Buses y colectivos de servicio público de Chía, Funza, Mosquera, Madrid y Facatativá, bajo la lupa por sus emisiones contaminantes

La autoridad ambiental analiza con tecnología de modelamiento las partículas finas y ultrafinas que salen de los tubos de escape, en un programa voluntario en el que cuatro empresas con más de 500 vehículos ya participan.

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La Corporación Autónoma Regional de Cundinamarca (CAR) comenzó a medir las emisiones de los buses y colectivos que cubren las rutas entre Bogotá y cinco municipios de la Sabana. El objetivo es establecer qué vehículos tienen mejor desempeño ambiental y cuáles necesitan ajustes para reducir su impacto en la calidad del aire.

El programa se concentra, por ahora, en Chía, Funza, Mosquera, Madrid y Facatativá, municipios con un flujo importante de transporte intermunicipal. Hasta el momento, la entidad ha hecho sensibilización con 11 empresas de transporte, y cuatro de ellas ya hacen parte de la iniciativa, con una flota conjunta de algo más de 500 buses y colectivos.

¿Cómo se miden las emisiones de los buses?

El equipo técnico de la CAR realiza mediciones en terreno de las partículas contaminantes que expulsan los tubos de escape. Para el diagnóstico utiliza tecnología de modelamiento ambiental que, según la corporación, es única en Colombia.

Los equipos permiten establecer la densidad, el peso y la cantidad de partículas finas y ultrafinas que emite cada vehículo. Esa información les sirve a las empresas para identificar oportunidades de mejora en sus flotas.

Los tres frentes del programa:

La estrategia se divide en movilidad organizacional, autogestión ambiental y etiquetado ambiental vehicular.

El etiquetado es el componente que evalúa directamente a los buses. Tiene en cuenta la tecnología del vehículo, el combustible que usa, su antigüedad y los resultados de las mediciones de emisiones. Con ese análisis, cada compañía puede distinguir cuáles de sus unidades funcionan mejor en términos ambientales y cuáles requieren mantenimiento o ajustes.

La autogestión ambiental se enfoca en la operación de los vehículos: busca que las empresas definan medidas para usar sus flotas de manera más eficiente y disminuir su impacto. La movilidad organizacional, por su parte, indaga cómo se desplazan los trabajadores de las compañías y plantea alternativas como el transporte público, la bicicleta, los recorridos a pie, el teletrabajo o los horarios flexibles.

Qué ganan las empresas que participan:

Las compañías vinculadas podrán acceder al Sello Organizacional de la CAR, un distintivo con el que la entidad pretende reconocer sus esfuerzos y promover mejoras progresivas en sus operaciones.

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Alfred Ballesteros, director general de la CAR, explicó el alcance del enfoque: “Estas estrategias permiten abordar la movilidad de una empresa de manera integral, en la que hacen parte los colaboradores y sus desplazamientos, la gestión de la flota (…) y finalmente, los vehículos y el desempeño ambiental que cumplen”.

La participación en el programa es voluntaria. Los resultados dependerán de las acciones que cada empresa adopte a partir de los diagnósticos y de las mejoras que logre en sus vehículos.

La estrategia se divide en movilidad organizacional, autogestión ambiental y etiquetado ambiental vehicular.