Canecas para mejorar la limpieza en Zipaquirá: más que colocarlas, un reto de cultura ciudadana

La instalación avanza en zonas de alta circulación, pero el uso indebido podría generar focos de contaminación y obligaría a replantear su ubicación.

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Un trabajador de EPZ instala una caneca para residuos de bolsillo, como papeles y envolturas. Foto/EPZ.
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La instalación y renovación de canecas en puntos estratégicos del municipio avanza como una respuesta directa a solicitudes ciudadanas y a la necesidad de mantener entornos limpios, especialmente en sectores de alta circulación.

La intervención, liderada por Empresas Públicas de Zipaquirá (EPZ) en articulación con la Alcaldía Municipal, se concentra en el centro histórico, zonas comerciales y espacios de alta actividad. Se trata de lugares donde la dinámica diaria exige soluciones visibles, pero también comportamientos coherentes por parte de quienes transitan y habitan la ciudad.

Sin embargo, el proceso ha dejado en evidencia una situación que no pasa desapercibida: mientras en algunos sectores la comunidad pide más canecas, en otros su retiro ha sido necesario. La razón es directa: el uso inadecuado las convierte en focos de contaminación, desbordando su propósito inicial y afectando el entorno.

El problema no es la caneca, es el uso que se le da

Tras la evaluación técnica de cada caso, EPZ definió ubicaciones que permiten optimizar el funcionamiento de estos elementos y ejercer mayor control sobre su uso. Las canecas instaladas están diseñadas exclusivamente para residuos de bolsillo, como papeles y envolturas.

No están destinadas para residuos domiciliarios, desechos voluminosos ni excretas de mascotas. Su diseño limita su capacidad precisamente para evitar que se conviertan en puntos de acumulación descontrolada. Son herramientas para mantener el orden, no sustitutos del sistema de recolección de basura.

Cuando esta finalidad se desconoce, el efecto es inmediato: dejan de ser una solución y se transforman en un problema visible. La disposición incorrecta de residuos genera puntos críticos de contaminación que deterioran la imagen urbana, afectan el ambiente y tensan la convivencia.

Cada bolsa abandonada y cada residuo fuera de lugar no solo altera el paisaje: evidencia una ruptura en la relación entre ciudadanía y espacio público.

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Una ciudad limpia no depende solo de instalar canecas

El llamado es directo y sin matices: usar correctamente las canecas, no vandalizarlas y respetar su propósito. Cuidarlas es asumir una responsabilidad compartida sobre lo que es de todos.

En paralelo, Empresas Públicas de Zipaquirá, con el apoyo de gestores ambientales, adelanta jornadas de sensibilización en comercios, conjuntos residenciales y distintos sectores del municipio. Estas acciones buscan orientar a la ciudadanía sobre el uso adecuado de las canecas peatonales, la correcta disposición de residuos y el cumplimiento de los horarios de recolección.

No obstante, la experiencia en territorio ha sido clara: ninguna estrategia institucional logra sostenerse sin corresponsabilidad ciudadana.

El verdadero cambio empieza en la conducta diaria

La limpieza de Zipaquirá no depende únicamente de la instalación de canecas ni de la frecuencia de recolección. Depende, sobre todo, de la conducta cotidiana de quienes usan el espacio público.

El reto es evidente: transformar hábitos, entender los límites de cada herramienta y asumir que el orden urbano no se impone, se construye colectivamente.

Porque al final, una caneca bien utilizada no solo contiene residuos: refleja el nivel de compromiso de toda una ciudad.

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Trabajadores de EPZ en la instalación de canecas para residuos de bolsillo, como papeles y envolturas. Foto/EPZ.

No son para basura domiciliaria: solo deben recibir
residuos pequeños como papeles y envolturas.

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