Los cultivos que alimentan buena parte de Bogotá podrían estar siendo irrigados con agua que no cumple las condiciones sanitarias exigidas para uso agropecuario. Un estudio de la Universidad Nacional de Colombia (UNAL) encontró que vertimientos domésticos e industriales en Funza y Mosquera (Cundinamarca) han elevado la presencia de bacterias asociadas con materia fecal y de metales pesados en afluentes conectados con el río Bogotá.
La investigación advierte que estas aguas llegan a sistemas como el distrito de riego La Ramada y a cuerpos como la laguna La Herrera, utilizados para el riego de hortalizas y para actividades pecuarias en una de las zonas agrícolas más importantes de la Sabana occidental, de donde provienen alimentos que se distribuyen a través de centrales mayoristas hacia la capital.
¿Qué encontró el estudio de la UNAL sobre el agua usada para riego en Funza y Mosquera?
La magíster Angie Vanessa Rojas Parra analizó 1.105 muestras recolectadas entre 2007 y 2022, provenientes de monitoreos de la UNAL y de entidades como la CAR. A estas muestras se les evaluaron 130 parámetros fisicoquímicos y microbiológicos para establecer si cumplían la normatividad exigida para uso agropecuario y calidad ambiental.
Uno de los hallazgos más relevantes fue que el 88 % de los puntos analizados presentaban menos de 4 mg/L de oxígeno disuelto, un indicador de que el agua no tiene capacidad para sostener vida acuática. Además, en zonas industriales se detectaron concentraciones de E. coli y coliformes totales que superaron hasta 1.000 veces los límites permitidos, así como presencia de hierro, manganeso y molibdeno por encima de los valores normativos. En temporada de lluvias, estas concentraciones pueden incrementarse hasta en un 25 %.
Según la investigadora, estos resultados evidencian una pérdida de capacidad de autodepuración del río y de los afluentes que terminan siendo usados para riego y otras actividades rurales, en un contexto en el que muchas viviendas del campo no cuentan con acceso a acueducto y dependen de estas fuentes.
El profesor Juan Carlos García Ubaque, del Departamento de Salud Pública de la UNAL, explicó que el contacto constante con estas aguas puede generar efectos diferentes en la población: mientras algunas personas desarrollan tolerancia a los contaminantes biológicos, quienes se exponen por primera vez pueden presentar afecciones gastrointestinales. En cuanto a los contaminantes químicos, sus efectos son acumulativos y pueden manifestarse años después.
Los expertos señalan que una de las medidas estructurales necesarias es separar las aguas lluvias de las residuales para que estas últimas reciban tratamiento antes de ser vertidas al río. También recomiendan, como medida doméstica, el lavado adecuado de verduras con agua y una pequeña cantidad de cloro, seguido de enjuague abundante.
El estudio también relaciona esta situación con el crecimiento urbano acelerado en la región Madrid–Funza–Mosquera, que en menos de dos décadas transformó suelos rurales en áreas urbanas sin que los planes básicos de ordenamiento territorial se actualizaran al mismo ritmo, aumentando la presión sobre el recurso hídrico disponible.
Han elevado la presencia de bacterias asociadas con materia fecal y de metales pesados en afluentes
conectados con el río Bogotá.













