Una fotografía tomada en el desierto de Dubái terminó con un mensaje de identidad local. Ana María, usuaria de TikTok y oriunda de Zipaquirá (Cundinamarca), publicó una imagen junto a su pareja en la que aclaró que es de Zipaquirá, pero no la asociada internacionalmente con la Catedral de Sal y el turismo colonial, sino del barrio San Miguel.
El mensaje, más que una ubicación geográfica, fue una declaración de pertenencia. En su texto reivindicó a un sector que (según sus propias palabras) suele ser señalado y juzgado sin conocimiento. Su publicación comenzó a circular y a generar reacciones, principalmente por el tono de orgullo hacia sus raíces.
En su publicación, Ana María describió a San Miguel como un lugar de trabajadores disciplinados, profesionales en formación, madres y padres esforzados y jóvenes con talento. Afirmó que allí no solo se vive, sino que se comparte, se aprende y se crece.
Su mensaje insistió en la idea de comunidad y cercanía, resaltando la “calidez humana” como sello del sector. Cerró con una invitación a “descubrir San Miguel”, acompañada de una expresión afectuosa hacia su barrio.
¿Por qué la publicación llamó la atención en redes?
La referencia a Dubái (uno de los destinos turísticos más reconocidos del mundo) contrastó con la reivindicación de un barrio popular de Zipaquirá. Ese contraste fue el punto que captó la atención de usuarios, quienes compartieron y comentaron la publicación.
Más allá del destino internacional, el foco del mensaje estuvo en resignificar la identidad barrial. No se trató de promover un lugar turístico, sino de destacar el valor social de una comunidad frecuentemente estigmatizada.
¿Qué representa San Miguel dentro de Zipaquirá?
Zipaquirá es ampliamente conocida por la Catedral de Sal, uno de los principales atractivos turísticos del país. Sin embargo, la ciudad también está compuesta por barrios tradicionales que construyen su identidad desde lo cotidiano.
San Miguel es uno de esos sectores residenciales donde la vida transcurre lejos de los circuitos turísticos. La publicación puso el reflector sobre esa otra cara de la ciudad: la de los vecinos, las familias trabajadoras y las dinámicas comunitarias.
El mensaje de Ana María se suma a esa corriente que busca desmontar etiquetas y recordar que la identidad no depende del prestigio externo, sino del sentido de pertenencia.
El mensaje, más que una ubicación geográfica,
fue una declaración de pertenencia.













