Editorial

Por encima de todo Amor al municipio a pesar de…


“Si amamos no ocultamos los defectos a quienes amamos ni de quienes amamos; buscamos soluciones y correctivos. Tampoco salimos a pregonar a diestra y siniestra los defectos que puede tener a quien amamos, porque le causaríamos mayor daño y denigración grave ante la sociedad”.


Los municipios de Sabana Centro han estado en el ojo del huracán, especialmente después de que en la Calle del Bronx, en Bogotá, se hiciera el desalojo de habitantes de la calle que tenían este sector como guarida, tortura, muerte, tráfico y expendios de alucinógenos. Eso es claro y deprimente en un país donde sus gobernantes dejaron avanzar este triste y duro flagelo que atenta contra el bienestar, la familia y especialmente contra niños que sus padres sumergidos también en la droga los abandonaron en la puerta del infierno.

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Qué problema social, tan bárbaro, que hemos vivido los colombianos, muchas veces en la indiferencia de los ciudadanos, que nunca imaginamos que esto se saliera de madre y se llegara a expandir esta situación a varios sectores de la Capital de la República y a algunos municipios de la Sabana, que desde el siguiente día a este desalojo han puesto el grito en el cielo denunciando ante la opinión pública y ante las autoridades del orden nacional la presencia de algunos de ellos en las calles de aumentando la inseguridad y miseria en las vías de las ciudades.

Hay una realidad que entre todos debemos asumir y exigirle al Gobierno Nacional por intermedio del Gobierno Departamental y los Gobiernos Municipales, inmediatas soluciones que sean aterrizadas con base en la Constitución Nacional y de Derechos Humanos para darles tranquilidad a los ciudadanos que cada día ven frecuentemente amenazada su tranquilidad.

Las acciones de prevención y atención la asumen los alcaldes y el gobernador por intermedio de sus secretarías de gobierno y de salud, quienes con las autoridades de  policía deben realizar operativos constantes para ubicar a estos presuntos ex habitantes del Bronx y de alguna forma encontrar soluciones en derecho y regresarlos a su ciudad de origen, mientras el Gobierno Nacional encuentra solución efectiva a esta problemática que se salió de madre hace mucho tiempo.

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Los municipios tienen muchos problemas por solucionar y por prevenir otros. Infortunadamente es un tema de nunca acabar y cada gobernante se atiene a asumir con decisión las problemáticas que se presentan en sus localidades, para esto fueron elegidos y para gestionar y darle una solución al menor tiempo posible y efectiva. Eso es claro, como también es claro que a pesar de todo esto que se vive es fundamental acudir a las organizaciones y entidades adecuadas, sin ocultar nuestra realidad, pero tampoco de manera amarillista causar zozobra, hablar mal de nuestras ciudades, menos de la ciudad en que habitamos, porque muchas veces por buscar protagonismo, causan un infundado pánico colectivo que podría acarrear desesperación, violencia y muy mala imagen ante el país y el mundo. No significa que debemos callar una realidad, pero si es importante rescatar lo positivo y los valores de nuestros municipios, sin dejarnos caer en el pánico, plato especial de algunos politiqueros, que en su afán de mostrar algo y hacerse notar se llevan entre los cachos el buen nombre de una ciudad donde la gran, gran mayoría de sus habitantes trabajan para engrandecerlo.

Si amamos no ocultamos los defectos a quienes amamos ni de quienes amamos; buscamos soluciones y correctivos. Tampoco salimos a pregonar a diestra y siniestra los defectos que puede tener a quien amamos, porque le causaríamos mayor daño y denigración grave ante la sociedad. Defectos los hay, que insistimos hay que encontrar pronta solución, pero hay que tener en cuenta que afortunadamente son más los valores y cualidades que encontramos en quien amamos.

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Amemos de verdad a nuestros municipios, respetémoslos y hagámoslos respetar, hablemos bien de ellos, luchemos por su bienestar, sus gentes y comunidades, seamos aterrizados, denunciemos en el lugar No equivocado, pero sobre todo preservemos el buen nombre de nuestro municipio, donde vivimos, donde trabajamos o estudiamos y donde Dios nos ha plantado para dar el mejor fruto.

 

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