Bomberos de Chía: 54 años de una historia que comenzó en un garaje y se convirtió en símbolo de servicio y solidaridad

Fundados el 12 de octubre de 1972 por iniciativa del capitán Jorge Bolaños Márquez, los Bomberos Voluntarios de Chía pasaron de operar con recursos limitados a convertirse en una institución esencial para la atención de emergencias. Su trayectoria reúne solidaridad ciudadana, grandes desafíos y décadas de transformación.

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El capitán Jairo Alberto Garzón Nivia, al frente de integrantes del Cuerpo de Bomberos Voluntarios de Chía. La composición reúne imágenes de distintas épocas para recordar los 54 años de trayectoria de una institución nacida de la solidaridad ciudadana y dedicada a proteger la vida de los habitantes del municipio. Imágenes: Bomberos de Chía
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Lo que comenzó en el garaje de una vivienda, con un vehículo particular, herramientas limitadas y el compromiso de un grupo de ciudadanos, se convirtió con el paso de las décadas en una institución fundamental para la protección de la vida y la atención de emergencias en Chía. El Cuerpo de Bomberos Voluntarios del municipio cumplió este lunes festivo 12 de octubre 54 años de historia, una conmemoración que permite recordar sus orígenes, reconocer a quienes contribuyeron a su consolidación y examinar los desafíos que enfrenta actualmente.

Su fundación se remonta al 12 de octubre de 1972, cuando el capitán Jorge Bolaños Márquez promovió la creación de una organización que pudiera responder ante incendios y otras situaciones de riesgo. La iniciativa reunió el respaldo de más de 80 personas y familias, quienes aportaron recursos, tiempo y esfuerzos para establecer un servicio que, hasta entonces, no contaba con las condiciones organizativas y operativas necesarias.

La primera estación funcionó en el lugar de vivienda del propio fundador. Su garaje sirvió para guardar los elementos disponibles, organizar las actividades y coordinar la respuesta a las emergencias. En aquella época, la institución no tenía vehículos especializados ni instalaciones adecuadas, y su sostenimiento dependía principalmente de donaciones, contribuciones particulares y actividades comunitarias de recaudación.

Pese a esas limitaciones, el proyecto comenzó a consolidarse. En 1973, mediante la Resolución 3985 del Ministerio de Justicia, obtuvo personería jurídica como asociación cívica sin ánimo de lucro, reconocimiento que le permitió avanzar en su organización formal.

Dos años después, en 1975, la Administración Municipal entregó en comodato unos terrenos ubicados donde actualmente funciona el Coliseo La Luna, con el propósito de facilitar un espacio para el desarrollo de sus actividades. Aunque posteriormente los predios regresaron a manos del municipio, aquella decisión constituyó uno de los primeros pasos para dotar a los bomberos de una sede.

Una década de dificultades que puso en riesgo su continuidad

La historia institucional registra que durante los años ochenta el organismo atravesó una de sus etapas económicas más difíciles, debido a la disminución del apoyo de las administraciones municipales.

Las limitaciones fueron tan profundas que el comandante de entonces debió asumir buena parte de los gastos de funcionamiento para mantener la prestación del servicio. En ese periodo, la continuidad de las operaciones estuvo estrechamente relacionada con el compromiso de sus integrantes y la colaboración de personas que respaldaban la labor bomberil.

El panorama comenzó a cambiar en 1990, año que marcó una etapa de recuperación administrativa y fortalecimiento operativo.

Gracias a las gestiones de Pedro de Narváez y del entonces alcalde Jorge Sánchez Quintero, se consiguió una máquina de bomberos que permitió mejorar las condiciones de respuesta a los incendios.

La reorganización institucional también contó con la participación de María Santos Tinjaca Torres, Carlos Ernesto Rubio, Jairo Alberto Garzón, Freddy William Sánchez Mayork y Jorge Orlando Gaitán, identificados por la entidad entre las personas que contribuyeron a su recuperación.

Uno de los avances más importantes de esta etapa fue la aprobación de un acuerdo municipal que destinó un porcentaje del recaudo del impuesto de Industria y Comercio al sostenimiento del servicio bomberil.

Esta medida permitió fortalecer la financiación y avanzar hacia una operación permanente durante las 24 horas, con personal preparado y mayores garantías para cumplir las responsabilidades laborales, administrativas y operativas.

La construcción de una estación propia: un paso decisivo

El crecimiento institucional también hizo evidente la necesidad de disponer de instalaciones adecuadas para almacenar vehículos, organizar equipos, capacitar al personal y coordinar las emergencias.

En ese proceso resultó fundamental el aporte de Juanita Koop de Sáenz, quien cedió al municipio los terrenos donde posteriormente se construyó la estación ubicada en la vereda Bojacá, sector Tres Esquinas, sobre la avenida Paseo de los Zipas.

