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La exigencia que hizo Vicente Fernández en 1995 para cantar en Medellín

Por: Guillermo Romero Salamanca
A principios de la década de los noventa, un periodista bautizó a Vicente Fernández como “el Sinatra de la ranchera”. Y era verdad. Con su prodigiosa voz, el ídolo de la música mexicana dominaba el continente desde Alaska hasta Chile. Decenas de emisoras pasaban sus canciones y los establecimientos bailables y de relajamiento etílico motivaban a sus clientes con sus canciones.

Para esa época ya había filmado más de 20 películas. Las más populares fueron “La Ley del Monte” y “El Rey”. Ya había grabado más de 100 discos con Sony Music y llegaba con éxitos como “Volver volver”, “Las llaves de mi alma”, “Que te vaya bonito”, “Aunque me duela el alma”, “Lástima que seas ajena” y “Qué de raro tiene”, entre otros. Sus temas acompañaban telenovelas como “La Mentira” y Vicente recibió un apoteósico homenaje en el “Paseo de la fama de Hollywood”. La mítica revista Billboard lo incluyó en «El Salón de la Fama«.

Conciertos desde Nueva York, Los Ángeles, Miami, Chicago, Acapulco, Monterrey, Bogotá, Caracas y San Juan de Puerto Rico eran famosos.

En Medellín, el promotor discográfico Óscar Serna, lloraba cantando uno de los éxitos del momento. Estaba despechado, impaciente, emocionado y entonaba: “A los que al contemplarme rodando en el fango quisieron llorar, a los que se pregunten por qué mi talento no pudo triunfar, a los que me juzgaron sin darme derecho, siquiera de hablar”.

Serna había terminado su contrato laboral con Codiscos, unas semanas atrás. Tenía ilusiones, pero esa canción le pegaba hasta el fondo del alma.

Por esos días llamó al gran empresario Enrique Quintero, que en paz descanse y le dijo: “Don Enrique, ¿qué posibilidades tendríamos para traer a Medellín a Vicente Fernández?”. El esposo de doña Lesbia le contestó que ya Armín Torres había abierto las puertas para Colombia y que lo intentaría.

Don Enrique llamó a México, le dieron una cita para ir a la Finca Los Potrillos y le comentó a Óscar que debían viajar hasta allá. Serna se emocionó y comentó del tema a sus amigos de la radio, la promoción y la industria del disco. “Vicente Fernández vendrá a Medellín”.

Viajaron a México y fueron hasta la finca del ídolo ranchero.

Tanto Vicente como su mánager escucharon la propuesta, concertaron el precio, comentaron sobre las canciones que más sonaban y claro, Óscar le suplicó que incluyera “Qué de raro tiene” del maestro Martín Urieta.

–Miren señores, les dijo Vicente. A mí me han hablado bastante de Medellín. Me encantaría cantar allá, me gusta su gente, las mujeres son las más hermosas, me han comentado que el aguardiente viene sabroso, sólo tengo una solicitud para ir.

Los dos empresarios se miraron extrañados e inquietos por saber cuál sería la exigencia.

–Escuchamos su petición don Vicente, le dijo tembloroso Óscar.

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–Yo quiero un sonido espectacular, para un sitio grande. Quien contrata a Vicente nunca pierde y si le pasa, yo le devuelvo el dinero. Pero mi exigencia está en que mi hijo Alejandro cante allí sus primeras canciones.

Sería el debut del “potrillo” de Vicente.

–También cantará Darío Gómez, “El Rey del despecho”, se apresuró a decir Óscar.

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–Me parece muy bien ese señor, gran compositor y excelente cantante. Ustedes dirán si quieren que yo vaya, pero solo voy, si canta mi hijo.

–No hay problema don Vicente, contestó presuroso don Enrique. Óscar, emocionado le estrechó la mano fuerte del cantante que había vendido a esa fecha casi cien millones de copias y dominaba el panorama artístico del momento.

Tan pronto regresaron a Medellín, las emisoras de Medellín querían en exclusiva la transmisión del concierto. Óscar se convirtió en un personaje. Lo entrevistaban acá y allá. Decían que él había llevado ya a Medellín a Juan Gabriel, Camilo Sesto, Julio Sabala, Raphael y Paloma San Basilio, entre otros.

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Le pedían cantar y él, con su voz ronca, entonaba “Que de raro tiene”. Estaba enamorado en esos días y lloraba siempre con esa canción. Recordaba su época de promotor de Codiscos donde hizo éxitos del “Disco del Amo”, “El Binomio de Oro”, “El Combo de las Estrellas”, Paloma San Basilio, Raphael y Yuri, entre otros.

“Una vez, contaba, llevamos abanicos para el Festival Vallenato. Improvisé como cuidador infantil, incluso, mientras mis jefes tenían reuniones con las directivas del encuentro musical, pero todo era por la causa: hacer éxitos”.

Óscar concretó al Estadio Atanasio Girardot, consiguió sonido de la ciudad, Bogotá y Cali para cumplir con las exigencias. Contrató a Darío Gómez, quien entonó sus éxitos y estaba en uno de sus más altos momentos de popularidad.

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Unas semanas antes del concierto a Óscar le llegó el álbum “Que seas muy feliz” de Alejandro Fernández. Medellín sería su debut internacional para el joven de escasos 25 años. Había nacido el 24 de abril de 1971. Escuchó el trabajo una y otra vez con Elkin “El Champion” Muñoz, director en ese momento de Olímpica Estéreo y determinaron imponer “Como quien pierde una estrella”.

Se hizo un hit la canción y el 15 de junio de 1995 hizo el debut “El Potrillo” y escuchó emocionado a las 50 mil personas que fueron al Atanasio Girardot cómo cantaban: “Te quiero, lo digo como un lamento, como un quejido que el viento, se lleva por donde quiera”.

Fue una locura, Alejandro estaba emocionado, pero Vicente no cabía de la dicha. Al terminar la canción subió a la tarima y dijo: “Gracias Medellín por este hermoso regalo a mi hijo”.

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Óscar abrazó a don Enrique Quintero.

Prometieron que seguirían contratando a Vicente para Medellín como lo hicieron dos años más tarde e, incluso, lo llevaron a Bucaramanga, donde las cosas no salieron como esperaban.

De todas formas, cuando Óscar está ahora en la tranquilidad de su casa, pone la canción de su alma y entona de nuevo: “A todos los que quieran saber mi tragedia, se las voy a contar. Todas las mujeres, ejercen en mi alma, un raro poder…”, reza por la salud de su ídolo en estos momentos y sus ojos se humedecen. “Fueron momentos inolvidables”, dice el promotor y empresario artístico.

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Fue una locura, Alejandro estaba emocionado, pero Vicente no cabía de la dicha.

Foto portada: Vicente Fernández, Óscar Serna y Darío Gómez. Foto enviada por Guillermo Romero Salamanca.

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Equipo de redacción de Extrategia Medios

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