La posibilidad de que el fenómeno climático El Niño vuelva a afectar a Colombia hacia finales de 2026 y comienzos de 2027 comenzó a encender alertas en los organismos de control del país.
Ante ese escenario, la Procuraduría General de la Nación (PGN) activó un seguimiento preventivo y solicitó al Instituto de Hidrología, Meteorología y Estudios Ambientales (Ideam) un pronunciamiento técnico que permita establecer si existen probabilidades de que este evento climático vuelva a presentarse en el territorio nacional.
El requerimiento busca anticipar posibles riesgos asociados a uno de los fenómenos climáticos más influyentes del planeta, conocido por alterar los patrones de lluvia y temperatura en amplias regiones de América Latina.
Alertas internacionales sobre cambios climáticos
La solicitud del Ministerio Público se fundamenta en análisis y proyecciones difundidos por la National Oceanic and Atmospheric Administration (NOAA) de Estados Unidos, así como por otras agencias meteorológicas de referencia internacional.
Estas entidades han advertido sobre variaciones en las condiciones oceánicas y atmosféricas que podrían favorecer el desarrollo de nuevos episodios del fenómeno durante los próximos años.
Aunque todavía no existe una confirmación oficial sobre su evolución futura, los modelos climáticos que monitorean el comportamiento del océano Pacífico mantienen bajo observación la posible transición hacia un nuevo ciclo de calentamiento en esa región, fenómeno que suele tener efectos directos sobre el clima colombiano.
La preocupación: impactos mayores que los de 2023 y 2024
Dentro del requerimiento enviado al Ideam, la Procuraduría también solicitó evaluar si, en caso de presentarse nuevamente El Niño, sus efectos podrían superar la intensidad registrada entre 2023 y 2024, periodo durante el cual varias regiones del país enfrentaron fuertes sequías, reducción en los niveles de embalses, aumento del riesgo de incendios forestales y presión sobre los sistemas de abastecimiento de agua.
Durante ese episodio reciente, municipios de diferentes departamentos reportaron disminución en los caudales de ríos, afectaciones en cultivos agrícolas, impactos sobre la producción pecuaria y dificultades en la generación de energía hidroeléctrica, uno de los pilares del sistema energético colombiano.
Riesgos para el agua, los alimentos y la energía
El seguimiento de la Procuraduría busca anticipar escenarios que puedan afectar sectores estratégicos para el país, entre ellos la seguridad alimentaria, el acceso al agua y la estabilidad energética.
Un evento climático de estas características puede generar periodos prolongados de altas temperaturas y reducción de lluvias, lo que incrementa la presión sobre los embalses que abastecen a ciudades y zonas rurales, compromete los ciclos de producción agrícola y eleva el riesgo de incendios forestales en diferentes ecosistemas.
Además, la disminución de caudales en ríos y represas puede afectar la generación de energía hidroeléctrica, lo que obliga a reforzar estrategias de gestión energética y planificación del recurso hídrico.
Preparación institucional ante posibles escenarios
La solicitud del organismo de control también busca fortalecer los mecanismos de prevención, monitoreo y respuesta institucional frente a fenómenos climáticos extremos.
Contar con información científica actualizada permitirá a las autoridades ambientales, a los sistemas de gestión del riesgo y a los gobiernos territoriales planificar medidas de adaptación que reduzcan el impacto sobre las comunidades, especialmente en regiones donde el acceso al agua y la producción agrícola dependen directamente del comportamiento del clima.
En ese sentido, el pronunciamiento del Ideam será determinante para establecer el nivel de riesgo y orientar las decisiones de planificación que permitan mitigar los efectos de un eventual episodio de El Niño en el país.
Un fenómeno que afecta a todo el territorio
De confirmarse condiciones favorables para su desarrollo, el fenómeno podría generar alteraciones climáticas en amplias zonas de Colombia, desde regiones andinas hasta áreas del Caribe y la Orinoquía.
Los especialistas advierten que estos eventos suelen provocar sequías prolongadas, incremento de temperaturas y presión sobre los recursos naturales, factores que pueden impactar tanto a grandes ciudades como a comunidades rurales.
Por esa razón, el monitoreo científico y la anticipación institucional se convierten en herramientas fundamentales para enfrentar los desafíos que plantea el comportamiento cada vez más variable del clima en el país.
El requerimiento se basa en proyecciones de la NOAA y agencias meteorológicas de referencia mundial.














