La disposición inadecuada de llantas usadas representa una amenaza para el ambiente y la salud pública debido a su capacidad para contaminar el aire, obstruir sistemas de drenaje y acumular agua lluvia en la que pueden reproducirse mosquitos transmisores de enfermedades.
El abandono de estos elementos en calles, lotes, quebradas, canales, humedales y zonas rurales también favorece la acumulación de residuos, deteriora el paisaje y aumenta el riesgo de inundaciones durante las temporadas de lluvias.
Otro de los comportamientos que genera mayor preocupación es la utilización de llantas como combustible en hornos artesanales o como material para iniciar quemas a cielo abierto. Al ser sometidas a altas temperaturas, liberan sustancias tóxicas que pueden afectar a las comunidades y a los ecosistemas cercanos.
Ante este panorama, la Corporación Autónoma Regional de Cundinamarca (CAR) reforzó las acciones de inspección, control y vigilancia en los municipios de su jurisdicción, como parte de la Ruta de Preparación Climática.
Las actuaciones buscan evitar el abandono, la quema y el manejo irregular de llantas que han terminado su vida útil, además de verificar que generadores y gestores cumplan las obligaciones establecidas en la normatividad ambiental.
Aunque estos elementos no están clasificados como residuos peligrosos, su recolección, almacenamiento, aprovechamiento y disposición deben realizarse de acuerdo con la Resolución 1326 de 2017, expedida por el Ministerio de Ambiente y Desarrollo Sostenible.
La norma reglamenta los sistemas de recolección selectiva y establece las condiciones para garantizar una gestión ambiental adecuada.
“Debido a los materiales de los que están hechas, las llantas de vehículos, motocicletas y bicicletas que son dadas de baja requieren una gestión ambiental adecuada para prevenir impactos negativos sobre el ambiente y la salud pública”, afirmó Alberto Acero Aguirre, director operativo de la Subdirección de Autoridad Ambiental de la CAR.
La quema de llantas libera contaminantes peligrosos
Más del 85 % de la composición de las llantas corresponde a hidrocarburos, según explicó la autoridad ambiental.

Cuando estos materiales son quemados, generan material particulado, monóxido de carbono, óxidos de nitrógeno y azufre, compuestos orgánicos volátiles e hidrocarburos aromáticos.
Varias de estas sustancias pueden deteriorar la calidad del aire, afectar el sistema respiratorio y causar daños en el ambiente. Algunas presentan, además, potencial cancerígeno.
El riesgo aumenta en sectores donde las llantas son utilizadas como combustible en hornos informales dedicados a la producción de panela o en otras actividades industriales que no cuentan con controles técnicos.
Las emisiones pueden dispersarse hacia viviendas, cultivos, fuentes de agua y zonas de trabajo, exponiendo a las personas que permanecen cerca de los sitios donde se realizan estas prácticas.
Llantas a la intemperie pueden convertirse en criaderos
La estructura de las llantas permite que el agua lluvia quede almacenada durante largos periodos, especialmente cuando son abandonadas en patios, lotes, separadores viales o zonas verdes.
Esta acumulación crea condiciones favorables para la reproducción de mosquitos transmisores de dengue, zika y chikunguña.
“Como si esto fuera poco, el almacenamiento inadecuado a la intemperie de las llantas usadas favorece la acumulación de agua lluvia en su interior, convirtiéndolas en criaderos de mosquitos transmisores de enfermedades como dengue, zika y chikunguña, además de propiciar la presencia de roedores y otros vectores”, agregó Acero Aguirre.
La presencia prolongada de estos residuos dificulta las acciones de prevención sanitaria y puede aumentar los focos de insectos y roedores en sectores urbanos y rurales.
El abandono de llantas puede bloquear drenajes
Las llantas arrojadas en alcantarillas, canales, quebradas y sistemas de drenaje pueden impedir la evacuación normal del agua.
Durante las lluvias, estos bloqueos incrementan la posibilidad de encharcamientos, desbordamientos e inundaciones, especialmente en sectores donde también se acumulan basuras, escombros y otros residuos.
En ríos, humedales y quebradas, las llantas pueden alterar los ecosistemas acuáticos y convertirse en puntos donde se concentran materiales contaminantes.
Su abandono en calles, separadores y lotes desocupados también genera ocupación indebida del espacio público y deterioro del entorno.
Autoridad ambiental inspecciona a generadores y gestores
Los equipos técnicos regionales adelantan operativos para verificar que talleres, montallantas, distribuidores, empresas de transporte y gestores cumplan los requisitos exigidos para el manejo de estos elementos.
Durante las visitas se revisan permisos, registros y autorizaciones relacionadas con la recolección, el almacenamiento, el aprovechamiento y la valorización de llantas usadas.
En la jurisdicción existen gestores registrados que reciben estos residuos y los incorporan a procesos autorizados.
La recomendación es no entregarlos a recolectores informales ni dejarlos en calles, zonas verdes, predios desocupados o fuentes hídricas. Su entrega debe hacerse mediante puntos de recolección, establecimientos responsables o gestores debidamente autorizados.
Las llantas usadas pueden convertirse en nuevos productos
Cuando reciben un manejo adecuado, las llantas pueden ser aprovechadas en procesos de economía circular y transformadas en materiales para construcción, superficies deportivas, obras de control de erosión, mobiliario, artesanías y otros productos.
Estas alternativas permiten reducir la cantidad de residuos abandonados, recuperar materiales y disminuir la presión sobre los recursos naturales.
“Como autoridad ambiental hemos fortalecido nuestras acciones de control y vigilancia para que se aplique de manera integral la normatividad vigente, pues la adecuada disposición de estos elementos es una responsabilidad compartida por generadores y gestores del territorio”, puntualizó Acero Aguirre.
El llamado está dirigido a ciudadanos, talleres, montallantas, distribuidores y empresas de transporte para que las llantas fuera de uso sean entregadas únicamente a sistemas de recolección y gestores autorizados.
Su disposición responsable reduce riesgos de contaminación, protege la salud de las comunidades y evita afectaciones en calles, drenajes, fuentes hídricas y ecosistemas de Cundinamarca.

Más del 85 % de la composición de las llantas corresponde a hidrocarburos que, al ser quemados, liberan altos contaminantes.













