En plena temporada de Semana Santa, cuando millones de colombianos incluyen pescado en su dieta diaria, el Instituto Nacional de Vigilancia de Medicamentos y Alimentos (Invima) encendió las alertas frente a los riesgos sanitarios asociados a la compra, almacenamiento y preparación de estos productos.
El incremento en la demanda, impulsado por las tradiciones de esta época, abre la puerta a prácticas inadecuadas de comercialización y conservación que pueden derivar en enfermedades transmitidas por alimentos. El llamado de la autoridad sanitaria es directo: reforzar los controles desde el momento de la compra hasta su consumo final.
Cómo identificar un pescado fresco y evitar una mala compra
Uno de los puntos más sensibles está en la selección del producto. El Invima insistió en adquirir pescado únicamente en establecimientos autorizados, donde existan condiciones visibles de higiene y control sanitario.
Además, el producto debe mantenerse refrigerado o sobre una cama de hielo limpio. La temperatura, advierte la entidad, no es un detalle menor: es un factor determinante para evitar la descomposición y la proliferación de microorganismos.
Las señales de frescura son claras y verificables:
- Ojos brillantes y salientes.
- Piel húmeda y firme.
- Escamas bien adheridas.
- Olor suave, característico del mar o río.
En contraste, un olor fuerte, textura blanda o coloración opaca son indicios de deterioro y deben ser considerados como señales de alerta para descartar su compra.
El peligro invisible: fallas en la cadena de frío
Más allá de la compra, el mayor riesgo se concentra en lo que ocurre después. El Invima advirtió que romper la cadena de frío es uno de los errores más frecuentes y peligrosos durante esta temporada.
Transportar el pescado sin refrigeración, dejarlo expuesto a temperaturas ambiente o almacenarlo de forma incorrecta favorece la rápida proliferación de bacterias, aumentando el riesgo de intoxicaciones alimentarias.
Por ello, la recomendación es puntual:
- Transportarlo en el menor tiempo posible.
- Mantenerlo refrigerado si se consumirá pronto.
- Congelarlo de inmediato si no será preparado en el corto plazo.
Cada minuto fuera de condiciones adecuadas incrementa el riesgo sanitario.
En la cocina también hay riesgo: errores que pueden costar caro
El momento de la preparación es otro punto crítico. El Invima enfatizó que la manipulación inadecuada puede convertir un alimento seguro en un foco de contaminación.
Las medidas básicas no son opcionales:
- Lavado de manos antes y después de manipular alimentos.
- Uso de utensilios limpios.
- Separación estricta entre alimentos crudos y cocidos.
Además, el pescado debe cocinarse completamente, alcanzando temperaturas que eliminen posibles microorganismos. El consumo de pescado crudo solo es recomendable cuando existe certeza sobre su trazabilidad, manipulación y conservación.
Llamado a la ciudadanía: prevenir y reportar
La entidad reiteró que la prevención es una responsabilidad compartida. Por ello, invitó a la ciudadanía a reportar cualquier irregularidad sanitaria ante las autoridades competentes, especialmente en puntos de venta donde no se cumplan las condiciones mínimas de seguridad.
En un contexto de alto consumo, la vigilancia ciudadana se convierte en un componente adicional para proteger la salud pública.
Semana Santa bajo lupa sanitaria
La temporada no solo moviliza a millones de viajeros, también activa cadenas de producción y distribución de alimentos que requieren controles estrictos. En este escenario, el consumo de pescado, aunque tradicional, exige mayor atención.
El mensaje es claro: una compra informada, un adecuado manejo del producto y una preparación segura pueden marcar la diferencia entre una experiencia gastronómica saludable y una emergencia médica.

El Invima recomienda comprar solo en establecimientos autorizados y de confianza,
verificando condiciones de refrigeración.














