El Ministerio de las Culturas anunció la asignación del código 70 al viche, bebida destilada tradicional de las comunidades Negras, Afrocolombianas, Raizales y Palenqueras (NARP) del Pacífico colombiano. Con este número, la manifestación artesanal y ancestral cuenta por primera vez con una identificación propia dentro del sistema de certificación de precios del país, lo que abre la puerta a su comercialización formal en el mercado nacional.
El número escogido no es arbitrario: hace referencia directa a la Ley 70 de 1993, norma que protege los derechos colectivos de estas comunidades. La iniciativa fue impulsada por el Comité Interinstitucional del Viche, instancia que lidera MinCultura junto con el DANE, la Federación Nacional de Departamentos, el Invima y la Vicepresidencia de la República.
¿Qué cambia en la práctica para quienes producen y venden viche?
La asignación del código habilita la venta del viche en presentaciones comerciales estandarizadas: 375 ml, 750 ml y litro, entre otras. Esto significa que productores y comercializadores podrán operar dentro de los marcos legales vigentes, acceder a registros formales y competir en circuitos económicos de los que antes estaban excluidos por la ausencia de una clasificación oficial. En la práctica, se reduce la informalidad que ha caracterizado históricamente la cadena de producción y distribución de esta bebida.
¿Qué talleres planea el Gobierno para difundir esta medida en el Pacífico?
A partir de julio de 2026, MinCultura desarrollará talleres territoriales en los cuatro departamentos del Pacífico: Chocó, Valle del Cauca, Nariño y Cauca. El objetivo es promover la asociatividad entre productores y socializar el Plan Especial de Salvaguardia (PES) del Paisaje Cultural Vichero, adoptado formalmente mediante la Resolución 0760 del 30 de diciembre de 2025.
¿Por qué el viche es un Bien de Interés Cultural y qué implica esa categoría?
Desde finales de 2025, el viche es reconocido como Bien de Interés Cultural del Ámbito Nacional. El PES que lo respalda adopta un enfoque de paisaje cultural, lo que implica que la protección no recae únicamente sobre la técnica de destilación. El plan reconoce todo el entorno que rodea al viche: desde el cultivo de caña nativa en lotes colectivos hasta las prácticas espirituales del Muntú Bantú, sistema de creencias que vincula a las comunidades con sus ancestros y con la naturaleza.
El código 70 representa el primer paso concreto hacia la inserción del viche en la economía formal del país, después de décadas en las que su producción existió en los márgenes legales. La conexión simbólica con la Ley 70 de 1993 refuerza el carácter político de la medida: no se trata solo de un registro comercial, sino de un reconocimiento del vínculo entre esta bebida y los derechos territoriales y culturales de las comunidades NARP.
No se trata solo de un registro comercial, sino de un reconocimiento del vínculo entre esta bebida y los derechos territoriales y culturales de las comunidades NARP.











