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Cuando el diablo se manifestó en una discoteca en Zipaquirá

Esta historia nació como una leyenda urbana hace más de 20 años, en una discoteca llamada y recordada como el ‘Rancho Mancho’ en Zipaquirá, más exactamente en Los Cerros; en ese entonces era uno de los bailaderos más concurridos en Cundinamarca durante los años 90´s.

Pese a que era uno de los bares populares en esa época, era al que todos llegaban cuando las otras discotecas llegaban a su límite máximo de visitantes. En esa precisa noche fue así, allí recurrieron los jóvenes que querían pasar una noche agradable y no se querían quedar con las ganas de bailar y disfrutar.

En esa noche protagonista de esta historia, llegó un grupo grande al Rancho Mancho, entre ellos, había una joven que no superaba los 25 años, según un testimonio era una mujer linda y al parecer atlética, hasta esta fecha, se desconoce su identidad. Cuando la fiesta empezó a ponerse mejor, repartían trago y entre el mismo grupo de amigos, disfrutaban bailando cada canción.

Llegó la 1:00 a.m., y la joven empezó a conversar con un hombre delgado, pero con un rostro atractivo. Durante el transcurso de la fiesta, se empezó a notar la cercanía entre la joven y el desconocido, según cuentan, la afinidad y el gusto fue tanto, hasta el punto de que los dos se besaron. Por estar un ambiente de música, fiesta, y licor, normalizaron esta situación.

Llegando las 3:00 a.m., el acercamiento entre la joven pareja empezó a llamar la atención de los demás presentes, pues no paraban de bailar y en su momento de diversión soltaban carcajadas en el centro de la pista. Según, quien da la versión de esta historia, meses después se enteró que una amiga de la joven alcanzó a evidenciar que el hombre le susurraba al oído, y al parecer, lo que dijo la joven protagonista de esa noche, es que el desconocido le repetía que no le fuera a ver los pies.

Cuando todo parecía normal dentro de un ambiente de fiesta, sobre las 4:00 a.m. la puerta principal se cerró fuertemente, y la temperatura del establecimiento descendió de forma extraordinaria, lo que llevó a que los presentes se asustaran. En cuestión de segundos, todo se tornó en un momento de angustia, gritos y alaridos que suplicaban salir con urgencia, pero la puerta estaba imposible de abrir, de hecho, las personas mandaban sillas hacia las ventanas para romperlas y salir por allí, pero ni con los objetos lanzados, estas se rompían.

De la nada, una presencia aterrorizante apareció en medio de la pista, pues se trataba de un ser con pezuñas en lugar de pies, piernas de cabra y rostro humano, se presume que su estatura superaba los dos metros y que botaba carcajadas e insultos en contra de las personas que estaban alrededor. Lo que espeluznó por completo, es que él llamaba a muchos de los asistentes por su nombre y les avisaba para que se fueran preparando, porque a donde irían a parar en unos años, hacía más frío del que podrían imaginar.

Casi una hora después, sobre las 5:00 a.m., las puertas se lograron abrir y las personas salieron inmediatamente, de hecho, una de las últimas en evacuar el sitio fue la joven que bailó con el desconocido. Sobre ella, no se volvió a saber nada.

Quien contó esta historia, que se convirtió en una famosa leyenda urbana ocurrida en Zipaquirá, afirma que “la gente no suele creer en historias de ese estilo porque consideran que son puros cuentos para asustar niños, no importa si cree en el diablo o no, pero recuerde por si las moscas nunca mirarle los pies a alguien en una discoteca si se lo ha prometido”, concluyó el testigo de esta historia.

“La gente no suele creer en historias de ese estilo porque consideran que son puros cuentos para asustar niños”.

Información tomada del Medio de Comuniación: Las 2 Orillas.

Extrategia Medios
Equipo de redacción de Extrategia Medios

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