La memoria de la Independencia en Zipaquirá suele concentrarse en los héroes hombres fusilados el 3 de agosto de 1816. Sin embargo, detrás de la resistencia patriota también hubo mujeres que organizaron movilizaciones, transportaron correspondencia, recopilaron información sobre las tropas realistas, auxiliaron a los rebeldes y afrontaron persecuciones, destierros y condenas a muerte.
María Josefa Lizarralde, Bárbara Forero, Bibiana Talero y María Josefa Esguerra representan distintos capítulos de esa participación femenina. Sus historias están relacionadas con Zipaquirá, pero no tuvieron el mismo desenlace: Bárbara Forero sobrevivió a la persecución; Bibiana Talero fue fusilada en Chocontá; María Josefa Esguerra murió en Machetá, y la ejecución de María Josefa Lizarralde en territorio zipaquireño continúa sostenida principalmente por la tradición local y estudios posteriores.
Reconstruir sus vidas es fundamental diferenciar los hechos comprobados de las versiones recogidas por investigadores y de aquellos episodios que todavía requieren nuevas pruebas. También obliga a precisar que no todas las condenas fueron impartidas directamente por Pablo Morillo. En los fusilamientos ocurridos durante 1817 aparece como responsable inmediato el coronel realista Carlos Tolrá, encargado de perseguir a las redes insurgentes que operaban entre la Sabana, Chocontá y el Valle de Tenza.
Mujeres en una resistencia que atravesó varios territorios
La reconquista española no persiguió solamente a militares o dirigentes políticos. Las autoridades también castigaron a quienes proporcionaban alimentos, escondían fugitivos, transportaban mensajes, obtenían información o ayudaban a los hombres que buscaban llegar a los Llanos Orientales para incorporarse a las fuerzas patriotas.
Muchas mujeres desempeñaron estas labores en espacios cotidianos en los que podían circular con menor sospecha. Casas, caminos, plazas, mercados y parroquias se convirtieron en puntos de contacto para una red de comunicaciones que enlazaba a Santafé, Zipaquirá, Nemocón, Chocontá, Machetá, Tibirita, Guateque, Tenza y Casanare.
Su participación no fue secundaria. Transportar una carta, observar el desplazamiento de una tropa o facilitar refugio podía ser interpretado por las autoridades españolas como una colaboración directa con la insurgencia. Varias pagaron esas actuaciones con la vida.
María Josefa Lizarralde y la ejecución que aún plantea interrogantes

María Josefa Lizarralde ocupa un lugar particular en la memoria de Zipaquirá. Las reconstrucciones locales la describen como una española radicada en la población que decidió apoyar la causa independentista. Algunas versiones le atribuyen liderazgo en un levantamiento femenino y señalan que llegó a ser identificada como “capitán de la insurrección mujeril”.
La narración más difundida sostiene que fue sorprendida mientras intentaba sobornar a los soldados encargados de custodiar a prisioneros patriotas. Por esa actuación habría sido fusilada durante la noche del 3 de agosto de 1816 en la antigua plaza de Villarroel, espacio relacionado actualmente con el Parque de Los Mártires y el sector de La Floresta.
Según recopilaciones sustentadas en los trabajos de los investigadores Luis Orjuela y Roberto María Tisnés, Lizarralde habría muerto junto con Juan Evangelista Valdés y José Nepomuceno Carranza, este último natural de Tibirita. Los tres son señalados como víctimas de una segunda ejecución realizada después del fusilamiento de los seis hombres tradicionalmente reconocidos como los Mártires de Zipaquirá.
La atribución, sin embargo, enfrenta un vacío documental. La partida parroquial correspondiente al 3 de agosto de 1816 registra los nombres de Agustín Zapata, Luis Sarache, José Luis Gómez, José María Riaño, Francisco Carate y Juan Nepomuceno Quiguarana. En ese asiento no aparecen María Josefa Lizarralde, Juan Evangelista Valdés ni José Nepomuceno Carranza.
Este silencio no necesariamente demuestra que la segunda ejecución nunca ocurrió, pero impide presentar todos sus detalles como plenamente comprobados.
El padre e investigador Roberto María Tisnés citó un informe atribuido al entonces alcalde mayor Miguel Lugo y León. De acuerdo con esa referencia, dos insurgentes y una mujer fueron pasados por las armas durante la noche por intentar sobornar a la guardia. El documento respaldaría la existencia de otra ejecución, aunque el fragmento conocido no identifica a la mujer.
