La Estación del Tren de Zipaquirá: el emblema que impulsó el desarrollo de la ciudad de la sal, dejando huella en la literatura y la música

Desde la llegada del Ferrocarril del Norte en 1898 hasta su papel actual como referente cultural y turístico, la Estación del Tren conserva relatos de viajeros, comerciantes, carameleras, Gabriel García Márquez, Jorge Velosa y una ciudad que creció al ritmo de la sal y de las locomotoras.

Por
Luis Alfonso Martínez Correa
Periodista con más de 25 años de trayectoria en el oficio, fundador y director general de Extrategia Medios, uno de los medios digitales regionales más reconocidos...
18 min de lectura
La Estación del Tren de Zipaquirá durante las primeras décadas del siglo XX. En la imagen se observa una locomotora preparada para partir, mientras pasajeros y habitantes de la época se congregan en uno de los principales puntos de encuentro y movilidad de la ciudad. Imagen de archivo.
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Durante décadas, miles de viajeros llegaron a Zipaquirá observando por las ventanas de un tren los paisajes de la Sabana de Bogotá antes de descender en una estación que terminaría convirtiéndose en uno de los símbolos más reconocidos de la ciudad.

Allí se encontraron comerciantes, mineros, estudiantes, familias enteras y visitantes que buscaban conocer la riqueza salinera de la región. También fue el escenario donde se mezclaron las historias de las tradicionales carameleras, la inspiración de la música carranguera, el paso de personajes que marcaron la cultura colombiana y el desarrollo económico de una ciudad que encontró en el ferrocarril una de sus principales herramientas de progreso.

La Estación del Tren de Zipaquirá, conocida tradicionalmente como Estación Tres Esquinas, no es solamente una construcción patrimonial. Su historia está ligada al crecimiento urbano de la ciudad, a la consolidación de la industria de la sal, a la expansión del comercio regional y a la transformación de las formas de movilidad en Colombia. Cada ladrillo, cada andén y cada espacio de este inmueble conservan fragmentos de una época en la que el tren representaba el principal vínculo entre la Sabana y el resto del país.

El ferrocarril que transformó la economía de la región

La historia ferroviaria de Zipaquirá comenzó mucho antes de la construcción de la estación actual. A finales del siglo XIX, el país impulsó el desarrollo del Ferrocarril del Norte, una obra concebida para conectar Bogotá con el río Magdalena y facilitar el acceso a los principales corredores comerciales de Colombia.

La construcción del tramo férreo hacia el norte inició en 1889 y avanzó gradualmente hasta alcanzar el Puente del Común en 1894, Cajicá en 1896 y finalmente Zipaquirá en 1898. La llegada del tren marcó un antes y un después para la ciudad.

Por primera vez, la sal extraída de las minas zipaquireñas pudo transportarse de manera más eficiente hacia Bogotá y otras regiones del país. Lo mismo ocurrió con el carbón, los productos agrícolas y diferentes mercancías que encontraron en el ferrocarril una alternativa rápida y confiable para llegar a nuevos mercados.

La ciudad comenzó a consolidarse como uno de los principales centros económicos de la Sabana de Bogotá. El movimiento constante de pasajeros y carga impulsó la actividad comercial, fortaleció la generación de empleo y favoreció la expansión urbana alrededor del corredor férreo.

El nacimiento de una de las edificaciones más representativas de Zipaquirá

Aunque el tren llegó a la ciudad en 1898, la estación que actualmente se conserva fue construida varias décadas después.

La edificación comenzó a levantarse durante los años veinte del siglo pasado y fue inaugurada oficialmente el 8 de diciembre de 1927. Su diseño arquitectónico, asociado al neoclasicismo francés, reflejaba la importancia que el ferrocarril tenía para el desarrollo económico nacional.

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Vista de la fachada de la Estación del tren de Zipaquirá, edificio inaugurado en 1927 y estrechamente ligado al desarrollo ferroviario, comercial y urbano de la ciudad de la sal. Fotografía tomada en 2017, vista desde el Parque de La esperanza. Foto: Extrategia Medios.

