Pericles Carnaval: prende la fiesta en Pasto y se toma Tausa con un renacer que mueve multitudes

La figura de Pericles crece en dos extremos del país: en Pasto abre el Carnaval y en Tausa lidera una tradición que reúne comparsas, familias y memoria popular.

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Pericles Carnaval. Fotos: Alcaldías de Pasto (Nariño) y Tausa (Cundinamarca), respectivamente.
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Cada 4 de enero, cuando el calendario señala que el Carnaval está por comenzar, Pericles Carnavalvuelve a ocupar el centro de la escena pública en Pasto. No llega como un actor improvisado ni como un adorno folclórico: su aparición cumple una función precisa dentro del relato colectivo. Es él quien declara que el tiempo cotidiano queda en suspenso y que la ciudad entra, formalmente, en el tiempo de la celebración.

Su presencia marca el arranque del Desfile de la Familia Castañeda, una de las jornadas más narrativas del calendario carnavalero, donde el humor, la sátira y la memoria popular se cruzan en un mismo recorrido. En ese punto exacto, la palabra pronunciada por Pericles no es un gesto vacío: es un acto simbólico que autoriza la fiesta y convoca a la participación colectiva.

Vestido con atuendos tradicionales, sombrero y una gestualidad deliberadamente teatral, Pericles se dirige al público con arengas cargadas de ironía y sentido cultural. Su discurso expulsa la rutina, desplaza la solemnidad y abre paso a un lenguaje distinto, donde la risa, el juego y la crítica social encuentran un lugar legítimo. En términos simbólicos, actúa como mediador entre la vida ordinaria y el tiempo festivo, encarnando el tránsito hacia una experiencia compartida.

Investigaciones culturales y registros documentales sitúan su origen en ámbitos estudiantiles de la década de 1920, con una incorporación progresiva al carnaval durante los años treinta. Desde entonces, el personaje ha evolucionado en estética y representación, adaptándose a los cambios sociales sin perder su función esencial como anunciador del espíritu carnavalero. Hoy, Pericles resulta inseparable de la identidad simbólica del Carnaval de Negros y Blancos, una manifestación reconocida internacionalmente por su valor cultural y social.

Tausa y el Renacer de Pericles: una tradición que se sostiene desde la comunidad

A cientos de kilómetros de distancia, en el norte de Cundinamarca, Tausa ha construido una relación propia con ‘Pericles Carnaval’. Desde hace más de cinco décadas, el personaje ocupa un lugar central en las ferias y fiestas, también de enero, con rituales como el Renacer de Pericles, la lectura del bando y el desfile acompañado de comparsas, música y expresiones artísticas locales.

En este contexto, Pericles adquiere un carácter marcadamente comunitario. Su recorrido convoca a instituciones educativas, colectivos culturales, organizaciones sociales y familias enteras, consolidando la fiesta como un espacio de encuentro intergeneracional. Más que un espectáculo, se trata de una práctica social donde la participación define el sentido de la celebración.

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A diferencia del escenario urbano y patrimonial de Pasto, en Tausa el personaje se integra a una narrativa local que refuerza el sentido de pertenencia y la continuidad de la tradición. La memoria oral y los documentos municipales coinciden en reconocer a Pericles Carnaval como una de las expresiones culturales más representativas del municipio, al nivel de otras manifestaciones que estructuran su calendario festivo anual.

Dos territorios, un mismo lenguaje simbólico

Aunque no existe evidencia documental que establezca un origen común entre el Pericles de Pasto y el Pericles de Tausa, ambos comparten rasgos estructurales que permiten una lectura comparada:

  • Figura de apertura: en ambos territorios, Pericles anuncia que la fiesta comienza.
  • Personaje performativo: no es un objeto ni una fecha, sino un rol que se encarna y se interpreta.
  • Relación con el bando y la palabra pública: su voz convoca, autoriza y celebra.
  • Anclaje comunitario: su vigencia depende de la participación colectiva.

En Pasto, Pericles dialoga con la tradición de la Familia Castañeda y el universo simbólico del carnaval; en Tausa, con las ferias municipales y la memoria popular cundinamarquesa. Son expresiones distintas, arraigadas en contextos culturales propios, pero conectadas por una misma lógica: la fiesta como acto que reafirma el territorio y fortalece los vínculos sociales.

Un personaje en diferentes regiones del país desde la cultura popular

La presencia de Pericles Carnaval en regiones tan diversas revela la capacidad de la cultura popular colombiana para crear figuras que, sin perder su identidad local, dialogan con significados compartidos: la ruptura de la rutina, la celebración de la vida y la construcción de lo colectivo.

Mientras en enero el sur del país se pinta de negros y blancos y el altiplano cundinamarqués se llena de comparsas y música, Pericles vuelve a escena para recordar que la fiesta no es solo entretenimiento. Es relato público, memoria viva y un ejercicio de comunidad que se renueva cada año, allí donde la palabra, el disfraz y la calle se convierten en escenario común.

Pericles se convirtió en un símbolo que conecta al sur y al centro del país a través de la fiesta y la palabra pública.