El Arzobispo de Cartagena y quien fuera obispo de la Diócesis de Zipaquirá, Monseñor Jorge Enrique Jiménez Carvajal, anunció que será relevado próximamente de su cargo pastoral por Monseñor Francisco Múnera Correa, hasta el momento obispo de la Diócesis de San Vicente del Caguán (Caquetá).

Lo anterior se da porque el Papa Francisco aceptó la renuncia de Jiménez Carvajal al Gobierno Pastoral de la Arquidiócesis de Cartagena, donde sirvió durante 16 años después de haber sido 12 años Obispo de Zipaquirá.

El Arzobispo Jorge Enrique nació el 29 de marzo de 1949 en Bucaramanga y a partir de 1.959 realizó el Noviciado en la Congregación de Jesús y de María (Padres Eudistas). Estudió Filosofía en la Pontificia Universidad Javeriana de Bogotá y Teología en el Seminario Eudista de Valmaría en la misma ciudad.

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El 17 de mayo de 1964 se incorporó a la Congregación de Jesús y de María. Fue ordenado Presbítero el 17 de junio de 1967.

En el transcurso de su ministerio sacerdotal desempeñó sucesivamente los siguientes cargos:

  1. Formador en el Seminario Valmaría (1967-1971).
  2. Miembro de la Comunidad Eudista del Minuto de Dios y responsable del área social de la misma (1972-1978).
  3. Miembro del Equipo del Secretariado Nacional de Pastoral Social del Episcopado Colombiano (1975-1978).
  4. Director de Estudios del Instituto Teológico Pastoral del CELAM en Medellín (1979-1988).
  5. superior Provincial de la Congregación de Jesús y de María (1988-1992) y Secretario de la Confederación Latinoamericana de Religiosos (1989-1991)

El 9 de noviembre de 1992 fue nombrado por el Papa Juan Pablo II Obispo de Zipaquirá; recibió la consagración episcopal el 12 de diciembre del mismo año.

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Se ha desempeñado como Secretario General de la Conferencia Episcopal de Colombia (1993-1995), Secretario General del Consejo Episcopal Latinoamericano-CELAM (1995-1999) y presidente de este (1999-2003).

En la Curia Romana, en estos momentos, Monseñor Jorge Enrique es miembro de la Pontificia Comisión para América Latina y del Pontificio Consejo para los Operadores Sanitarios; en el CELAM es Responsable del Instituto Teológico Pastoral ITEPAL y, en la Conferencia Episcopal de Colombia, es miembro del Comité de Coordinación con el CELAM.

El 6 de febrero de 2004, Juan Pablo II lo nombró Arzobispo Coadjutor de Cartagena.

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El 24 de octubre de 2005 comienza a regir como nuevo Arzobispo de Cartagena, al aceptarle la renuncia el Papa Benedicto XVI a Monseñor Carlos José Ruiseco.

Después de que el Papa Francisco le aceptó su renuncia y se supo de su dimisión el periódico El Universal de Cartagena le hizo una entrevista al Arzobispo saliente, titulada: Monseñor Jorge Enrique Jiménez: “A uno lo ponen aquí para servir”.

El articulo del periodista Javier A. Ramos Zambrano y publicado por El Universal, el Periódico más importante de Cartagena el pasado domingo 28 de marzo, inicia indicando que al día siguiente (ayer 29 de marzo) cumplía 79 años el Arzobispo Jorge Enrique Jiménez Carvajal, y hace un recuento muy importante que a continuación con la venia de El Universal nos permitimos publicar.

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“A uno lo ponen aquí para servir”

Monseñor Jorge Enrique Jiménez

Foto de la Arquidiócesis de Cartagena.

Monseñor Jorge Enrique Jiménez Carvajal, arzobispo de Cartagena, cumplirá mañana 79 años (Ayer 29 de marzo) y, aunque confiesa que “las fuerzas se van acabando” y camina a paso lento, se ve firme y su memoria sigue intacta. Su mirada iluminada refleja la misma fe que tenía desde niño, cuando corría de su casa en Bucaramanga hasta la capilla del colegio de los Salesianos. Suspira para recordar: “Los padres Salesianos nos invitaban a los muchachos a que nos reuniéramos los domingos sobre todo, en deportes y varias actividades, pero especialmente para compartir en la eucaristía. En ese contacto, más la formación religiosa que recibí de mis padres, me pregunté a los 13 años, ¿por qué no ser religioso? Tomé la decisión y he vivido feliz”. Fue ordenado sacerdote el 17 de junio de 1967.

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Estudió filosofía en la Universidad Javeriana, le encanta la docencia y pertenece a la congregación religiosa de los padres Eudistas.

Transmite esa felicidad en cada gesto, cada palabra, es un hombre alegre, lleno de paz, pese a haber pasado pruebas difíciles, como la del secuestro en 2002 en el municipio de Topaipí (Cundinamarca), por miembros de las Farc. Aquel domingo 10 de noviembre, el entonces obispo de Zipaquirá salió con el cura párroco del municipio de Pacho, Desiderio Orjuela, a confirmar a varios jóvenes en un colegio de la región.