Por esa razón, la formulación más responsable es señalar que la tradición de Zipaquirá y estudios posteriores reconocen a María Josefa Lizarralde como aquella prisionera, pero todavía se necesita localizar una sentencia, una partida de entierro, una comunicación militar o el informe completo de Lugo y León que confirme su identidad.
¿Lizarralde murió realmente el 3 de agosto de 1816?
La mayoría de las publicaciones locales fija su muerte el 3 de agosto de 1816. Otras relaciones nacionales mencionan únicamente que fue ejecutada en Zipaquirá durante ese año, sin precisar el día. También circulan referencias aisladas al 7 de agosto y al 5 de septiembre, aunque estas fechas no suelen estar acompañadas por documentos contemporáneos claramente identificados.
Existe, además, otro interrogante. José Dolores Monsalve incluyó a una mujer llamada Josefa Lizarralde entre las participantes en las jornadas revolucionarias de Santafé de 1810. En su obra Mujeres de la Independencia, publicada en 1926, la mencionó junto con Bárbara Forero, Andrea Ricaurte, Petronila Lozano, María Acuña y Juana Robledo, entre otras partidarias de la ruptura con el gobierno colonial.
Hasta ahora no se ha establecido mediante pruebas genealógicas que esa Josefa Lizarralde fuera la misma María Josefa Lizarralde vinculada con Zipaquirá. Confirmarlo requeriría examinar partidas de bautismo o matrimonio, censos y registros de vecindad, expedientes de secuestro de bienes, actuaciones judiciales y libros parroquiales posteriores al 3 de agosto de 1816.
Lizarralde debe ser recordada con respeto, pero también con la precisión que merece su memoria: su identificación como la mujer ejecutada en La Floresta constituye la versión más extendida, aunque la prueba directa permanece pendiente.
Bárbara Forero: perseguida y desterrada, pero no fusilada
La vida de Bárbara Forero comenzó a quedar ligada con Zipaquirá varias décadas antes de la reconquista. Estaba casada con Ignacio Nieto y sostuvo una relación con Pedro Fermín de Vargas, corregidor de la población, pensador ilustrado y precursor de las ideas emancipadoras.

En diciembre de 1791, ambos abandonaron clandestinamente la Villa (Zipaquirá). La fuga causó un fuerte escándalo porque los dos estaban casados. El episodio coincidió, además, con el creciente seguimiento de las autoridades a las ideas y actuaciones de Pedro Fermín de Vargas.
Bárbara regresó sola al Nuevo Reino de Granada por Santa Marta en junio de 1797. Fue investigada por haber abandonado su hogar y por las circunstancias que rodearon su salida. Aunque las autoridades no consiguieron demostrar que conociera los proyectos políticos de Vargas, terminó separada de su entorno y desterrada a Suesca.
La investigadora Gloria Vargas-Tisnés reconstruyó ese episodio mediante documentos de la época en el artículo Pedro Fermín de Vargas y Bárbara Forero, un amor ilustrado, publicado por la Red Cultural del Banco de la República.
Después de aquel proceso, Bárbara se estableció en Santafé, ejerció como maestra y participó en las movilizaciones de 1810. José Dolores Monsalve la incluyó entre las mujeres que arengaron a la población y exigieron la realización de un cabildo abierto. Otros estudios la relacionan con los sectores populares movilizados por José María Carbonell durante aquella jornada.
Su nombre aparece con frecuencia en publicaciones sobre las mujeres de la Independencia, pero es necesario corregir dos afirmaciones que se han reproducido sin suficiente revisión.
La primera se refiere a su nacimiento. Algunas biografías digitales lo sitúan alrededor de 1790, dato cronológicamente imposible: en diciembre de 1791 Bárbara ya estaba casada y huyó con Pedro Fermín de Vargas. Por lo tanto, tuvo que haber nacido bastante antes.
La segunda confusión consiste en presentarla como una mujer fusilada durante el régimen de Pablo Morillo. No existe evidencia seria que respalde esa versión. Bárbara Forero fue investigada, perseguida y desterrada, pero sobrevivió. Su reconocimiento corresponde al de una mujer que participó en el ambiente revolucionario y enfrentó sanciones por sus decisiones, no al de una víctima del pelotón de fusilamiento.
Bibiana Talero, la zipaquireña que llevaba mensajes para los Almeyda
El nombre de Bibiana Talero aparece escrito de varias maneras. Algunas fuentes utilizan “Biviana” y publicaciones recientes la llaman “Viviana”, pero Bibiana es la forma más frecuente en los estudios consultados.
