Zipaquirá inicia la Semana Santa con la procesión del Viernes de Dolores en el Centro Histórico

Nazarenos recorren el Centro Histórico en una procesión que cumple 73 años y reúne a cientos de fieles, turistas y visitantes en una de las celebraciones más concurridas del país.

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Imagen de la advocación de la Virgen María en la advocación de la Dolorosa en la Catedral Diocesana de Zipaquirá. Foto/Extrategia Medios.
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Cuando cae la tarde y la noche comienza a envolver a Zipaquirá, la ciudad cambia de ritmo y se dispone a vivir la Semana Santa. El Viernes de Dolores no pasa desapercibido: se convierte en un llamado silencioso que reúne a la comunidad en torno a una de sus tradiciones más profundas. Los Nazarenos recorren el Centro Histórico y abren el camino de la Semana Mayor—, en una práctica que en la Capital Salinera de Colombia suma 73 años y que sigue convocando a residentes, turistas y visitantes.

No es solo un recorrido. Es una experiencia compartida y profundamente sentida. Cada paso tiene significado, cada mirada expresa respeto y cada calle se transforma en un escenario donde la fe se manifiesta sin palabras, manteniendo viva una devoción que se renueva con el tiempo.

El punto de partida de una semana que transforma la ciudad

El Viernes de Dolores abre la antesala de la Semana Santa y marca el inicio del acompañamiento a la Virgen María en su sufrimiento, bajo la advocación de la Dolorosa, en el contexto de la Pasión de Cristo.

También conocido como Viernes de Concilio o del Santo Dolor de María, este día se celebra el viernes previo al Domingo de Ramos, dentro de la quinta semana de Cuaresma. Su sentido va más allá de lo litúrgico: es una preparación emocional y espiritual para los días centrales del calendario católico.

En Zipaquirá, esta conmemoración mantiene una presencia activa que se traduce en actos religiosos, procesiones y expresiones de piedad popular que conectan generaciones y consolidan un tejido comunitario alrededor de la fe.

Una tradición que no se detiene

Mientras en algunas regiones estas prácticas han perdido fuerza, en Zipaquirá ocurre lo contrario: la participación crece y la tradición se fortalece. La presencia de los Nazarenos, con su simbolismo característico, convierte cada procesión en una experiencia que impacta tanto a creyentes como a quienes llegan por curiosidad o interés cultural.

El Centro Histórico se transforma en un circuito de recogimiento y observación. Las fachadas, las luces y el silencio respetuoso de los asistentes construyen una atmósfera que trasciende lo cotidiano.

La Dolorosa: una figura que atraviesa generaciones

La devoción a la Virgen de los Dolores no es reciente. Durante siglos, la Iglesia ha reflexionado sobre el sufrimiento de María, especialmente en los momentos previos a la muerte de su Hijo y después de ella.

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Desde los primeros tiempos del cristianismo se reconoció que María, aun confiando en la Resurrección, enfrentó el dolor de ver a Jesús sometido a la violencia humana. Esa experiencia ha sido interpretada como un símbolo de fortaleza, acompañamiento y fe en medio de la adversidad.

Con el paso de los siglos, esta devoción se expandió por diferentes territorios hasta consolidarse como una de las expresiones marianas más presentes en la tradición católica. Aunque posteriormente se fijó el 15 de septiembre como fecha oficial para honrar a Nuestra Señora de los Dolores, el Viernes de Dolores sigue vigente en múltiples regiones.

Países como México y España mantienen esta celebración antes de la Semana Santa, integrándola a prácticas culturales que refuerzan su dimensión espiritual.

Un llamado a detenerse y mirar hacia adentro

La contemplación de los siete dolores de María continúa siendo una de las prácticas más representativas de esta fecha. Más allá del ritual, propone una pausa: invita a reflexionar sobre el dolor, la esperanza y la resistencia interior.

En la antigua Semana de Pasión, este viernes funciona como un umbral. Prepara a los fieles para los días que conducirán a la crucifixión, pero también abre una lectura más profunda: el sufrimiento no aparece aislado, está atravesado por el amor y la promesa de redención.

En medio del ritmo cotidiano, esta jornada introduce un contraste. “Obliga” a detenerse, a observar, a acompañar. Y en ese ejercicio, la figura de la Dolorosa se mantiene como referencia de fortaleza silenciosa.

El recorrido que moviliza a Zipaquirá

La Asociación de Nazarenos de Zipaquirá convocó a la ciudadanía a participar en la procesión de la Dolorosa, programada para las 7:00 de la noche.

El punto de partida será la Catedral Diocesana de Zipaquirá. Desde allí, el recorrido avanzará con los diferentes pasos religiosos por la carrera séptima, tomará la calle 6 hasta la parroquia de Los Dolores, continuará por la calle 4, seguirá por la carrera segunda, descenderá por la calle 5 y retomará la calle 6 y la carrera séptima para regresar al punto inicial.

Este trayecto no solo organiza la procesión: articula la ciudad. Cada tramo concentra miradas, cada esquina suma presencia, cada paso reafirma una tradición que sigue vigente.

Más que una procesión: un encuentro que se renueva cada año

Lo que ocurre en Zipaquirá durante el Viernes de Dolores no se limita a lo religioso. Es también un fenómeno social y cultural que activa la economía local, dinamiza el turismo y refuerza el sentido de pertenencia.

La procesión se convierte en un punto de encuentro donde convergen generaciones, creencias y miradas distintas, todas unidas por una experiencia común.

En un contexto donde muchas tradiciones se diluyen, Zipaquirá sostiene una práctica que no solo permanece, sino que sigue convocando, movilizando y dejando huella en quienes la viven.


El Viernes de Dolores abre las procesiones de
Semana Santa en Zipaquirá