La Semana Santa de 2026 no solo movilizó a miles de viajeros por las vías de Cundinamarca, también dejó al descubierto una realidad silenciosa que se repite cada año: el aumento de situaciones de riesgo para la fauna silvestre en medio de la alta circulación de vehículos y la ocupación de territorios naturales.
En apenas cinco días, decenas de reportes ciudadanos alertaron sobre animales heridos, desorientados o en condiciones críticas. La coincidencia entre los picos de movilidad y el incremento de estos casos vuelve a poner en evidencia la presión que enfrentan los ecosistemas durante temporadas de alta afluencia turística.
En este contexto, la Corporación Autónoma Regional de Cundinamarca (CAR) desplegó un monitoreo intensivo a través de su línea de atención de fauna silvestre, canal que permitió registrar 42 llamadas entre el Miércoles Santo y el Domingo de Resurrección, consolidando una radiografía precisa de la situación.
El comportamiento de los reportes no fue aleatorio. El miércoles concentró el 31% de los casos y el viernes el 26%, en una tendencia directamente asociada con el aumento del flujo vehicular en los principales corredores del departamento.
Aves y reptiles, en el centro de los reportes
De las alertas recibidas, 17 casos estuvieron relacionados directamente con fauna silvestre. Las aves fueron las más afectadas, seguidas por zarigüeyas, boas e iguanas, especies que con frecuencia terminan expuestas a entornos urbanos o a escenarios de riesgo.

Muchos de los reportes respondieron a situaciones recurrentes: pichones caídos de sus nidos, animales que ingresan a viviendas o zonas residenciales y ejemplares que pierden su orientación. Este patrón confirma un aumento sostenido en la interacción entre la fauna y los espacios habitados por personas.
El balance operativo revela tres escenarios. El 29% de los animales atendidos logró ser liberado en su entorno natural, mientras que el 24% fue trasladado al Centro de Atención y Valoración de Fauna Silvestre (CAV) para recibir atención médica especializada.
Sin embargo, el dato más preocupante corresponde al 35% de los reportes, en los que los animales ya habían fallecido al momento de la intervención. Esta cifra refleja los riesgos asociados a la movilidad, la fragmentación de hábitats y el contacto directo con entornos urbanos.
Anapoima, Cajicá y Ricaurte, bajo la lupa
Los municipios de Anapoima, Cajicá y Ricaurte concentraron el mayor número de casos, posicionándose como zonas prioritarias para la implementación de estrategias de prevención y sensibilización.
De acuerdo con Magdala Lizbeth Iregui Quevedo directora técnica de Biodiversidad, esta información permitirá focalizar acciones institucionales orientadas a reducir los factores de riesgo y fortalecer la cultura ciudadana frente al cuidado de la fauna.
Durante la temporada también se recibieron reportes provenientes de ciudades como Bogotá, Medellín y Cali, así como de otros departamentos, lo que amplía la dimensión del fenómeno y evidencia la necesidad de una respuesta coordinada entre autoridades ambientales en todo el país.
La dispersión geográfica de las alertas confirma que la protección de la fauna silvestre no es un reto aislado, sino una responsabilidad compartida que exige articulación institucional.
Ciudadanía, el primer eslabón de respuesta
El comportamiento de esta Semana Santa deja un elemento fundamental: la participación ciudadana se ha convertido en un factor determinante para activar rutas de atención y rescate. Cada llamada representa una oportunidad de intervención que puede marcar la diferencia entre la vida y la muerte de un animal.
En un contexto de creciente interacción entre lo urbano y lo natural, la capacidad de reacción y la conciencia colectiva se consolidan como herramientas fundamentales para proteger la biodiversidad en Cundinamarca.

Más de un tercio de los casos correspondió a animales encontrados sin vida.












