39 años entre calles, tuberías y recuerdos: la historia de Vidal Triviño en Empresas Públicas de Zipaquirá

Vidal Triviño Cortés ingresó como fontanero en 1987, cuando la empresa de servicios públicos apenas comenzaba su recorrido. Casi cuatro décadas después, se despide con una historia marcada por el trabajo, la familia y una ciudad que cambió junto a él.

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El 16 de marzo de 1987, Vidal Triviño Cortés llegó a trabajar como fontanero en el área de alcantarillado de una empresa que apenas comenzaba a abrirse camino en Zipaquirá.

La entonces Empresa de Acueducto, Alcantarillado y Aseo de Zipaquirá (EAAAZ) era reciente en su conformación. También lo eran muchas de sus rutinas, sus recursos y su forma de operar. No había teléfonos celulares ni vehículos disponibles para cada desplazamiento. Buena parte del trabajo se resolvía caminando, con herramientas al hombro y con radios o radioteléfonos como único enlace entre los equipos.

Para Vidal Triviño Cortés, aquel ingreso significaba algo concreto: tener un empleo estable y trabajar al servicio del municipio.

No sabía entonces que ese primer día se convertiría en el comienzo de una historia de 39 años.

Cuando los recorridos se hacían a pie

En aquellos primeros años, la jornada podía empezar con una instrucción sencilla y terminar varias calles más adelante, después de caminar hasta el punto donde era necesario revisar una red o atender una novedad.

El oficio exigía presencia en terreno. Había que desplazarse, observar, intervenir y resolver con los medios disponibles.

Después llegaron las motocicletas. Más tarde, los vehículos. Las comunicaciones también cambiaron y los equipos de trabajo comenzaron a contar con mayores apoyos.

Vidal vio pasar esas transformaciones sin abandonar el oficio con el que había empezado.

Mientras la infraestructura avanzaba, él aprendía a conocer el municipio desde otra perspectiva: la de quien recorre sus calles siguiendo tuberías, alcantarillas, conexiones y problemas que para la mayoría de los habitantes permanecen bajo tierra.

Una familia que creció al ritmo de los años

Mientras cumplía jornadas y acumulaba experiencia, en casa también transcurría el tiempo.

El salario que recibía le permitió sacar adelante a sus dos hijas, acompañarlas en la primaria, el bachillerato y parte de su formación técnica.

Con los años pudo construir patrimonio, adquirir bienes y reservar espacio para otros recuerdos: paseos familiares, encuentros con compañeros y reuniones que hoy forman parte de una etapa que está llegando a su cierre.

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Para Triviño Cortés, la estabilidad laboral no se mide solamente en años de permanencia. También está en lo que pudo hacer con ellos.

En las oportunidades que tuvieron sus hijas. En lo que logró construir. En los momentos que pudo compartir.

Los compañeros, las jornadas y lo que queda

Después de casi cuatro décadas, los recuerdos no están únicamente asociados a las labores de alcantarillado.

También aparecen nombres, conversaciones y rostros.

Vidal agradece a quienes hicieron parte de su recorrido, entre ellos ingenieros, personal administrativo y compañeros con los que compartió distintas épocas dentro de la entidad.

Reconoce además el respaldo del gerente Francisco León durante su etapa final.

Al hablar de quienes continúan trabajando, su recomendación es directa: cumplir con responsabilidad, actuar con honestidad y mantener el compromiso con la labor asignada.

No lo plantea como una fórmula. Lo dice desde la experiencia de quien pasó una parte considerable de su vida en el mismo lugar.

El día en que la rutina cambia

Ahora la jornada es otra.

Ya no habrá que esperar una instrucción para salir a una calle, atender una red o trasladarse hasta algún punto del municipio.

Después de 39 años, Triviño Cortés comienza a despedirse de una rutina que conoció casi de memoria.

Su atención está ahora en el proceso de pensión y en una aspiración mucho más sencilla: que lleguen años de tranquilidad y, sobre todo, de salud.

Entre aquel marzo de 1987 y este momento quedaron las caminatas, los radios, las primeras motocicletas, los vehículos que llegaron después, las hijas que crecieron y una ciudad que también cambió.

Vidal ingresó cuando la empresa apenas comenzaba su recorrido.

Hoy se retira después de haber visto pasar buena parte de esa transformación desde un lugar poco visible, pero esencial: las calles, las redes y el trabajo cotidiano que durante casi cuatro décadas formaron parte de su vida.

Cuando mira hacia atrás, no habla de grandes gestos.

Habla de trabajo, familia, compañeros y gratitud.

Y quizá ahí está la dimensión más humana de su historia: en haber llegado un día de marzo de 1987 para ocupar un puesto de fontanero y marcharse, 39 años después, con buena parte de su vida ligada para siempre a Zipaquirá.

Durante sus primeros años, muchas jornadas exigían desplazamientos a pie y trabajo directo sobre las redes de alcantarillado.