En Soacha, donde los reportes por olores ofensivos se han vuelto recurrentes, comenzó a operar un equipo que promete cambiar la forma en que se detectan y analizan las emisiones que afectan a la comunidad. Se trata de un cromatógrafo portátil, diseñado para identificar en campo los compuestos responsables de estas molestias, sin necesidad de trasladar muestras a laboratorios fijos.
El dispositivo funciona como un laboratorio móvil que se instala directamente en los puntos críticos. Desde allí, realiza mediciones en tiempo real y permite rastrear la composición de los olores que impactan el entorno, reduciendo la incertidumbre que durante años ha rodeado este tipo de problemáticas.
Su permanencia inicial será de seis meses, periodo en el que se concentrará en zonas donde las denuncias han sido constantes. Posteriormente, podrá ser trasladado a otros municipios según la dinámica de la calidad del aire.
De percepciones a evidencia técnica: el cambio en la forma de medir los olores
Hasta ahora, el monitoreo de olores se apoyaba en mediciones generales que dificultaban identificar con precisión el origen de las emisiones. Con esta tecnología, el panorama cambia: el equipo es capaz de analizar hasta siete variables específicas, lo que permite descomponer el fenómeno y ubicar con mayor exactitud los compuestos responsables.
Entre las sustancias que puede detectar se encuentran azufres y amoníaco, comúnmente asociados a procesos industriales y actividades productivas. Esta capacidad no solo mejora el diagnóstico, sino que abre la puerta a intervenciones más focalizadas.
Además, el sistema permite realizar mediciones simultáneas en distintos puntos, ampliando la cobertura y ofreciendo una visión más completa del comportamiento de los olores en el territorio.
Información en tiempo real para decisiones más precisas
El monitoreo deja de ser un proceso diferido para convertirse en una herramienta de análisis inmediato. La tecnología incorpora un sistema de calibración continua que garantiza la confiabilidad de los datos, un elemento determinante cuando se trata de sustentar acciones de control ambiental.
“Esta tecnología —única en Latinoamérica— permite obtener información en tiempo real, evaluar la calidad del aire y orientar acciones concretas en territorio”, explicó el director general de la Corporación Autónoma Regional (CAR), Alfred Ignacio Ballesteros Alarcón.
La capacidad de respuesta se fortalece en escenarios donde la comunidad exige soluciones rápidas frente a afectaciones persistentes.
El reto de validar y certificar el sistema ante el IDEAM
La operación del cromatógrafo marca el inicio de un proceso más amplio. La autoridad ambiental avanzará en la validación técnica del sistema con el objetivo de obtener la acreditación del IDEAM, lo que permitirá respaldar oficialmente los datos generados.
Este paso es determinante para que la información recolectada no solo sirva como diagnóstico, sino también como soporte para decisiones regulatorias y eventuales medidas frente a fuentes contaminantes.
En un horizonte de seis meses, se espera consolidar un volumen de datos suficiente para estructurar planes de intervención y promover ajustes en las prácticas de los sectores involucrados.
Un giro en el control ambiental: del reporte ciudadano a la acción focalizada
El despliegue de este laboratorio móvil introduce un cambio en la gestión de la calidad del aire. Las quejas ciudadanas dejan de ser el único punto de partida y se complementan con evidencia técnica que permite actuar con mayor precisión.
La estrategia apunta a cerrar la brecha entre lo que perciben las comunidades y lo que se puede demostrar científicamente, un aspecto determinante en territorios donde los conflictos ambientales han escalado.
Con este enfoque, la CAR busca consolidar un sistema de monitoreo más riguroso, capaz de identificar fuentes, anticipar riesgos y responder de manera directa a una problemática que impacta la vida diaria de miles de personas.
Detecta compuestos como azufres y amoníaco
vinculados a procesos industriales.











