El Niño amenaza las reservas de agua: Cundinamarca refuerza medidas para proteger los embalses

El Sisga pasó del 64,5 % al 99,8 % en apenas dos meses y requirió descargas controladas, mientras Chuza alcanzó el 88,8 %. Aunque las reservas muestran un panorama favorable, la posible reducción de las lluvias en los próximos meses obliga a mantener el ahorro de agua.

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Los principales embalses que abastecen y regulan agua en el centro del país cerraron agosto de 2026 con niveles que hace pocos meses parecían difíciles de alcanzar. El Sisga llegó al 99,8 % de su capacidad, Chuza alcanzó el 88,8 %, Neusa se ubicó en 85,8 % y El Hato marcó 78,2 %.

Las cifras, reveladas por la Corporación Autónoma Regional de Cundinamarca (CAR), muestran una recuperación considerable de las reservas hídricas, pero también plantean una paradoja: mientras algunos embalses están prácticamente llenos, las autoridades ambientales advierten que los próximos meses podrían traer una reducción de las lluvias y una mayor presión sobre el abastecimiento de agua.

La situación del Sisga es la más llamativa. En apenas dos meses pasó de encontrarse lejos de su capacidad máxima a quedar prácticamente lleno, una condición que obligó a realizar descargas controladas para regular el volumen almacenado y reducir el riesgo de rebose.

El reporte hidrológico correspondiente al trimestre junio-agosto muestra que las lluvias favorecieron la recuperación de los principales sistemas de regulación, aunque su comportamiento no fue uniforme y dependió de las precipitaciones registradas sobre cada una de las cuencas abastecedoras.

Sisga pasó de 64,5 % a 99,8 % en dos meses

El crecimiento del embalse del Sisga fue particularmente acelerado.

En junio se encontraba en 64,5 % de su capacidad. Para finales de agosto había alcanzado el 99,8 %, prácticamente el límite de almacenamiento de la presa.

Ese comportamiento obligó a los operadores a implementar maniobras graduales de regulación y a realizar descargas técnicas cercanas a los siete metros cúbicos por segundo.

La medida busca controlar el volumen almacenado y mantener condiciones adecuadas aguas abajo, especialmente ante nuevos episodios de lluvia que pudieran incrementar todavía más el ingreso de agua al embalse.

La evolución registrada durante 2026 mantiene similitudes con la observada durante el mismo periodo de 2025, aunque el rápido ascenso vuelve especialmente relevante el seguimiento permanente del sistema.

Chuza recuperó más de 40 puntos porcentuales durante el trimestre

Chuza también presentó una transformación considerable.

Al comenzar junio almacenaba apenas el 47,3 % de su capacidad. Tres meses después, al finalizar agosto, alcanzó el 88,8 %.

Esto significa una recuperación de 41,5 puntos porcentuales durante el trimestre, impulsada por un ritmo sostenido de llenado durante junio, julio y agosto.

El comportamiento incluso permitió superar los niveles registrados durante el mismo periodo del año anterior.

Carlos Emilio Gutiérrez Ulloa, subdirector de Planificación y Ordenamiento Ambiental de la Corporación Autónoma Regional de Cundinamarca (CAR), explicó que la recuperación de Chuza sobresalió frente al comportamiento de otros sistemas monitoreados.

“El ritmo de llenado se mantuvo alto durante junio, julio y agosto y llevó al embalse a superar el nivel que marcó durante el mismo periodo del año pasado”, señaló.

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Neusa y El Hato mantienen reservas importantes

El panorama también es favorable en los embalses del Neusa y El Hato.

Neusa cerró agosto con un almacenamiento del 85,8 %, mientras El Hato llegó al 78,2 %.

A diferencia de Sisga y Chuza, estos dos sistemas presentaron variaciones más moderadas durante los últimos meses.

Su comportamiento está directamente relacionado con las lluvias registradas sobre las cuencas que los alimentan, principalmente las asociadas a los ríos Bogotá y Ubaté.

Las reservas actuales permiten enfrentar con mayor margen una eventual disminución de las precipitaciones, pero los especialistas advierten que un embalse con niveles elevados no constituye por sí mismo una garantía frente a una temporada seca prolongada.

Tener los embalses llenos no significa que pueda aumentar el consumo

Precisamente allí está una de las principales preocupaciones.

Los altos porcentajes de almacenamiento podrían generar entre usuarios residenciales, industrias y administraciones municipales una percepción de abundancia que termine relajando las medidas de ahorro.

La recomendación es exactamente la contraria.

Empresas de servicios públicos, municipios, grandes consumidores y hogares deberán mantener las estrategias para reducir desperdicios y hacer un uso racional del agua, especialmente cuando empiezan a aparecer proyecciones de menores precipitaciones hacia los próximos meses.

“Tener nuestros embalses en condiciones estables no es una excusa para relajarnos. El agua que hoy almacenan estos sistemas es nuestro escudo para los meses de sequía que se avecinan”, manifestó Gutiérrez.

Las empresas prestadoras de servicios y los municipios también deberán fortalecer el cumplimiento de los Planes de Uso Eficiente y Ahorro del Agua (PUEAA) y revisar sus medidas de contingencia ante posibles descensos acelerados de las reservas.

Octubre podría marcar un cambio en el comportamiento de las lluvias

El escenario favorable de agosto no necesariamente se mantendrá durante el cierre del año.

Las proyecciones climáticas contempladas por la autoridad ambiental plantean la posibilidad de una reducción de las precipitaciones hacia octubre, situación que podría modificar rápidamente el panorama actual si aumenta al mismo tiempo el consumo de agua.

Por eso, el almacenamiento disponible durante estos meses deberá funcionar como una reserva para enfrentar periodos con menor aporte de lluvias.

La prioridad será mantener suficientes volúmenes para garantizar el abastecimiento de la población.

“Las actividades productivas son importantes, pero el abastecimiento de nuestros hogares está por encima de todo”, sostuvo Gutiérrez Ulloa.

Del 99,8 % a una temporada seca: el reto será administrar la reserva

El contraste resume el desafío de los próximos meses: el Sisga está prácticamente lleno y Chuza registra una recuperación acelerada, pero el agua acumulada deberá administrarse pensando en una eventual temporada seca.

La situación evidencia que el problema hídrico no depende únicamente de cuánto llueve o de qué tan lleno se encuentra un embalse en determinado momento.

También intervienen el consumo, la duración de los periodos secos, el comportamiento de las cuencas y la capacidad de anticiparse a escenarios de menor disponibilidad.

Por ahora, según la CAR, las reservas ofrecen un margen favorable para el centro del país. Sin embargo, la recomendación sigue siendo conservar cada metro cúbico almacenado y evitar que los buenos niveles de agosto terminen convirtiéndose en una falsa sensación de abundancia.

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Panorámica del embalse del Neusa, una de las reservas de agua del centro de Cundinamarca, que al cierre de agosto registró un almacenamiento del 85,8 % de su capacidad, en medio del llamado a mantener el consumo responsable ante los posibles meses de sequía.

Pese a las reservas actuales, las autoridades piden no aumentar el consumo y prepararse para un eventual descenso de las precipitaciones.