Brote global de panleucopenia felina, un virus mortal para gatos; sin peligro para las personas

La panleucopenia felina, un virus altamente contagioso y potencialmente mortal, preocupa a especialistas por su rápida propagación en gatos domésticos y su resistencia en el ambiente.

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Veterinarios de distintos países han alertado sobre un aumento inusual de casos de Panleucopenia Felina, una enfermedad viral grave que afecta a gatos domésticos y que ya registra brotes en Estados Unidos y varias naciones de América Latina (Colombia, México y El Salvador). La situación ha generado preocupación en clínicas veterinarias y entre cuidadores de mascotas por su alta capacidad de contagio y su elevada tasa de mortalidad en animales vulnerables.

La atención de los especialistas no solo se centra en el contacto directo entre gatos, sino en un factor cotidiano que amplía el riesgo: la ropa, el calzado y los objetos que ingresan a los hogares. El virus puede adherirse a superficies y trasladarse sin ser detectado, lo que facilita su transmisión incluso en casas donde no se ha tenido contacto directo con animales enfermos.

¿Qué es la Panleucopenia Felina y por qué preocupa a los veterinarios?

La Panleucopenia Felina, también conocida como distemper o parvovirus felino, es una enfermedad altamente infecciosa que ataca el sistema inmunológico, el aparato digestivo y la médula ósea de los gatos. Aunque no representa un riesgo para los seres humanos, su resistencia en el ambiente (puede permanecer activa durante semanas o meses) la convierte en una amenaza difícil de controlar.

El contagio ocurre principalmente a través del contacto con heces, secreciones corporales o superficies contaminadas, como platos de comida, juguetes, camas, jaulas e incluso las manos o prendas de las personas que estuvieron cerca de animales infectados. Por esta razón, algunos expertos han comparado su manejo con el de enfermedades que exigen protocolos estrictos de limpieza y desinfección en el hogar.

Los síntomas suelen manifestarse pocos días después de la exposición e incluyen vómitos, diarrea, fiebre persistente, debilidad, pérdida de apetito y deshidratación severa. En casos más graves se presenta una disminución marcada de glóbulos blancos, lo que agrava el cuadro clínico. Los gatitos menores de seis meses, los animales con defensas bajas y las hembras gestantes son los más afectados, con mayor riesgo de complicaciones severas o muerte.

Actualmente, no existe un tratamiento que elimine directamente el virus. La atención médica se basa en soporte intensivo para ayudar al organismo del gato a enfrentar la infección, lo que puede implicar hospitalización, aislamiento estricto, hidratación, control de síntomas y prevención de infecciones secundarias. Los especialistas coinciden en que la vacunación oportuna y las medidas rigurosas de higiene siguen siendo la principal herramienta de prevención.

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La situación ha generado preocupación en clínicas
veterinarias y entre cuidadores de mascotas por su alta
capacidad de contagio y su elevada tasa de mortalidad en animales vulnerables.