El Departamento de Policía de la Sabana adelanta jornadas de prevención y control en entornos educativos mediante la estrategia denominada “Plan Mochila”, una iniciativa orientada a reducir situaciones que puedan poner en riesgo la integridad y el bienestar de niños, niñas y adolescentes.
Las actividades se desarrollan mediante la articulación entre autoridades administrativas, comunidades educativas y la Policía Nacional, a través del Grupo de Protección a la Infancia y Adolescencia, con acciones dirigidas a prevenir la presencia, distribución o consumo de sustancias psicoactivas y otros elementos que puedan representar un riesgo dentro de los establecimientos educativos.
Entre los aspectos abordados durante estas jornadas se encuentran las sustancias psicoactivas, cigarrillos convencionales, cigarrillos electrónicos o vapeadores, armas blancas y elementos contundentes que puedan ser utilizados para causar lesiones o afectar la seguridad de estudiantes y demás integrantes de la comunidad educativa.
El propósito de la estrategia, según lo informado por las autoridades, es fortalecer ambientes escolares protectores y disminuir factores asociados con conductas delictivas, contravencionales o situaciones que puedan afectar la integridad física, psicológica y emocional de los menores de edad.
La prevención no debe limitarse a revisar una mochila
Aunque las jornadas de control pueden contribuir a identificar determinados riesgos, la prevención dentro de los colegios requiere un trabajo permanente entre familias, docentes, orientadores escolares, autoridades y estudiantes.
Una de las medidas más importantes es mantener canales de comunicación que permitan detectar cambios repentinos de comportamiento, dificultades de convivencia, posibles situaciones de intimidación, consumo de sustancias o acercamientos de terceros que pretendan involucrar a menores en actividades ilegales.
También resulta fundamental que los estudiantes conozcan a quién acudir cuando se sientan amenazados, presionados o inseguros, tanto dentro como fuera de las instituciones educativas.
Padres y cuidadores pueden contribuir hablando abiertamente sobre los riesgos relacionados con las drogas, el vapeo y el porte de elementos peligrosos, evitando que estas conversaciones aparezcan únicamente después de que se presenta un problema.
Vapeadores y sustancias psicoactivas: atención desde el hogar y el colegio
Los cigarrillos electrónicos se han convertido en un elemento que exige especial atención en las comunidades educativas. Su apariencia, tamaño y facilidad para ocultarlos pueden hacer más difícil su identificación por parte de adultos responsables.
Por esta razón, además de las acciones de vigilancia, resulta conveniente fortalecer los programas educativos relacionados con prevención del consumo, salud mental, resolución pacífica de conflictos y toma responsable de decisiones.
La respuesta frente a un estudiante que presente señales de consumo tampoco debería reducirse exclusivamente a la sanción. Cada situación requiere activar los protocolos institucionales correspondientes y determinar si el menor necesita acompañamiento familiar, orientación escolar o atención especializada.
¿Qué pueden hacer padres y cuidadores?
Las familias pueden reforzar la prevención con acciones cotidianas: conocer el entorno social de sus hijos, mantener comunicación frecuente con el colegio, prestar atención a modificaciones abruptas en sus rutinas y explicar con claridad las consecuencias que puede tener portar armas, consumir sustancias o participar en situaciones que pongan en peligro a otros estudiantes.
También es recomendable que cualquier hallazgo o comportamiento que represente un riesgo sea comunicado por los canales establecidos por la institución educativa o las autoridades competentes, evitando exposiciones públicas del menor, señalamientos en redes sociales o acusaciones sin verificar.
El acompañamiento temprano puede impedir que una situación inicialmente manejable avance hacia escenarios más complejos.
Entornos escolares seguros requieren corresponsabilidad
La protección de niños, niñas y adolescentes no depende únicamente de los controles realizados por la Policía. Instituciones educativas, familias, autoridades locales y estudiantes comparten responsabilidades en la construcción de ambientes donde sea posible estudiar y convivir sin amenazas, intimidaciones, drogas o elementos que puedan causar lesiones.
Las jornadas adelantadas por el Departamento de Policía de la Sabana buscan precisamente fortalecer esa labor preventiva en los establecimientos educativos y promover una mayor participación de toda la comunidad frente a los factores que pueden afectar la seguridad y el bienestar de los estudiantes.
Detectar un riesgo a tiempo, escuchar a un estudiante y activar adecuadamente las rutas de atención puede resultar tan importante como identificar un elemento prohibido dentro de una mochila.
La seguridad escolar no depende únicamente de los controles: escuchar, orientar y detectar señales de riesgo también
hace parte de la prevención.













