Sacerdote secuestrado 40 días: así cayó red delincuencial que cobraba multimillonarias sumas en Cundinamarca

Seis capturados tras nueve meses de investigación: simulaban ser integrantes de frentes de estructuras armadas ilegales, enviaban pruebas con fusiles y generaban rentas ilícitas de muchos millones de pesos.

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En la imagen el sacerdote con dos de los delincuentes cuando lo tenían secuestrado, enviando muestras de supervivencia. Imagen/Policía Nacional.
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Una estructura criminal que durante meses sembró miedo en Cundinamarca utilizando una estrategia basada en la suplantación de grupos armados ilegales fue desmantelada por la Policía Nacional. La operación, liderada por el GAULA Cundinamarca en articulación con el GOES, SIPOL y la Fiscalía Especializada, permitió desarticular el Grupo Delincuencial Común Organizado (GDCO) “Los Stone”, responsable de secuestros extorsivos y exigencias económicas de gran magnitud en varios municipios del departamento.

El despliegue operativo se ejecutó en la madrugada del 7 de abril de 2026, mediante siete diligencias simultáneas de registro y allanamiento en Viotá, Sibaté y Bogotá. Como resultado, seis personas fueron capturadas por orden judicial y deberán responder por delitos como secuestro extorsivo agravado, extorsión agravada, porte ilegal de armas de fuego y concierto para delinquir. En el procedimiento también se incautaron seis teléfonos celulares y un vehículo que, según las autoridades, habrían sido utilizados en las actividades criminales.

Un modelo de intimidación basado en el engaño

Las investigaciones revelaron un patrón de acción que combinaba presión psicológica, simulación y amenazas directas. Los integrantes de esta red delictiva se presentaban ante sus víctimas como miembros de estructuras armadas ilegales, lo que incrementaba el temor y facilitaba el pago de las exigencias económicas.

Su accionar se extendía principalmente en municipios como Viotá, Silvania, Fusagasugá, Sibaté y Guachetá, donde afectaban la tranquilidad de la población y generaban un ambiente de zozobra. La utilización de identidades falsas vinculadas a grupos armados les permitía imponer condiciones, controlar a sus víctimas y sostener un esquema de rentas ilícitas que, según las autoridades, alcanzaba cerca de 150 millones de pesos mensuales.

El caso que encendió las alarmas: el secuestro de un sacerdote

Entre los hechos atribuidos a esta organización, uno de los más impactantes fue el secuestro del sacerdote Carlos Saúl Jaimes Guerrero, ocurrido el 17 de junio de 2025 en la vereda Atala, zona rural de Viotá. El religioso permaneció 40 días en cautiverio mientras sus captores exigían a su familia el pago de 10.000 millones de pesos para su liberación.

Durante ese periodo, los delincuentes enviaron pruebas de supervivencia que mostraban a hombres armados con fusiles y vestidos con prendas de uso privativo de las Fuerzas Militares. Estas imágenes no solo buscaban confirmar que la víctima seguía con vida, sino también aumentar la presión emocional sobre sus familiares mediante la simulación de una estructura armada real.

Nueve meses de investigación para desmontar la red

El seguimiento a esta organización se extendió durante nueve meses, tiempo en el que las autoridades lograron reconstruir su funcionamiento interno, identificar a sus integrantes y ubicar a su cabecilla. El proceso investigativo permitió evidenciar que los capturados utilizaban nombres como “Frente Carlos Patiño” y “Frente Isaías Pardo” para legitimar su accionar delictivo ante las víctimas.

Además de la suplantación, los implicados utilizaban indumentaria militar y recreaban supuestos campamentos, fortaleciendo así la narrativa de pertenencia a grupos armados y consolidando un mecanismo de intimidación altamente efectivo.

Impacto directo sobre la estructura criminal

La desarticulación de “Los Stone” representa una afectación significativa a su capacidad operativa, logística y financiera. Las capturas y la incautación de elementos utilizados en los delitos interrumpen un esquema que venía generando ingresos constantes a través del secuestro y la extorsión.

Este resultado también deja en evidencia una modalidad criminal que combina engaño, manipulación psicológica y uso indebido de símbolos asociados a organizaciones armadas, lo que aumenta el nivel de riesgo para la población.

Operaban en al menos cinco municipios de Cundinamarca bajo un esquema de engaño y presión psicológica.

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