A lo que serían nuevas restricciones para el uso de celulares y otros dispositivos con pantalla en los colegios de Bogotá se suma el respaldo de distintos sectores que piden priorizar la atención, la convivencia y el aprendizaje de los estudiantes.
La concejal María Clara Name Ramírez, coordinadora de la Bancada por la Niñez del Concejo de Bogotá, expresó su respaldo a la iniciativa de la Secretaría de Educación que busca establecer restricciones diferenciadas según la edad de los estudiantes y su ciclo escolar.
La propuesta apunta especialmente a regular el uso de estos dispositivos durante las clases y los descansos, con el propósito de reducir las distracciones y favorecer espacios de mayor interacción entre niños, niñas y adolescentes.
Menos pantallas y mayor atención en las aulas
Para Name Ramírez, establecer límites no implica rechazar la tecnología ni desconocer su utilidad dentro de los procesos educativos. El objetivo, señaló, debe ser encontrar un equilibrio que permita aprovechar las herramientas digitales sin que interfieran permanentemente con el aprendizaje, la concentración o las relaciones entre estudiantes.
La concejal sostuvo que los colegios cumplen una función que supera la formación académica, pues también son escenarios en los que los estudiantes aprenden a comunicarse, jugar, relacionarse con otras personas, gestionar diferencias y construir vínculos.
Desde esa perspectiva, consideró necesario que el uso de dispositivos tecnológicos esté sujeto a reglas que respondan a las edades y necesidades de cada comunidad educativa.
“Poner límites al uso de pantallas no significa estar en contra de la tecnología. Significa proteger la atención, el aprendizaje, la convivencia y el desarrollo integral de nuestros niños, niñas y adolescentes”, manifestó.
Tecnología como herramienta y no como distracción permanente
Uno de los planteamientos centrales de la propuesta es que celulares, tabletas y otros dispositivos puedan utilizarse cuando tengan una finalidad pedagógica, pero que su presencia no termine convirtiéndose en un elemento permanente de distracción durante la jornada escolar.
La concejal señaló que una eventual regulación debería traducirse en menos interrupciones, mayor concentración, más interacción presencial entre estudiantes y mejores condiciones para el aprendizaje.
La discusión también alcanza los espacios de descanso, donde el uso constante de pantallas puede disminuir las oportunidades de conversación, recreación y socialización entre los estudiantes.
Familias y colegios también tendrían responsabilidades
La coordinadora de la Bancada por la Niñez advirtió, además, que cualquier regulación tendrá mayores posibilidades de funcionar si no se limita exclusivamente a las instituciones educativas.
Familias, docentes, autoridades y comunidad deberán participar en la construcción de hábitos digitales responsables y acompañar a los menores de edad en la forma como utilizan celulares, redes sociales y otros dispositivos.
“Esta tarea no puede recaer únicamente en los colegios. Familias, docentes, instituciones y sociedad debemos trabajar juntos para construir hábitos digitales saludables”, indicó la concejal.
Este enfoque plantea que las restricciones dentro de las aulas deben complementarse con procesos de orientación y acompañamiento fuera de ellas, particularmente frente al tiempo que niños y adolescentes permanecen conectados.
No se trataría de una prohibición absoluta de celulares
La propuesta tampoco estaría concebida como una orden general para retirar todos los teléfonos de los colegios.
Según explicó, se busca avanzar hacia un marco que permita a cada institución educativa definir de qué manera se aplican las restricciones y cómo estas reglas se integran a sus manuales y dinámicas de convivencia.
De esta manera, podrían contemplarse diferencias dependiendo de la edad de los estudiantes, el nivel educativo, las actividades pedagógicas y las circunstancias particulares de cada colegio.
“La propuesta no pretende simplemente decir ‘celulares prohibidos’. El enfoque es construir un marco para que cada institución establezca cómo se implementan estas reglas”, sostuvo.
La discusión abre así un nuevo escenario para colegios y familias de Bogotá frente a una realidad cotidiana: cómo incorporar la tecnología en la educación sin permitir que las pantallas sustituyan la atención, la conversación, el juego y la convivencia presencial durante etapas determinantes del desarrollo.
Para la concejal, el mensaje que debe acompañar esta discusión es concreto: “La tecnología puede esperar. La infancia y la adolescencia no. Poner límites también es educar, cuidar y proteger”.

Las restricciones se aplicarían principalmente durante las clases y los descansos, con criterios diferentes según la edad de los estudiantes.












