La noche del Viernes Santo, 3 de abril, no fue una más en la vía Zipaquirá–Ubaté. El peaje Casablanca, escenario habitual de tránsito y rutina, se transformó en un punto de encuentro marcado por el silencio, las lágrimas y la memoria. Allí, decenas de personas —entre familiares, conductores y ciudadanos— se reunieron para rendir homenaje a las víctimas del accidente ocurrido el pasado 1 de abril de 2026, una tragedia que dejó dolorosa huella en Cundinamarca y encendió alertas en todo el país.
El siniestro se registró cuando una tractomula, presuntamente sin frenos, embistió varios vehículos que se encontraban detenidos en el peaje. La colisión provocó una explosión seguida de un incendio de gran magnitud, generando una escena de caos que terminó con al menos cinco personas fallecidas y más de veinte heridas.
La emergencia ocurrió en uno de los momentos de mayor movilidad del año: la Semana Santa. Este factor no solo incrementó el número de vehículos involucrados, sino que elevó la gravedad del hecho y su repercusión a nivel nacional.
Velas y un gesto que marcó la noche
Dos días después del accidente, el mismo lugar volvió a llenarse de personas, pero esta vez no por el tráfico, sino por la necesidad de recordar. La velatón encendida en el peaje Casablanca reunió a una comunidad golpeada que encontró en las velas, las flores y los mensajes escritos una forma de expresar duelo y solidaridad.
Uno de los momentos más simbólicos de la jornada se vivió cuando, de manera temporal, se levantaron las talanqueras del peaje. El gesto, sencillo pero contundente, fue interpretado como un acto de respeto hacia las víctimas y un mensaje silencioso frente a lo ocurrido.
El ambiente estuvo marcado por el recogimiento. No hubo discursos extensos, pero sí una presencia masiva que reflejó el impacto emocional que dejó la tragedia.
Más allá del duelo: crece la presión por cambios en las vías
El homenaje no se quedó en la memoria. También se convirtió en un espacio para cuestionar lo ocurrido y exigir respuestas. Entre los asistentes y en el debate público que ha seguido al accidente, se han reiterado varios puntos críticos:
- La necesidad de controles más estrictos sobre el estado mecánico de vehículos de carga
- La reducción de velocidad en zonas de alto riesgo
- La revisión de la ubicación del peaje Casablanca, incluso planteando su traslado o retiro
- La intervención urgente en puntos considerados críticos dentro de la infraestructura vial
Esta tragedia vuelve a mostrar, de forma muy cruda, cómo estarían funcionando varios corredores viales del país, especialmente en temporadas de alta movilidad, cuando miles de personas salen a carretera con la esperanza de llegar bien a casa.
Investigación en curso y un país que exige respuestas
Mientras las autoridades avanzan en la investigación para determinar con precisión las causas del accidente, las familias de las víctimas reciben acompañamiento institucional en medio del proceso de duelo.
Sin embargo, más allá de las conclusiones técnicas que puedan surgir, lo ocurrido en Casablanca ya dejó una señal clara: la seguridad vial sigue siendo una deuda pendiente.
La escena de velas encendidas en plena carretera, en uno de los días más significativos del calendario religioso, se convierte en una imagen que interpela al país. Una imagen que no solo recuerda lo sucedido, sino que advierte sobre lo que podría repetirse si no se toman decisiones de fondo.
Crece la exigencia ciudadana por controles más estrictos, cambios en el peaje y mejoras en la infraestructura vial.