En una trocha fueron interceptados por la guerrilla. “Al padre Desiderio le dijeron que se bajara y se fuera, pero él dijo ‘yo no abandono a mi obispo’ y nos llevaron a ambos”. En el camino, monseñor empezó a orar, lo hizo más fuerte cuando lo amenazaron con amordazarlo si no se callaba. En cautiverio siguió orando, ya no solo, sino con varios de sus captores. “Uno de ellos, podía tener 17 o 18 años, se me acercó y me dijo que yo lo había confirmado años antes en un colegio cercano, me acordé porque era una escuela que estaban inaugurando en el campo y me invitaron. Ese mismo muchacho se escapó la noche siguiente”, recuerda.

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Como un ángel caído del cielo, llegó a la Policía con la información de la ubicación de los religiosos. Al día siguiente se empezaron a escuchar los helicópteros del Ejército sobrevolando la zona. De repente, el grito estentóreo del sargento Mejía: “Monseñor, es hombre libre”. Los rescataron.

“Fueron 8 días de secuestro que parecieron años, bajo la lluvia muchas noches y caminando entre montañas, es increíble cómo soportan las personas secuestradas tanto tiempo, con perder un solo día la libertad es tortuoso, porque si uno no se muere por las balas, se muere por las condiciones”, dijo.

Su llegada a Cartagena

Monseñor admite que conocía muy poco de Cartagena cuando en 2004 fue nombrado arzobispo de la ciudad por el papa Juan Pablo II. La Arquidiócesis comprende, además de Cartagena, 18 municipios, prácticamente llega hasta los Montes de María.

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“La mayoría del tiempo viví en Zipaquirá, 12 años. No conocía el alma del cartagenero. Cuando me llamó el nuncio apostólico y me dijo ‘te vas para Cartagena’, dije: estoy disponible y voy con todo el cariño a aprender. Así me vine. Lo primero es conocer la gente y su cultura, muy diferente al imaginario que trae uno del interior. En la parte religiosa fue una gran sorpresa, porque es una gente que ha sido formada en la fe luchadora, y para luchar se requiere fe”.

Durante estos 17 años ha ordenado a más de 70 sacerdotes y actualmente el 90% son costeños. “Escuché que los costeños eran madera no tan buena para ser curas y me llevé la sorpresa. Me encontré con un grupo de sacerdotes que provenían más de Antioquia y Caldas, y un 50% de aquí, de la Costa, por eso una de las tareas más interesantes es trabajar para buscar sacerdotes. El Seminario de Turbaco es una belleza, llegan los candidatos de aquí, de Cartagena, también de la Diócesis de Montería, de Sincelejo, de Magangué. Se mantienen 100 alumnos, de los cuales, el 60% es de Cartagena. Son 8 años para formarlos en todos los aspectos de la vida. Hay un fenómeno bonito, y es que se están motivando muchachos profesionales o que están terminando su carrera”.

También destaca el trabajo con los laicos. Cada año se realiza la Fiesta Diocesana con el fin de concentrar a los ministros laicos para servir en ocho campos diferentes, entre otros, para comunicar la palabra de Dios, para ayudar en la celebración eucarística, para servir a los pobres y para formar el canto litúrgico. “El año pasado, en junio, instituimos seis mil ministros laicos, entre hombres y mujeres. Obviamente las mujeres son las que más participan, pero hemos incrementado el número de hombres”.

¿Y ahora qué viene?

Monseñor Francisco Javier Múnera Correa.

El Papa Francisco nombró a monseñor Francisco Javier Múnera Correa como nuevo arzobispo de Cartagena, quien estará a la cabeza de la Iglesia Católica local desde el 22 de mayo. Para finalizar, le pregunto a monseñor Jorge Enrique Jiménez a qué se dedicará.

“En alguna parte todavía uno puede servir en algo, y eso es lo que estoy estudiando, en lo poco que pueda servir, porque las fuerzas se van acabando, tengo 79 años, ya recibí la primera dosis de la vacuna anti-covid y es un alivio, pero las fuerzas van bajando, en alguna parte podré servir, pero no lo he decidido”, concluyó monseñor con voz melancólica.

En palabras de monseñor Jiménez Carvajal

Foto de la Arquidiócesis de Cartagena.

“El trabajo mío lo considero fascinante, porque tiene una línea transversal. A uno lo ponen para servir a todas las clases sociales, a hombres, mujeres, a diversas culturas, en lo religioso, pero desde lo religioso a dar el aporte también que la iglesia tiene que dar en lo social, cultural, político. No es un oficio de horarios fijos”.

“Llevo 53 años en el servicio religioso, de los cuales 28 como obispo. Entonces uno se mueve en muchos servicios, por eso no hay sábados, ni domingos, ni vacaciones”.

“En lo específico de lo religioso, uno tiene que llegar al interior, a la vida particular de las personas, a su sufrimiento, anécdotas, sus necesidades. Pero igualmente en lo social uno tiene que llegar a su estómago. Y hay que llegar a la mente de la gente, hay que ayudar mucho en la parte educativa, la educación es fundamental en el servicio religioso”.

“Llevo 53 años en el servicio religioso, de los cuales 28 como obispo. Entonces uno se mueve en muchos servicios, por eso no hay sábados, ni domingos, ni vacaciones”.

Foto portada: Monseñor Jorge Enrique Jiménez Carvajal – Foto tomada del Facebook de la arquidiócesis de Cartagena.

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