles de personas que agolparon la Catedral Diocesana, abrazaba el cariño de tantos y tantos que ayudó.

Se iba Peralta, el hombre que había nacido para servir.

Eduardo Peralta López.

Hizo férrea defensa a miles de usuarios que vieron vulnerados sus derechos, logrando para ellos verdaderas soluciones.

Foto portada: Eduardo Peralta López.

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