La autoría del proyecto continúa siendo objeto de análisis entre investigadores y expertos en patrimonio. Algunas fuentes atribuyen el diseño al arquitecto italiano Alfredo Bazzani, mientras que otras señalan la participación del arquitecto belga Joseph Martens y del ingeniero Luis Alfredo Bazzani en diferentes fases de la obra.

Más allá de la discusión académica, existe consenso en torno al valor arquitectónico de la estación, considerada una de las construcciones ferroviarias más sobresalientes de Cundinamarca.

Su ubicación en el sector conocido como Tres Esquinas no fue casual. Este punto ya era reconocido como un lugar estratégico de conexión entre diferentes caminos y rutas de acceso al centro urbano, condición que se fortaleció con la llegada del tren.

La Estación Ferroviaria de Zipaquirá quedó inmortalizada en la novela Cizaña de 1921

Un dato poco conocido y hasta curioso, podría aportar nuevos elementos al debate sobre los orígenes de la Estación del Tren de Zipaquirá. La referencia aparece en la novela Cizaña, del escritor Pedro Gómez Corena, publicada en Bogotá en 1921 por la editorial Juan Casís, varios años antes de la inauguración de la actual estación ferroviaria en 1927.

En la obra, el protagonista, Germán Goyau, llega a la entonces Villa Ahumada —actual Zipaquirá— a bordo del tren y desciende en una estación ferroviaria, desde donde inicia un recorrido que, de acuerdo con la descripción del autor, podría corresponder a la actual calle 4. El personaje atraviesa el entorno del parque principal y de la iglesia mayor, hoy Catedral Diocesana, hasta llegar a un hotel que habría estado ubicado en la Plaza Agustín Zapata, donde actualmente se encuentra el Parque de La Independencia.

La mención contenida en la novela sugiere que Zipaquirá ya disponía de una estación ferroviaria operativa a comienzos de la década de 1920, lo que abre la posibilidad de que el edificio inaugurado en 1927 correspondiera a una nueva construcción levantada sobre una infraestructura ferroviaria anterior.

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Villa Ahumada (Zipaquirá) retratada en tiempos de locomotoras, hornos y actividad industrial. Al fondo se levanta la iglesia principal de la ciudad, testigo silenciosa de una época que marcó el desarrollo económico y urbano de Zipaquirá. Foto suministrada por coleccionista.

Al final de la novela, Goyau abandona “Villa Ahumada” en una de las escenas más recordadas del relato. Tras recorrer apresuradamente las calles del municipio, aborda un tren que está a punto de partir y, desde la ventanilla, lanza una amarga despedida:

«—¡Adiós, villa del humo, tierra de la envidia!… Sigue viviendo de tus preocupaciones ruines; sigue cultivando la cizaña que ha de inmortalizarte…»

Este episodio sustentaría que, para comienzos de la década de 1920, la Estación del Tren ya formaba parte del paisaje urbano y del imaginario colectivo de Zipaquirá, al punto de quedar inmortalizada en una de las obras literarias ambientadas en la ciudad.

Tres Esquinas: donde convergían viajeros, comerciantes y sueños

Antes de la construcción de la estación, Tres Esquinas era un punto de encuentro para habitantes de la región que transitaban entre caminos rurales y vías de acceso a la ciudad.

Con la operación ferroviaria, el sector se transformó en una de las zonas más dinámicas de Zipaquirá.

Allí llegaban comerciantes procedentes de diferentes municipios, trabajadores vinculados a las minas de sal, estudiantes que viajaban hacia Bogotá y visitantes interesados en conocer la ciudad.

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La actividad económica comenzó a expandirse alrededor de la estación. Surgieron pequeños negocios, servicios para viajeros y espacios destinados al intercambio comercial. El lugar se convirtió en una referencia obligada para quienes llegaban o partían de Zipaquirá.

La época en que el tren dominaba la movilidad regional

Entre las décadas de 1920 y 1970, la estación alcanzó su mayor nivel de actividad.

Los trenes de pasajeros y carga conectaban diariamente a Zipaquirá con Bogotá, Cajicá, Tocancipá, Nemocón, Suesca y otros municipios de la Sabana. En una época en la que la infraestructura vial era limitada, el ferrocarril representaba el principal sistema de transporte para miles de personas.

