Colombia despide a uno de los corredores que ayudó a construir la grandeza del ciclismo nacional. Rafael Antonio Niño Munévar, recordado como el “Niño de Cucaita”, falleció este jueves 9 de julio de 2026, a los 76 años, tras varios quebrantos de salud que habían generado preocupación entre familiares, allegados y seguidores del deporte de las bielas.
Su partida enluta a varias generaciones de aficionados que crecieron escuchando su nombre en las carreteras del país, en las transmisiones radiales y en las páginas deportivas que narraron una época dorada del ciclismo colombiano. Niño no fue un corredor más dentro del pelotón: fue un referente de disciplina, resistencia y carácter competitivo.
Nacido el 11 de diciembre de 1949 en Cucaita, Boyacá, Rafael Antonio Niño hizo de la bicicleta una forma de vida y convirtió su municipio natal en un punto obligado dentro de la memoria deportiva del país. Desde las montañas boyacenses proyectó una carrera que lo llevó a ocupar un lugar privilegiado entre los grandes pedalistas colombianos.
El boyacense que dominó las carreteras colombianas
Rafael Antonio Niño alcanzó una marca que sigue siendo una de las más imponentes del ciclismo nacional: ganó seis veces la Vuelta a Colombia. Sus títulos llegaron en 1970, 1973, 1975, 1977, 1978 y 1980, una serie de triunfos que lo consolidó como el máximo vencedor de la competencia más tradicional del país.
A esa trayectoria se suman cinco coronas en el Clásico RCN, otra de las carreras más importantes del calendario ciclístico colombiano. Con esos resultados, el corredor boyacense se convirtió en una figura de referencia para el deporte nacional y en un símbolo de la fortaleza de los ciclistas formados en la geografía andina.
Su historia deportiva comenzó a tomar fuerza en 1970, cuando ganó la Vuelta de la Juventud y, poco después, sorprendió al país al imponerse también en la Vuelta a Colombia. Desde ese momento, su nombre empezó a quedar ligado a las grandes gestas del pedalismo nacional.
Un corredor completo, sereno y difícil de vencer
Niño se destacó por ser un ciclista de amplio repertorio. Tenía fortaleza para la montaña, capacidad para sostener el ritmo en el terreno llano y condiciones sobresalientes para las pruebas contrarreloj. Esa mezcla de resistencia, inteligencia y potencia le permitió marcar diferencia frente a varios de los mejores corredores de su generación.
No era un deportista de gestos excesivos. Su estilo estaba marcado por la sobriedad, la regularidad y la capacidad de responder en los momentos más exigentes de carrera. En los ascensos, en las etapas largas y en las jornadas decisivas, el “Niño de Cucaita” imponía presencia con el pedaleo.
Durante las décadas de 1970 y 1980, su figura se convirtió en una de las más admiradas por los seguidores del ciclismo colombiano. En una época en la que las competencias se vivían con intensidad por la radio y las llegadas reunían multitudes, Rafael Antonio Niño fue uno de los nombres que despertó orgullo en los hogares y en las carreteras del país.
Su paso por Europa y su aporte después del retiro
La carrera del pedalista también tuvo un capítulo internacional. En 1974 participó en el Giro de Italia con el equipo Jolly Ceramica, una experiencia que hizo parte de los primeros pasos del ciclismo colombiano en escenarios europeos de alto nivel.
Aunque su mayor reconocimiento se construyó en las carreteras nacionales, esa participación en Europa mostró el alcance de su talento y abrió una ruta que, años después, otros pedalistas colombianos continuarían en las grandes competencias del mundo.
Tras dejar la actividad como corredor, Niño siguió vinculado al ciclismo desde la dirección técnica. Su conocimiento de carrera, su lectura del pelotón y su experiencia acumulada lo mantuvieron cerca de nuevas generaciones de deportistas. También hizo parte del proyecto Café de Colombia, una de las escuadras más recordadas en la expansión internacional del ciclismo nacional.
Semblanza de Rafael Antonio Niño: el orgullo de Cucaita sobre dos ruedas
Hablar de Rafael Antonio Niño es hablar de una historia profundamente ligada al campo, a la montaña y a la perseverancia. Su vida deportiva representa el camino de muchos talentos de provincia que encontraron en la bicicleta una oportunidad para transformar su destino y dejar una huella en el país.
En Cucaita, su nombre trasciende el resultado deportivo. Allí, Rafael Antonio Niño es parte de la identidad local, de la memoria colectiva y del orgullo boyacense. Su carrera llevó el nombre de este municipio a los relatos nacionales del ciclismo y lo ubicó en el mapa sentimental de los aficionados.
El “Niño de Cucaita” hizo parte de una generación que ayudó a formar la imagen del ciclista colombiano fuerte, resistente y valiente frente a la montaña. Su legado no solo está en los trofeos, sino en la inspiración que dejó para quienes vieron en él un ejemplo de constancia y entrega.
Su fallecimiento cierra un capítulo doloroso para el deporte colombiano, pero su nombre seguirá rodando en la memoria de las carreteras. Rafael Antonio Niño deja una obra deportiva difícil de igualar: seis Vueltas a Colombia, cinco Clásicos RCN, una vida dedicada al ciclismo y el reconocimiento permanente de un país que lo recordará como uno de sus grandes campeones.

Su trayectoria convirtió a Cucaita, Boyacá, en un nombre imborrable dentro de la memoria deportiva del país.













