En el año de 1537 arribaban las tropas colonialistas en cabeza de, Gonzalo Jiménez de Quesada, al primer encuentro con las comunidades del Zipasgo Muisca, espacio geográfico que se encuentra ubicado desde la época prehispánica en el cerro Montepincio y el cerro de las Manas, siendo en el siglo XVI un área estratégica para observar a todo aquel que ingresará al camino entre Chía y Zipaquirá, pues el ‘Zipa Bogotá’ delegó a la población de Cajicá defender el territorio, mientras tanto, él se refugiaba tras una muralla en piedra de aproximadamente cuatro metros de altura  y allí buscaba retrasar la persecución del grupo español, sin embargo, la estrategia fue fallida porque el pueblo indígena Muisca entró en pánico al ver hombres blancos armados y en caballos de gran porte. Cuenta la leyenda, que, por tal invasión, Jiménez de Quesada, recibió una maldición por cruzar el cercado y años después murió de lepra.

En la actualidad este punto se sitúa a 2 kilómetros de Cajicá, ofreciendo la ancestralidad de los municipios que conforman la provincia de Sabana Centro en el departamento de Cundinamarca.

Las siete tribus que poblaban la ‘Fortaleza de Piedra’ eran los: Guaquem, Canchona, Chibsaque, Guaraguaya, Suta, Tenjica y Chugua., luego de la visita que hizo el fundador, Miguel de Ibarra, en año 1593, el resultado del censo poblacional dio como resultado 301 hombres y 475 mujeres, quienes habitaban en ranchos alrededor de una ‘iglesia doctrinera’ construida en bahareque.

Pese a la irrupción por parte de los europeos, los grupos de Muiscas y españoles trabajaron a favor del municipio, e hicieron de Cajicá uno de los principales mercados de producción en toda la región. Con el pasar del tiempo; los artesanos en 1783 suministraban con provisiones elaboradas en cuero a las provincias ubicadas en el occidente del cantón. Incluso llegaban a Umbita, Tunja y Ramiriquí, en el departamento de Boyacá, con la venta de tapetes y alpargatas en lana – tradición que aún se mantiene -. En la misma línea, el municipio de Cajicá se ha destacado con el tratamiento de objetos minuciosamente elaborados, entre ellos, el tratamiento de hierro; pues en 1899 para Guerra de los Mil Días, vendieron espadas y herraduras moldeadas.

Cabe decir, que otra tradición cultural en la ‘Fortaleza de Piedra´, fue la inauguración del Centro Experimental Botánico de Cajicá, ubicado en la vereda Chuntame – Los Pinos, proyecto liderado por el arzobispo, Antonio Caballero y Góngora, allí principalmente se estudiaban los cultivos de té y trigo, a pesar de su aporte, este Centro Experimental fue desalojado por los grandes cultivos de papa.

En el texto académico “Enciclopedia Histórica de Cundinamarca”, Roberto Velandia relata sobre Cajicá, “En el corazón del pueblo de una cerca de cañas entretejidas y maderos gruesos tan fuertes, que sólo podían rendirse al fuego. Su altura era de quince pies y tenía por la parte superior -para defensa del sol y del agua-, un toldo de tela tupida de algodón de cinco varas de ancho y de tanta longitud para dar vuelta la cerca del edificio, que sería como de dos mil varas. Dentro de la cerca se comprendían muchas casas grandes, que entonces estaban llenas de varias municiones y pertrechos de guerra, como son: macanas, dardos, hondas, tiraderas, maíz, fríjoles, papas, cecinas y otros preparamentos y bagajes.”

Estos acontecimientos se han nutrido en 485 años de historia y tradiciones culturales, haciendo de Cajicá – Fortaleza de Piedra, una parte célebre de país.

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