La estación era escenario permanente de encuentros familiares, despedidas, celebraciones y negocios. Por sus andenes transitaban estudiantes, campesinos, comerciantes, funcionarios públicos y trabajadores que encontraban en el tren la forma más eficiente de desplazarse.

Al mismo tiempo, el ferrocarril fortalecía la comercialización de la sal, permitía el transporte de productos agrícolas y contribuía al crecimiento económico de la región.

Gabriel García Márquez y una historia que permanece en la memoria de la ciudad

Entre los relatos que han sobrevivido al paso del tiempo existe uno especialmente recordado por los zipaquireños.

Diversas versiones señalan que el joven Gabriel García Márquez llegó a Zipaquirá en tren en 1943 para iniciar sus estudios en el Colegio Nacional de Varones. Desde la estación habría emprendido el recorrido hacia la institución donde cursó parte de su educación secundaria.

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Recreación digital inspirada en la juventud de Gabriel García Márquez durante los años en que estudió en Zipaquirá. La imagen no corresponde a una fotografía original del escritor. Imagen de referencia.

Aunque los registros documentales son limitados, la tradición oral ha mantenido viva esta historia y la ha incorporado al patrimonio cultural de la ciudad.

Actualmente forma parte de muchos recorridos turísticos y conversaciones sobre la presencia del Nobel colombiano en Zipaquirá.

Las carameleras y el origen de una tradición que recorrió Colombia

La historia de la estación también está ligada a uno de los productos más representativos de la identidad zipaquireña: el Caramelito Rojo.

Durante buena parte del siglo XX, las carameleras esperaban la llegada de los trenes para ofrecer sus dulces a los pasajeros. Su presencia se convirtió en una escena habitual en los andenes y terminó formando parte de la memoria colectiva de varias generaciones.

Los viajeros que llegaban a Zipaquirá encontraban en aquellos dulces una especie de carta de presentación de la ciudad. Con el paso de los años, el Caramelito Rojo se transformó en un símbolo cultural ampliamente reconocido.

Jorge Velosa y la inmortalización del Caramelito Rojo

La tradición de las carameleras trascendió los límites de la ciudad gracias a la música carranguera.

En 1981, Jorge Velosa y Los Carrangueros de Ráquira incluyeron en el álbum ¡Viva quien toca! la canción El Caramelito Rojo, una composición que convirtió este dulce tradicional en una referencia conocida en buena parte del país.

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Entre locomotoras, viajeros y carameleras nació una de las tradiciones más queridas de Zipaquirá: el Caramelito Rojo, un dulce que aún conserva el sabor de la memoria ferroviaria de la ciudad y al que el maestro Jorge Velosa le compuso una de las canciones más exitosas. Archivo del fotógrafo, Camilo Andrés García.

La obra musical ayudó a fortalecer el vínculo entre Zipaquirá, la Estación del Tren y una tradición popular que aún permanece en la memoria de numerosos habitantes de la región.

Para muchos, la estación representa mucho más que un antiguo edificio ferroviario: es el lugar donde confluyen la cultura popular, las tradiciones gastronómicas, la música campesina y los recuerdos de quienes crecieron observando la llegada de los trenes.

El declive del sistema ferroviario colombiano

La expansión de las carreteras y el crecimiento del transporte automotor modificaron progresivamente la dinámica de movilidad nacional.

A partir de la segunda mitad del siglo XX, los buses y camiones comenzaron a reemplazar al tren como principal medio de transporte de pasajeros y mercancías.

La reducción de las operaciones ferroviarias afectó a numerosas estaciones del país. En Zipaquirá, la disminución del tráfico de trenes provocó un progresivo deterioro de la infraestructura.

La situación se agravó tras la liquidación de Ferrocarriles Nacionales de Colombia en 1991. Muchas edificaciones ferroviarias quedaron abandonadas y enfrentaron riesgos de pérdida o demolición.

La declaratoria patrimonial que garantizó su conservación

Ante la importancia arquitectónica e histórica del inmueble, el Gobierno Nacional declaró la estación Monumento Nacional y Bien de Interés Cultural mediante el Decreto 0746 de 1996.

