Los delfines gris y rosado que habitan los ríos Amazonas y Orinoco están acumulando mercurio en sus cuerpos. Así lo evidenció un estudio que analizó muestras de tejido muscular de 46 ejemplares (vivos y muertos) y encontró concentraciones asociadas a la contaminación generada por la minería en la región. Los hallazgos se suman a otras presiones sobre su entorno: la fragmentación de los ríos por 275 represas en Perú y Brasil, y el aumento de la temperatura del agua por efecto del cambio climático.
Para los investigadores, la situación no solo compromete la supervivencia de estos cetáceos, sino que revela el estado de salud de dos de las cuencas hidrográficas más importantes del planeta. Los delfines de agua dulce son considerados indicadores biológicos de la calidad del río, pues ocupan la cima de la cadena alimenticia y recorren grandes distancias que conectan lagunas, ríos y bosques inundados.
¿Por qué los delfines del Amazonas y Orinoco están acumulando mercurio en su cuerpo?
El estudio, liderado por el biólogo Federico Mosquera Guerra, doctor en Ciencias – Biología de la Universidad Nacional, encontró que la concentración más alta de mercurio registrada fue de 3,99 mg/kg en un delfín joven del Orinoco. En el Amazonas, el valor más alto fue de 2,6 mg/kg en un ejemplar del río Tapajós, en Brasil. De los 46 delfines muestreados, cinco fueron hallados muertos, ocho quedaron varados en una represa y 33 fueron capturados y liberados para el análisis.
El origen del contaminante se relaciona con la minería ilegal que opera a lo largo de las cuencas compartidas por Colombia, Brasil y Perú. Solo en el primer trimestre del año, el Proyecto de Monitoreo de la Amazonia Andina identificó 27 dragas entre los ríos Puré y Caquetá. Aunque en Colombia el uso de mercurio está prohibido, el químico continúa empleándose en la extracción de oro y se incorpora a la red trófica: envenena peces y, con ellos, a sus depredadores, incluidos los delfines y las comunidades humanas que dependen del río.
Investigaciones previas, como las de la Frankfurt Zoological Society en 2023, ya habían advertido que 16 de 35 especies de peces analizadas en el río Puré superaban el límite internacional recomendado de mercurio.
A esta presión se suma la transformación física del hábitat. La presencia de 275 hidroeléctricas, la mayoría en Brasil, altera el caudal natural de los ríos mediante la apertura y cierre de compuertas. Según los investigadores, estas infraestructuras fragmentan la conectividad ecológica, limitan el flujo de nutrientes esenciales y han llegado a dejar poblaciones completas de delfines atrapadas en esclusas.
En 2020, cerca del 19,7 % del hábitat de estos animales ya estaba afectado por represas en construcción o funcionamiento. A ello se agregan procesos de deforestación que, entre abril y junio de 2025, representaron la pérdida de 1.198 hectáreas de bosque en el Amazonas, afectando los bosques inundados donde los delfines se alimentan y reproducen. La quema de cobertura vegetal, además, libera depósitos naturales de mercurio que terminan en el agua.
Los científicos advierten que, de mantenerse estas condiciones, en 2028 el 70 % de los ecosistemas donde habitan estos mamíferos podría estar degradado. Un antecedente ocurrió en 2023, cuando 330 delfines murieron en Brasil por el aumento de la temperatura del agua, que alcanzó los 40°C en algunos sistemas lagunares.
Pese al panorama, expertos señalan que la designación como sitio Ramsar de la zona de transición Orinoco-Amazonas abre la posibilidad de fortalecer la protección internacional del territorio y promover modelos de turismo sostenible que conviertan la conservación del delfín en un motor para las economías locales.
El origen del contaminante se
relaciona con la minería ilegal que opera a lo largo de las cuencas
compartidas por
Colombia, Brasil y Perú.