Natural de Zipaquirá, colaboró con la guerrilla dirigida por los hermanos Ambrosio y Vicente Almeyda. Esta organización patriota actuó en 1817 por un amplio corredor que comprendía sectores de la Sabana, Chocontá, Machetá, Tibirita, Guateque y el Valle de Tenza.

A Bibiana se le atribuye el transporte de correspondencia y el apoyo a las comunicaciones de los insurgentes. En una guerra marcada por la vigilancia de caminos y poblaciones, llevar mensajes permitía coordinar movimientos, alertar sobre la presencia de tropas y mantener conectados a los revolucionarios.
Fue capturada por fuerzas comandadas por el coronel realista Carlos Tolrá y fusilada en Chocontá el 21 de noviembre de 1817. Algunas relaciones ubican la ejecución en el sector de Saucío.
El investigador Roberto Velandia consignó su procedencia zipaquireña, la fecha y el lugar de la muerte, la responsabilidad atribuida a Tolrá y la acusación de auxiliar a la guerrilla de los Almeyda. La información aparece en su estudio Las mujeres mártires de la Independencia, publicado en el Boletín de Historia y Antigüedades número 792 de la Academia Colombiana de Historia.
Su muerte ocurrió dentro del aparato represivo establecido después de la reconquista encabezada por Pablo Morillo, pero no debe atribuirse como una orden personal suya. Para noviembre de 1817, Morillo se encontraba concentrado en la campaña de Venezuela, mientras Carlos Tolrá dirigía directamente la operación contra los Almeyda y sus colaboradores.
María Josefa Esguerra, informante patriota ejecutada en Machetá
María Josefa Esguerra también era natural de Zipaquirá. Las investigaciones posteriores la vinculan con la red de información relacionada con Policarpa Salavarrieta y con la guerrilla de los hermanos Almeyda.

Su labor habría consistido en conocer los movimientos, planes y disposiciones de las tropas españolas en Zipaquirá y otras poblaciones para transmitir esos datos a los patriotas. En aquel contexto, proporcionar información militar suponía uno de los mayores riesgos para cualquier colaborador de la insurgencia.
Después de ser capturada por las fuerzas de Tolrá, Esguerra fue conducida a Machetá y fusilada el 26 de noviembre de 1817.
Ese mismo día fueron ejecutados en la plaza de la población Candelaria Forero, natural de Machetá, y José Antonio Barahona, identificado en algunas fuentes como oriundo de Zipaquirá. La persecución continuó con los fusilamientos de Ignacio Blas Ramírez, el 27 de noviembre, y Diego Galarza, el día 28.
El estudio de Roberto Velandia publicado por la Academia Colombiana de Historia identifica a María Josefa Esguerra como natural de Zipaquirá, ejecutada en Machetá por orden de Carlos Tolrá y acusada de actuar como agente de Policarpa Salavarrieta.
No obstante, las fuentes presentan una diferencia sobre el lugar de su muerte. Un discurso divulgado en otro número del mismo boletín señaló que fue fusilada en Zipaquirá el 26 de noviembre. Esa ubicación parece menos consistente frente a las relaciones que la incluyen entre las personas ejecutadas en Machetá. Con la información disponible, esta última población constituye el lugar mejor respaldado.
La afirmación de que Esguerra fue agente directa de Policarpa también debe atribuirse a las investigaciones que así la presentan. No se ha localizado públicamente una carta, una confesión o un expediente contemporáneo que describa una comunicación personal entre las dos mujeres. Sí resulta razonable situarla dentro de la red patriota asociada con los Almeyda, pero la naturaleza exacta de su relación con la Pola todavía necesita mayor comprobación documental.
Candelaria Forero y las mujeres de la resistencia regional
Candelaria Forero no era zipaquireña. Era natural de Machetá, pero su nombre resulta inseparable del relato sobre María Josefa Esguerra porque ambas fueron ejecutadas el 26 de noviembre de 1817 y estuvieron vinculadas con la misma red insurgente.
Las autoridades la acusaron de colaborar con la insurgencia de los Almeyda. Algunas publicaciones han señalado que podía ser pariente de Bárbara Forero, aunque no se conoce documentación genealógica suficiente para establecer esa relación. La coincidencia de apellidos, por sí sola, no permite afirmarla.