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Vista de la fachada principal de la Estación del Tren de Zipaquirá, edificio inaugurado en 1927 y considerado uno de los principales referentes de la memoria ferroviaria, arquitectónica y cultural de la ciudad de la sal. La fotografía, tomada en 2017 desde la carrera 11 en dirección al Parque La Esperanza, muestra uno de los inmuebles patrimoniales más representativos de Cundinamarca. Foto: Extrategia Medios.

Esta decisión permitió proteger legalmente la construcción y abrió la posibilidad de desarrollar proyectos de recuperación patrimonial que evitaron su desaparición.

La restauración que recuperó uno de los principales referentes arquitectónicos de Cundinamarca

A comienzos del siglo XXI se adelantó una intervención especializada destinada a rescatar el inmueble.

Los trabajos contemplaron la recuperación de fachadas, pisos, carpinterías, yeserías decorativas y acabados originales, además del reforzamiento estructural necesario para garantizar su conservación.

La restauración permitió devolverle a la estación gran parte de su apariencia original y recuperar su papel como referente cultural y urbano.

La intervención fue destacada en escenarios internacionales relacionados con la conservación del patrimonio arquitectónico, lo que ratificó la relevancia de la obra.

El Parque La Esperanza y la renovación del entorno urbano

La recuperación de la estación estuvo acompañada por la transformación integral de su entorno.

Como resultado de este proceso surgió el Parque La Esperanza, un espacio público que integró el edificio patrimonial con senderos peatonales, zonas verdes y áreas destinadas a actividades recreativas y culturales.

La intervención permitió revitalizar uno de los sectores más tradicionales de Zipaquirá y generar nuevos espacios para el encuentro ciudadano.

El regreso del tren como atractivo turístico

La llegada del Tren Turístico de la Sabana permitió que la estación recuperara parte de su función original.

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El Tren Turístico de la Sabana permanece junto a la Estación del Tren de Zipaquirá, uno de los principales referentes de la memoria ferroviaria de Colombia. Fotografía tomada el 5 de febrero de 2022. Foto: Extrategia Medios.

Cada fin de semana y en temporadas especiales, cientos de visitantes llegan a Zipaquirá a bordo de este recorrido ferroviario que conecta la capital del país con la ciudad de la sal.

La experiencia no solo fortalece el turismo regional, sino que también acerca a nuevas generaciones a una parte fundamental de la historia del transporte colombiano.

Una estación que sigue siendo protagonista

Actualmente, la estación alberga espacios culturales, turísticos y comunitarios. Allí funcionan dependencias del Instituto Municipal de Cultura, Recreación y Deporte de Zipaquirá (IMCRDZ), el Punto de Información Turística y diversos escenarios destinados a actividades artísticas y patrimoniales.

Además, continúa siendo uno de los lugares más fotografiados y visitados del municipio.

Su presencia mantiene viva la memoria de una época en la que el ferrocarril impulsó el crecimiento económico de la región y transformó la forma en que miles de personas se relacionaban con el territorio.

Más de cien años después de la llegada del tren a Zipaquirá, la antigua ‘Estación Tres Esquinas’ conserva intacta su capacidad para contar historias. Historias de sal y comercio, de viajeros y estudiantes, de carameleras y músicos, de escritores y artistas, de locomotoras y familias enteras que encontraron en este lugar un punto de encuentro.

En sus muros conviven la memoria ferroviaria de Colombia y una parte esencial de la identidad cultural de Zipaquirá, una ciudad que sigue encontrando en su estación una de las expresiones más valiosas de su patrimonio.

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Antigua locomotora aproximándose a la Estación del Tren de Zipaquirá, uno de los principales centros ferroviarios de la Sabana de Bogotá durante el auge del transporte férreo en Colombia. Foto: DNP.

El inmueble fue declarado Monumento Nacional y Bien de Interés Cultural en 1996, lo que permitió su recuperación y conservación para las nuevas generaciones.

Periodista con más de 25 años de trayectoria en el oficio, fundador y director general de Extrategia Medios, uno de los medios digitales regionales más reconocidos en Cundinamarca. Ha liderado desde sus inicios el crecimiento del medio con un enfoque comprometido, independiente y cercano a la comunidad. Su experiencia combina el ejercicio periodístico con la dirección editorial.