Lo que durante años pareció un expediente detenido finalmente tomó rumbo. La Corporación Autónoma Regional de Cundinamarca (CAR) anunció la modificación de la licencia ambiental de la Avenida Longitudinal de Occidente (ALO) en un tramo de 9,5 kilómetros, comprendido entre el estribo norte del puente sobre el río Bogotá y la intersección con la Calle 13, un segmento que impacta la movilidad de millones de habitantes y conductores del occidente de la capital.
La actualización del permiso ambiental reactiva un corredor que llevaba décadas condicionado por discusiones jurídicas, técnicas y administrativas, y lo hace bajo un nuevo plan de manejo, una zonificación ambiental revisada y un sistema de seguimiento más estricto para garantizar el control de cada intervención.
Una licencia que ha evolucionado durante más de veinte años
La ALO recibió su licencia ambiental inicial en 1999 y ese mismo año fue objeto de una modificación por parte del Ministerio del Medio Ambiente. Más de veinte años después, en julio de 2025, la CAR expidió la Resolución 50257000458, con ajustes que generaron nuevas revisiones.
En agosto, la sociedad ALO Sur SAS interpuso un recurso de reposición, lo que abrió una etapa probatoria para analizar de fondo los argumentos técnicos del concesionario. Tras este proceso, la decisión final llegó al cierre de 2025, marcando una nueva hoja de ruta para uno de los corredores más esperados por Bogotá y su región metropolitana.
Obras autorizadas: una vía renovada y con exigencias ambientales más altas
La resolución de la CAR definió las obras permitidas dentro del proyecto, entre ellas:
- Construcción de un nuevo eje vial de dos carriles.
- Rehabilitación del tramo existente entre el puente sobre el río Bogotá y la Calle 13.
- Instalación de puentes vehiculares sobre los canales Castilla, Magdalena y Alsacia.
- Implementación de sistemas de drenaje y una alameda peatonal con ciclorruta.
- Compensaciones ambientales que incluyen la recuperación ecológica de más de 80 hectáreas, la plantación de 10.700 árboles nativos y la siembra de especies retenedoras de agua.
Estas medidas buscan equilibrar el impacto de la obra con acciones verificables de restauración y conservación.
Una decisión sustentada en rigor técnico y responsabilidad ambiental
El director de la CAR, Alfred Ignacio Ballesteros Alarcón, aseguró que la decisión fue producto de una evaluación minuciosa. Señaló que el crecimiento demográfico de Bogotá exige soluciones reales de movilidad, pero bajo un enfoque que no sacrifica los ecosistemas estratégicos ni la biodiversidad de la región.
“El número de habitantes crece, pero el espacio para moverse disminuye. Por eso es indispensable actuar con responsabilidad ambiental y social”, afirmó.
Ballesteros reiteró que el rol de la CAR es garantizar que cada obra cumpla los estándares de mitigación, restauración y conservación, y que la infraestructura avance sin vulnerar áreas sensibles como humedales y rondas hidráulicas.
La ALO se renueva en un momento crítico para la movilidad del occidente
La modificación de la licencia ambiental abre nuevamente el camino para un corredor que impacta directamente la carga, el transporte regional, los accesos a la ciudad y los tiempos de desplazamiento.
El occidente de Bogotá, uno de los sectores más congestionados, vuelve a poner su mirada en la ALO como una alternativa que podría redistribuir flujos y aliviar presiones urbanas acumuladas por años.
Más de 80 hectáreas serán restauradas y se sembrarán 10.700 árboles nativos.