La ofensiva realista contra las redes patriotas alcanzó a otras mujeres de Cundinamarca y el Valle de Tenza. Roberto Velandia y las relaciones divulgadas por la Academia Colombiana de Historia mencionan, entre otras, a Micaela Nieto, de Nemocón, ejecutada el 19 de noviembre de 1817; Remigia Cuesta, de Tibirita, el 2 de diciembre; María de los Ángeles Ávila y Salomé Buitrago, el 3 de diciembre; Genoveva Sarmiento, el día 5; Inés Osuna, natural de Santafé, el 6, e Ignacia Medina, de Garagoa, el 9 de diciembre.
Estas mujeres no deben ser presentadas como naturales de Zipaquirá. Formaron parte, sin embargo, del mismo corredor regional de resistencia en el que actuaron Bibiana Talero y María Josefa Esguerra. Los cargos en su contra estuvieron asociados con el transporte de mensajes, el suministro de alimentos, la protección de fugitivos, la obtención de información y el apoyo a las guerrillas.
¿Hubo más mujeres fusiladas en Zipaquirá?
La documentación examinada no permite asegurar que otras mujeres, además de la atribuida María Josefa Lizarralde, fueran ejecutadas en Zipaquirá durante la noche del 3 de agosto de 1816.
La referencia recuperada por Roberto María Tisnés menciona a “dos insurgentes y una mujer”. De ser completa y correcta la transcripción, habría existido una sola víctima femenina en aquella segunda ejecución. Los relatos locales la identifican como Lizarralde, pero su nombre no figura en la partida parroquial conocida.

También resulta necesario separar los lugares y circunstancias de cada mujer: Bárbara Forero sobrevivió; Bibiana Talero murió en Chocontá; María Josefa Esguerra fue ejecutada en Machetá; Candelaria Forero nació y murió en Machetá, y Micaela Nieto fue fusilada en Nemocón.
Reunirlas bajo una sola ejecución o atribuir todas sus muertes personalmente a Pablo Morillo distorsionaría los acontecimientos.
Una memoria femenina que merece mayor investigación
Zipaquirá tuvo, al menos, tres mujeres cuya participación patriota cuenta con respaldo en las investigaciones consultadas: Bárbara Forero, Bibiana Talero y María Josefa Esguerra. A ellas se suma María Josefa Lizarralde, reconocida por la tradición local como la mujer ejecutada en La Floresta en agosto de 1816, aunque su identidad aún necesita confirmación mediante una fuente directa.
Sus destinos muestran diferentes formas de castigo: vigilancia, proceso judicial, destierro y muerte. También revelan que la participación femenina fue más amplia que la imagen tradicional de mujeres acompañantes o espectadoras. Ellas difundieron ideas, movilizaron a la población, llevaron comunicaciones, reunieron información y sostuvieron redes indispensables para la resistencia.
El reconocimiento de estas mujeres no necesita adornar los hechos ni convertir las dudas en certezas. Por el contrario, conservar las precisiones, señalar las inconsistencias y continuar la búsqueda documental es una manera de respetar sus nombres y comprender la dimensión de lo que hicieron.
La partida parroquial de Zipaquirá, los expedientes del Consejo de Guerra Permanente, la correspondencia de Miguel Lugo y León, los procesos de confiscación de bienes y los archivos eclesiásticos podrían aportar nuevas respuestas. Allí podría encontrarse la confirmación definitiva sobre María Josefa Lizarralde y, quizás, información sobre otras mujeres cuya participación todavía permanece fuera de los relatos más conocidos.
La participación de estas mujeres se desarrolló de distintas maneras y tuvo consecuencias como la persecución, el destierro y, en algunos casos, el fusilamiento.
Fuentes y créditos documentales: Este relato fue elaborado a partir de las investigaciones y referencias atribuidas a José Dolores Monsalve, autor de Mujeres de la Independencia; Roberto Velandia, autor de Las mujeres mártires de la Independencia; Roberto María Tisnés, investigador de la memoria de Zipaquirá; Luis Orjuela, autor de trabajos sobre los aportes de la población a la emancipación; y Gloria Vargas-Tisnés, autora del estudio sobre Pedro Fermín de Vargas y Bárbara Forero. También se tuvieron en cuenta las relaciones publicadas en el Boletín de Historia y Antigüedades de la Academia Colombiana de Historia, la investigación divulgada por la Red Cultural del Banco de la República y la partida parroquial correspondiente a las muertes registradas en Zipaquirá el 3 de agosto de 1816. Algunos episodios, especialmente la identificación de María Josefa Lizarralde como la mujer fusilada aquella noche, proceden de estudios posteriores y de la tradición local. Por ello, se presentan con la reserva correspondiente y no como conclusiones documentales definitivas.