Los predios fueron entregados en comodato por la Administración Municipal al Cuerpo de Bomberos, mientras avanzaba la planeación y construcción de la infraestructura.

Durante más de cuatro años, la institución funcionó provisionalmente en un inmueble ubicado en la calle 11 con carrera 9, facilitado por Genaro Sánchez.

La construcción de la estación de Tres Esquinas se desarrolló con recursos propios del organismo y apoyo departamental. Su puesta en funcionamiento representó un avance en las condiciones de trabajo del personal, al proporcionar espacios destinados a las operaciones y al resguardo de la maquinaria.

El traslado también simbolizó la consolidación de un proyecto que había comenzado en una vivienda particular y que, después de numerosos esfuerzos comunitarios e institucionales, conseguía una infraestructura destinada específicamente a la atención de emergencias.

La modernización del servicio y la llegada de nuevos vehículos

Durante la primera década del siglo XXI, los Bomberos Voluntarios de Chía experimentaron una transformación importante en su capacidad operativa.

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El capitán Jairo Alberto Garzón Nivia, referente del Cuerpo de Bomberos Voluntarios de Chía, en una imagen que resalta su trayectoria y liderazgo al servicio de la atención de emergencias en el municipio.

En 2002, bajo el liderazgo del capitán Jairo Alberto Garzón Nivia y con gestiones del entonces alcalde Marcos Parra Forero, la institución recibió una máquina de bomberos donada por el Gobierno de Japón.

La renovación del parque automotor continuó en 2004 con la adquisición de una máquina Chevrolet C70 y, dos años después, con la incorporación de una camioneta de respuesta rápida.

En 2010, la Administración Municipal entregó un camión cisterna y dos ambulancias para transporte asistencial básico. Según los registros institucionales, este fortalecimiento permitió incorporar doce nuevas unidades de personal.

La ampliación del equipamiento respondió a una realidad cada vez más compleja. El crecimiento urbano de Chía, la expansión de sus actividades comerciales y residenciales, el aumento de la movilidad y la presencia de sectores rurales generaron nuevas exigencias para la atención de emergencias.

De esta manera, las funciones del organismo dejaron de concentrarse exclusivamente en el control de incendios y comenzaron a abarcar servicios de rescate, atención prehospitalaria y respuesta a situaciones que requieren equipos y conocimientos especializados.

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Las inundaciones de 2011 y el incendio de 2022, entre las emergencias más recordadas

Entre las situaciones que han puesto a prueba a los organismos de socorro de Chía sobresalen las graves inundaciones registradas durante la temporada invernal de 2011.

El desbordamiento del río Frío provocó afectaciones en diferentes sectores del municipio. Los reportes de abril de ese año documentaron más de 150 viviendas perjudicadas durante uno de los episodios de la emergencia, además de dificultades de movilidad y acumulación de agua en calles y conjuntos residenciales.

La magnitud de la situación evidenció limitaciones en los equipos disponibles para evacuar las aguas y dejó importantes lecciones sobre la necesidad de fortalecer la preparación frente a fenómenos hidrometeorológicos.

Por su participación en las labores de emergencia, los Bomberos de Chía recibieron un reconocimiento del Concejo Municipal mediante la Proposición 20 de 2011.

Once años después, el 7 de junio de 2022, la institución enfrentó otra jornada especialmente difícil cuando un incendio de grandes proporciones afectó el centro histórico de Chía.

La conflagración comprometió 15 establecimientos comerciales, entre ellos restaurantes, cafeterías, joyerías y papelerías. De acuerdo con el balance inicial divulgado por la Gobernación de Cundinamarca, nueve locales sufrieron pérdida total.

La emergencia requirió la intervención conjunta de los Bomberos Voluntarios de Chía, unidades de Zipaquirá y otros organismos de apoyo, entre ellos la Defensa Civil, la Policía Nacional y personal de Obras Públicas.

Durante las operaciones, el desplome de una estructura provocó lesiones a integrantes de los equipos de socorro. Cinco personas resultaron afectadas, entre ellas el comandante Jairo Alberto Garzón Nivia, quien requirió traslado médico.

El episodio puso de manifiesto los riesgos a los que se exponen los bomberos durante la atención de incendios estructurales, especialmente cuando las edificaciones han perdido estabilidad por efecto de las altas temperaturas y las llamas.

A estas situaciones se suman los incendios de cobertura vegetal, particularmente durante temporadas secas. En enero de 2024, por ejemplo, integrantes de Bomberos y Defensa Civil participaron en el control de una conflagración en inmediaciones del Hipódromo de Los Andes, durante las condiciones de sequía relacionadas con el fenómeno de El Niño.

Reconocimientos a décadas de trabajo institucional

El servicio prestado a la comunidad ha motivado diferentes distinciones a lo largo de la historia de los Bomberos de Chía.

