temporada de lluvias con registros atípicos se ha convertido en un fenómeno de amplio impacto territorial, con emergencias acumuladas, comunidades afectadas y un sistema de respuesta que se mantiene en máxima alerta.
Las precipitaciones por encima de los promedios habituales no solo han alterado el ritmo de las regiones, sino que han puesto a prueba la capacidad de adaptación de los territorios. La saturación de los suelos, sumada a la intensidad de las lluvias, ha incrementado la probabilidad de eventos de alto impacto como deslizamientos, inundaciones, crecientes súbitas, avenidas torrenciales y vendavales.
En este contexto, el país ya supera las 600 emergencias en lo corrido de 2026, registradas en 328 municipios de 24 departamentos. El balance es contundente: al menos 155.000 familias damnificadas. Departamentos como Cundinamarca, Huila, Valle del Cauca, Caldas, Antioquia y Córdoba concentran buena parte de estas afectaciones.
Las cifras reflejan la presión sobre el territorio: 295 movimientos en masa, 160 inundaciones, 73 vendavales y 65 crecientes súbitas. Detrás de cada número hay comunidades enfrentando pérdidas, interrupciones en su cotidianidad y una creciente exposición al riesgo.
Lluvias en expansión: monitoreo permanente en regiones estratégicas
Desde mediados de marzo, la primera temporada de lluvias se consolidó en amplias zonas del país. De acuerdo con el Instituto de Hidrología, Meteorología y Estudios Ambientales (IDEAM), este ciclo se extenderá hasta junio en la región Andina, el Caribe y sectores del piedemonte de la Orinoquía.
Sin embargo, el comportamiento del clima no se limita a patrones estacionales. La incidencia de fenómenos de corta duración, como las ondas tropicales, está intensificando las precipitaciones, especialmente en el centro y norte del país. Este factor incrementa la incertidumbre y eleva el nivel de riesgo en zonas ya vulnerables.
En paralelo, la Dirección General Marítima (DIMAR) sostiene un seguimiento constante en el Caribe y el Pacífico colombiano. Variables como la altura del oleaje, los vientos y las corrientes son monitoreadas en tiempo real por sus centros de investigación, permitiendo anticipar escenarios que puedan afectar la navegación y la seguridad en zonas costeras.
Un giro en el horizonte: alerta por posible fenómeno de El Niño
Mientras las lluvias mantienen bajo presión a múltiples regiones, las autoridades proyectan un cambio de escenario hacia el segundo semestre del año. El IDEAM, la DIMAR y la Unidad Nacional para la Gestión del Riesgo de Desastres (UNGRD) advierten sobre la posible evolución hacia un fenómeno de El Niño, según modelos climáticos internacionales.
Este anuncio introduce un contraste significativo: de un periodo de exceso de lluvias a un escenario de déficit hídrico. Ante esta posibilidad, se ha declarado el estado de vigilancia, lo que implica seguimiento permanente, activación de capacidades institucionales y preparación anticipada en los territorios.
Los efectos asociados a este fenómeno incluyen disminución de precipitaciones, aumento de temperaturas, reducción de caudales en ríos y fuentes hídricas, incremento del riesgo de incendios forestales y eventuales afectaciones en el suministro de agua.
Prepararse para dos extremos: el llamado a las autoridades
El panorama exige decisiones inmediatas. La UNGRD reiteró el llamado a gobernadores, alcaldes y Consejos Territoriales de Gestión del Riesgo para fortalecer las acciones de prevención y respuesta.
En medio de la actual temporada de lluvias, las recomendaciones son concretas: activar planes de contingencia, identificar y monitorear puntos críticos, y garantizar recursos suficientes en los Fondos Territoriales de Gestión del Riesgo para atender emergencias de manera oportuna.
De cara al posible fenómeno de El Niño, el enfoque cambia, pero la urgencia se mantiene. Las autoridades deben anticipar escenarios de sequía, promover el uso eficiente del agua, identificar zonas con alta susceptibilidad a incendios forestales y actualizar sus estrategias de respuesta.
Un año de contrastes extremos
La articulación entre la UNGRD, el IDEAM, la DIMAR y el Sistema Nacional de Gestión del Riesgo de Desastres se convierte en el eje de la respuesta institucional. El monitoreo continuo de las condiciones climáticas, meteorológicas y oceánicas permitirá anticipar riesgos, emitir alertas y fortalecer la capacidad de reacción en todo el país.
Colombia enfrenta un año marcado por contrastes: lluvias intensas que golpean el presente y una posible sequía que ya se perfila en el horizonte. En ese escenario, la preparación no es una opción, sino una necesidad inmediata.

Más de 600 emergencias registradas en
328 municipios de 24 departamentos