En 2003, la Alcaldía Municipal les concedió la Orden Diosa Chía mediante la Resolución 1990, como reconocimiento a su trayectoria y contribución a la seguridad de los habitantes. En esa ocasión también fueron distinguidos Jairo Alberto Garzón Nivia y Alberto Campos Pinilla.

Posteriormente, en 2013, el Concejo Municipal exaltó la labor de la institución mediante la Resolución 64.

Ese mismo año, el 21 de septiembre, el capitán Garzón Nivia recibió la Orden de la Confederación Nacional de Bomberos de Colombia en grado de Gran Cruz, en reconocimiento a su trayectoria dentro del servicio bomberil.

Estos homenajes forman parte de una historia construida con la participación de comandantes, voluntarios, personal operativo, colaboradores y ciudadanos que han contribuido a mantener activa la organización durante más de cinco décadas.

Prevención, tecnología y protección del personal: los nuevos desafíos

La evolución del Cuerpo de Bomberos Voluntarios de Chía también ha estado relacionada con la incorporación de nuevas tecnologías para la prevención y atención de emergencias.

En enero de 2024, la Alcaldía informó sobre la utilización de drones con capacidades de observación y sensores térmicos para apoyar la vigilancia de los cerros orientales y occidentales, como parte de las estrategias destinadas a detectar oportunamente incendios forestales.

Asimismo, en julio de 2025, la Administración Municipal anunció la incorporación de un camión de bomberos tipo tanque dentro de una dotación de vehículos orientada al fortalecimiento de la gestión del riesgo.

En materia de dotación, la Administración Municipal publicó el 5 de octubre de 2026 el proceso de selección abreviada SASIE-006-2026, destinado a la adquisición de elementos de protección personal e insumos especializados para los Bomberos Voluntarios de Chía.

El proceso contempla un presupuesto de $415.747.395 y, a la fecha de esta publicación, se encuentra en trámite. Los recursos proyectados reflejan la importancia de contar con equipos adecuados para proteger a quienes participan en operaciones de alto riesgo.

Estas necesidades adquieren especial relevancia en un municipio que continúa creciendo y donde las emergencias pueden presentarse en zonas urbanas, corredores viales, establecimientos comerciales, sectores rurales y áreas de importancia ambiental.

Una historia que nació de la solidaridad y sigue vinculada al futuro de Chía

A sus 54 años de existencia, el Cuerpo de Bomberos Voluntarios de Chía conserva su naturaleza de asociación sin ánimo de lucro, aunque presta un servicio público esencial y desarrolla actividades que demandan preparación permanente, equipamiento especializado y recursos para garantizar la continuidad de sus operaciones.

La historia institucional reconoce que la financiación, la renovación tecnológica, el cumplimiento de las exigencias normativas y la necesidad de fortalecer alianzas constituyen desafíos para su funcionamiento y desarrollo.

Su aniversario también permite dimensionar la transformación de Chía a lo largo de más de medio siglo. El municipio que conocieron sus primeros bomberos ha cambiado considerablemente y, con él, las condiciones en las que deben prevenirse y atenderse los riesgos.

Desde los esfuerzos iniciales de Jorge Bolaños Márquez y las familias fundadoras hasta el trabajo de las generaciones que han contribuido a mantener el servicio, la institución ha construido una trayectoria ligada a la vida cotidiana y a los momentos más difíciles de la comunidad.

Lo que comenzó el 12 de octubre de 1972 en un garaje familiar logró convertirse en una organización que, 54 años después, continúa desempeñando un papel esencial en la protección de los habitantes de Chía.

Su historia representa un legado de solidaridad y compromiso ciudadano, pero también recuerda la importancia de mantener las condiciones necesarias para que los equipos de emergencia puedan cumplir su misión con seguridad, oportunidad y eficiencia.

En cada vehículo, en cada jornada de capacitación y en cada emergencia atendida permanece el propósito que dio origen a la institución: proteger la vida de quienes necesitan ayuda cuando el tiempo y la capacidad de respuesta resultan decisivos.

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En la imagen aparecen tres de los cofundadores de los Bomberos de Chía. De izquierda a derecha: Paúl Barbosa, el capitán Jorge Bolaños Márquez, fundador e impulsor de la creación de la institución, y Jairo Alberto Garzón Nivia, actual comandante del Cuerpo de Bomberos Voluntarios de Chía, en una fotografía de 1972. A la derecha de la composición se observa además el primer vehículo de bomberos al servicio del municipio, que era de propiedad del entonces primer comandante, Bolaños Márquez. Fotos: Archivo de Bomberos de Chía.

Lo que comenzó con un vehículo particular y herramientas limitadas se transformó en una organización que lleva más de cinco décadas al servicio de la vida